Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo IV—Parte II

El martes amaneció con lluvia ligera.

Nox llegó al colegio antes de que sonara el primer timbre. El patio estaba casi vacío. El agua caía fina, constante, como un telón gris que hacía que todo pareciera más pequeño.

Se detuvo frente a la puerta principal.

Respiró.

Ese día decidió algo simple: no iba a tensar nada. No iba a preguntar de más. No iba a marcar territorio con silencios largos.

Iba a ser… suave.

No lo dijo en voz alta.

Solo lo pensó.

En clase de historia, mientras el profesor explicaba revoluciones fallidas, Nox arrancó una hoja de su cuaderno. La dobló con precisión. No era una carta larga.

Solo escribió:

“No todo tiene que ser una batalla.”

La volvió a doblar.

En el descanso buscó a Ian.

Lo encontró cerca de las máquinas de refresco, riendo con dos compañeros. Diego estaba ahí.

Nox se acercó sin interrumpir.

Ian la vio primero.

—Hola.

—Hola.

Diego hizo un gesto breve con la cabeza y se alejó con el otro chico.

Nox extendió el papel.

—Para ti.

Ian lo tomó con curiosidad.

—¿Qué es?

—Ábrelo luego.

—¿Es una amenaza?

—No.

Ian sonrió y guardó el papel en el bolsillo.

—¿Estás bien?

—Sí.

No era mentira.

Solo estaba concentrada.

Caminaron juntos al siguiente salón. Nox dejó que él hablara. Asintió cuando correspondía. No revisó su teléfono cuando el de él vibró.

Pequeños gestos.

Pequeños cambios.

A la salida, Ian abrió el papel frente a ella.

Leyó en silencio.

Luego levantó la vista.

—¿Qué significa?

—Nada complicado.

—¿Te estoy haciendo sentir que todo es una batalla?

Nox negó con la cabeza.

—No. Solo… no tiene que serlo.

Ian la observó un momento más largo.

—Gracias.

Y la besó en la mejilla.

No en los labios.

La mejilla.

Nox sostuvo el gesto sin parpadear.

No lo corrigió.

Esa tarde fue a una papelería antes de volver a casa.

Compró marcadores verdes.

Cartulina.

Pegamento.

No tenía una razón clara que pudiera explicar en voz alta.

Solo quería hacer algo.

En su habitación, cerró la puerta y extendió la cartulina sobre el suelo.

Dibujó un signo de interrogación grande en el centro.

No perfecto.

Pero firme.

Abajo escribió:

“Para la próxima convención.”

Lo miró.

No estaba acostumbrada a hacer cosas así.

Manualidades.

Detalles.

Lo dejó secar apoyado contra la pared.

Su teléfono vibró.

Ian:
“Mi mamá preguntó por ti.”

Nox tardó unos segundos en responder.

Nox:
“¿Qué dijiste?”

Ian:
“Que te gusta el café y los villanos.”

Ella sostuvo el teléfono un momento.

Luego escribió:

Nox:
“Es correcto.”

Tres puntos.

Ian:
“Quiere que vengas el sábado.”

El mensaje quedó ahí.

Nox miró el techo.

No era una amenaza.

No era presión.

Era algo normal.

Escribió:

Nox:
“Lo pensaré.”

El jueves llevó café en un termo pequeño.

Esperó a Ian en el parque después de clases.

Cuando él llegó, se lo extendió.

—¿Qué es esto?

—Café.

—¿Para mí?

—Sí.

Ian lo tomó.

Probó un sorbo.

—Está bueno.

Nox lo miró.

No dijo “lo sé”.

No dijo nada.

Solo observó su reacción.

—No tenías que hacer esto.

—Quise.

Ian dejó el termo en el banco y la abrazó.

Un abrazo real.

Completo.

Nox se quedó quieta los primeros segundos.

Luego levantó los brazos y lo rodeó también.

No apretó demasiado.

Pero tampoco lo dejó flojo.

—Eres rara —murmuró él.

—Ya lo sabías.

—Pero a veces eres… buena rara.

Nox no respondió.

Pero apoyó la cabeza en su hombro.

Pequeño gesto.

El sábado aceptó ir a su casa.

No lo anunció como sacrificio.

Solo dijo:

—Voy.

Ian abrió la puerta con energía.

Su madre los recibió con una sonrisa amable.

—Así que tú eres Nox.

—Sí.

—Ian habla mucho de ti.

Nox miró a Ian.

—¿Ah, sí?

—Solo cosas buenas —dijo él rápido.

La casa de Ian era distinta a la suya.

Más luminosa.

Más ruido de fondo.

Un perro pequeño ladró desde la cocina.

Nox se tensó apenas.

Ian lo notó.

—Tranquila, no muerde. Es Loki

El perro se acercó a oler sus zapatos.

Nox no retrocedió.

—Hola —dijo en voz baja.

No acarició al animal.

Pero tampoco lo apartó.

Subieron a la habitación de Ian.

Había pósters en las paredes.

Figuras ordenadas en estantes.

Un escritorio con libros abiertos.

Nox recorrió el cuarto con la mirada.

—Es ordenado.

—Intento.

Se sentaron en la cama.

Ian sacó una libreta.

—Estoy dibujando ideas para el próximo cosplay.

Nox lo miró.

—Muéstrame.

Él le enseñó bocetos.

Capas más oscuras.

Detalles metálicos.

Ella señaló una parte.

—Eso es demasiado llamativo.

—¿Sí?

—Si quieres intimidar, no grites.

Ian la miró.

—Entonces tú diseñas.

—Tal vez.

Silencio cómodo.

Ian se acercó.

—Me gustas así.

—¿Así cómo?

—Más tranquila.

Nox sostuvo su mirada.

—Estoy tranquila.

Él la besó.

Más lento.

Sin urgencia.

Nox respondió con la misma medida.

Intentaba mantener la línea.

No apresurar.

No invadir.

Cuando se separaron, Ian apoyó su frente contra la de ella.

—Gracias por venir.

—No es tan grave.

—Para ti tal vez no.

Nox no respondió.

Pero tomó su mano.

Y no la soltó.

Las siguientes semanas mantuvo el mismo esfuerzo.




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