Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo III—Parte III

El concurso terminó oficialmente a las seis de la tarde.

La mayoría de los asistentes comenzaba a irse. Las capas desaparecían dentro de mochilas, las máscaras colgaban de muñecas sudadas, las pelucas eran retiradas con alivio.

Nox aún llevaba la chaqueta verde.

No quería quitársela.

Ian caminaba a su lado, hojeando el cómic que había comprado más temprano.

—Hay una firma de autores en el segundo piso —dijo él—. Pero está lleno.

—No me interesan las firmas.

—¿Qué te interesa?

Nox lo miró.

—Las cosas que no están en exhibición.

Ian sonrió levemente.

—Eso suena peligroso.

—No lo es.

Caminaron hacia una zona menos iluminada del recinto. Ahí estaban los stands independientes que empezaban a recoger mercancía. Un artista guardaba ilustraciones en tubos de cartón. Otro desmontaba figuras de resina.

El ruido bajaba poco a poco.

Se sentaron en el borde de una plataforma donde horas antes habían hecho una demostración de espadas falsas.

Nox se quitó el sombrero.

Su cabello cayó ligeramente sobre sus ojos.

Ian la observó un momento, sin decir nada.

—No pareces del tipo que viene a estos lugares —dijo él.

—¿Y tú sí?

—Yo sí parezco.

—Entonces finges mejor.

Ian soltó una risa corta.

—No finjo. Solo… aquí es más fácil hablar.

Nox no respondió de inmediato.

Miraba el suelo.

Luego dijo:

—Aquí nadie espera nada de ti.

—Exacto.

Silencio.

Un grupo pasó riendo detrás de ellos.

Nox giró levemente el rostro para asegurarse de que no la miraban. No la miraban.

Ian abrió el cómic y se lo extendió.

—Mira esta viñeta.

Ella se inclinó un poco hacia él.

La ilustración mostraba a Riddler enfrentando a Batman, pero no con violencia. Solo con una sonrisa leve y una pregunta escrita en el aire.

—Siempre pierde —dijo Nox.

—Sí.

—Pero nunca deja de intentarlo.

Ian la miró.

—Eso es lo que lo hace interesante.

Nox asintió.

—No el poder. La insistencia.

Un momento de silencio más largo.

Ian cerró el cómic.

—¿De qué escuela eres?

Nox tardó en responder.

— Saint Brigid.

Ian levantó las cejas.

—¿La privada pequeña en el centro?

—Sí.

—Tengo un primo ahí.

Nox no reaccionó.

—¿Te gusta?

—No.

—¿Por qué sigues ahí?

—Porque no me han echado.

Ian la miró con curiosidad.

—Eso no responde la pregunta.

—Es suficiente.

Ian no insistió.

Se levantó.

—Ven.

—¿A dónde?

—Hay una azotea accesible si subes por las escaleras de emergencia. Se ve toda la ciudad.

Nox lo miró.

No parecía una invitación peligrosa.

Parecía una propuesta simple.

Se levantó sin decir más.

Subieron por una escalera metálica. El ruido de la convención quedaba cada vez más abajo.

La puerta superior estaba entreabierta.

Salieron.

El aire era más frío.

Desde ahí se veía el pueblo entero. Calles pequeñas. Casas bajas. El campanario de la iglesia a lo lejos.

El cielo comenzaba a oscurecer.

Nox apoyó los codos en la barandilla.

Ian se colocó a su lado.

No demasiado cerca.

—Es pequeño —dijo él.

—Sí.

—A veces siento que me asfixia.

Nox lo miró.

—¿Y por qué no te vas?

—Porque todavía no puedo.

—Yo tampoco.

Silencio.

Un auto pasó por la calle principal, su sonido subiendo hasta ellos.

Ian habló de nuevo.

—¿Sabes? Siempre pensé que los villanos eran más honestos.

—¿Por qué?

—Porque no prometen salvar a nadie.

Nox sostuvo su mirada.

—Y no fallan en cumplirlo.

Ian sonrió apenas.

El viento movía ligeramente la chaqueta verde de Nox.

—¿Te quedará el traje? —preguntó él.

—Lo renté.

—Deberías comprar uno propio.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque entonces sería real.

Ian frunció ligeramente el ceño.

—¿Y eso es malo?

Nox miró la ciudad.

—Depende.

El cielo ya estaba oscuro del todo.

Las luces de la convención brillaban abajo.

Ian dio un pequeño paso más cerca.

—Me gustó competir contigo.

—No competimos. Ganamos.

—Exacto.

Nox sintió algo extraño en el pecho.

No era miedo.
No era incomodidad.

Era atención.

Ian no la miraba como los chicos del colegio.

No buscaba provocarla.
No la juzgaba.

La escuchaba.

—¿Vienes mañana también? —preguntó él.

—No lo sé.

—Yo sí.

Silencio.

—Podríamos ver el panel de antagonistas psicológicos.

Nox levantó una ceja.

—Dijiste que finges mejor aquí.

—Y tú que aquí nadie espera nada de ti.

Nox lo miró directamente.

—No esperes nada entonces.

Ian sostuvo su mirada.

—No espero. Propongo.

El viento sopló más fuerte.

Nox apartó la vista primero.

—Mañana vengo —dijo finalmente.

Ian sonrió, pero no de forma exagerada.

—Bien.

Bajaron de la azotea cuando el personal comenzó a cerrar accesos.

Devolvieron el traje rentado.

Nox guardó su máscara verde en la mochila.

Antes de salir del recinto, se cruzaron con Ariadna.

Ella estaba apoyada contra una pared, observando.

—Sabía que bajarían tarde —dijo.

—¿Nos estabas esperando? —preguntó Ian.

—Siempre espero lo interesante.

Nox la miró.

—Nos vamos.

Ariadna inclinó la cabeza.

—Diviértanse mañana.

Sus ojos se detuvieron un segundo más en Nox.

Luego se dio media vuelta y desapareció entre la gente.

Ian y Nox salieron al exterior.

La noche era fría.

El estacionamiento estaba medio vacío.

—¿Te llevo? —preguntó Ian.

—Vivo cerca.

—Yo también.

Caminaron juntos.

No hablaban mucho.

Pero el silencio no era incómodo.




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