Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo III—Parte II

El concurso de trivia terminó con aplausos y abucheos mezclados.

Ian y Nox no ganaron.

Arrasaron.

El presentador apenas alcanzaba a formular las preguntas cuando Nox ya tenía el micrófono.

—¿Nombre real del villano conocido como Hush?

—Thomas Elliot.

—¿Primera aparición de Riddler?

—Detective Comics #140.

—¿Qué villano derrotó a Thor levantando Mjolnir sin ser digno?

—Nadie lo levanta sin ser digno —respondió Nox, seca—. Trick question.

El público murmuró.

Ian la miró, impresionado.

No con exageración.
Con respeto.

Cuando terminaron, varias personas los rodearon para felicitarlos. Ian respondió con naturalidad. Nox no.

Ella se apartó.

El ruido volvía a crecer.

Las luces del escenario la hacían sentir expuesta.

—¡Oye!

Era Ian.

—Van a anunciar el concurso de cosplay en el salón B. ¿Vienes?

—No vine disfrazada.

—Eso tiene solución.

Nox lo miró.

—No me interesa ser heroína.

—Mejor —dijo él—. Hay demasiadas.

Caminaron juntos hacia el salón B.

Ahí el ambiente era distinto.

Había mesas llenas de telas, maquillaje, pegamento caliente. Personas ajustando hombreras. Otros pintándose cicatrices frente a pequeños espejos.

Nox se detuvo.

Había algo magnético en ese lugar.

Nadie era quien parecía.

Una chica bajita se estaba colocando una peluca roja frente a un espejo portátil.
Un chico alto ajustaba unas alas negras gigantes.

Nox observaba en silencio.

—¿Nunca has hecho cosplay? —preguntó Ian.

—No.

—Es fácil. Solo eliges a alguien… y dejas de ser tú por unas horas.

Ella no respondió.

Pero esa frase se quedó suspendida.

Dejar de ser tú.

Ian señaló una mesa.

—Ahí rentan piezas básicas. Puedes armar algo sencillo.

Nox caminó hacia la mesa.

Había capas verdes, sombreros, máscaras, guantes, chalecos morados.

Sus dedos tocaron la tela.

Suave.

Ligera.

Una chica detrás del mostrador sonrió.

—¿Buscas algo en específico?

—Villano —respondió Nox.

—Siempre es más divertido.

La chica sacó una chaqueta verde ajustada.

—Tenemos esto. Y el sombrero va incluido.

Nox la sostuvo frente a su cuerpo.

No dijo nada.

—Pruébatelo —insistió Ian.

Ella dudó.

Luego tomó la prenda y caminó hacia los probadores improvisados.

Una cortina negra.
Un espejo apoyado contra la pared.

Se quitó la chaqueta que llevaba.

Se miró.

Moretón leve en el labio.
Ojeras suaves.
Expresión neutra.

Se puso la chaqueta verde.

Le quedaba casi perfecta.

Se colocó los guantes.

Luego el sombrero.

Finalmente, la máscara verde que había comprado más temprano.

Se miró.

No era Nox Tucker.

Era otra cosa.

Salió del probador.

Ian la miró unos segundos más de lo normal.

—Wow.

—No exageres.

—No exagero.

Nox caminó frente al espejo grande del salón.

Gente pasaba. Nadie la reconocía.

No había murmullos de colegio.
No había miradas de juicio.

Solo flashes de cámaras.

Una chica se acercó.

—¡Tu traje está increíble!

Nox parpadeó.

—Gracias.

—¿Competirás?

No respondió de inmediato.

Ian intervino:

—Claro que sí.

La chica sonrió y se fue.

Nox miró a Ian.

—No dije que…

—Ya lo hiciste —respondió él, señalando su reflejo.

Nox volvió a mirarse.

Era extraño.

La postura cambiaba sola.

La forma de caminar se ajustaba.

No era timidez.

Era control.

En ese momento alguien chocó suavemente con ella.

Una chica de cabello oscuro, maquillaje delicado y vestido negro elegante.

No era un traje llamativo.

Era sobrio.

Casi antiguo.

—Perdón —dijo la chica.

Nox la miró.

Había algo distinto en ella.

No sonreía por compromiso.

Miraba con detalle.

—No pasa nada.

La chica inclinó la cabeza.

—Buen traje.

—Gracias.

Silencio breve.

—Soy Paula Belc.

Nox sostuvo su mirada.

—¿Ariadna o Paula?

—Nox.

Ariadna observó su traje.

—Villana clásica. Elegante. Calculadora.

—No vine a ser heroína.

Ariadna sonrió apenas.

—Nadie interesante lo hace.

Ian regresó con dos botellas de agua.

—¿Interrumpo?

—No —respondió Ariadna—. Solo analizaba el concepto.

—Siempre analiza —dijo Ian.

—Es un mal hábito.

Nox la observaba.

Ariadna llevaba un vestido negro con detalles plateados. No representaba a un personaje específico. Era más bien una idea.

—¿De quién vienes disfrazada? —preguntó Nox.

Ariadna giró suavemente sobre sí misma.

—De nadie. Eso es lo divertido.

Nox entendió otra vez.

No ser nadie también era una forma de poder.

Anunciaron por altavoz:

—¡Participantes del concurso de cosplay, favor de dirigirse al backstage!

Ian miró a Nox.

—Es ahora.

Nox sintió el peso del sombrero.

No miedo.

Expectativa.

Ariadna dio un pequeño paso atrás.

—Vayan. Yo observaré.

—¿No compites? —preguntó Ian.

—Prefiero mirar.

Nox la miró un segundo más.

Había algo en sus ojos.

No tristeza.
No alegría.

Algo más oscuro.

Pero no era el momento de preguntar.

Caminaron hacia el backstage.

Había nervios.
Risas.
Personas practicando poses frente a cortinas negras.

Un organizador les dio números.

—Cuando escuchen su número, salen, posan y regresan. Sencillo.

Nox sostuvo el suyo.

Ian tenía el 16.

—Salimos juntos —dijo él.

Ella asintió.

Desde detrás de la cortina se escuchaba la música fuerte y los aplausos.

Uno por uno salían los concursantes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.