Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo V—Parte I

Al principio no fue evidente.
No hubo una frase específica.
Ni un momento exacto.
Fue más bien una suma.
Pequeños detalles acumulándose como polvo invisible sobre una superficie que parecía limpia.
Ian lo empezó a sentir en cosas mínimas.
En cómo Nox preguntaba dos veces lo mismo.
En cómo su mirada se quedaba fija cuando él mencionaba a alguien.
En cómo el silencio entre ellos ya no era descanso, sino vigilancia.
Una tarde estaban sentados en la cafetería.
El lugar estaba lleno. Ruidos de platos, conversaciones superpuestas, pasos rápidos.
Ian hablaba sobre una tarea.
Nox lo miraba.
No parpadeaba mucho.
—¿Me estás escuchando? —preguntó él con una sonrisa ligera.
—Sí —respondió ella enseguida—. Dijiste que el profesor cambió la fecha.
Correcto.
Pero la forma en que lo dijo no sonaba natural.
Sonaba memorizada.
Ian asintió despacio.
No dijo nada.
Pero algo en su pecho se movió.
Los mensajes también cambiaron.
Antes eran ligeros.
Memes, bromas internas, comentarios absurdos sobre cosas que veían.
Ahora había preguntas.
¿Dónde estás?
¿Con quién?
¿Por qué tardaste?
No eran acusaciones directas.
Eran curiosidades disfrazadas.
Pero la frecuencia era constante.
Una noche, Ian dejó el teléfono boca abajo mientras cenaba con su familia.
Cuando volvió a tomarlo, había seis mensajes seguidos.
“¿Todo bien?”
“¿Estás ocupado?”
“¿Por qué no contestas?”
“¿Dije algo?”
“Ian.”
“?”
Él sintió una presión leve en la garganta.
Respondió rápido.
“Estoy cenando, perdón.”
La respuesta llegó casi inmediata.
“Ah.”
Solo eso.
Ah.
Y ese “ah” pesó más que cualquier reclamo.
Ian empezó a medir lo que decía.
Si mencionaba un nombre femenino, notaba el cambio en el aire.
No era inmediato.
Pero sí perceptible.
Una tarde comentó sin pensar:
—Hoy trabajé con Laura en el proyecto.
Silencio.
Nox sonrió.
—¿Laura?
—Sí, la del grupo.
—No la ubico.
—Es nueva.
—Ah.
Otra vez ese “ah”.
Pero el suyo tenía otro tono.
Ian intentó seguir hablando del proyecto.
Pero sintió que algo se había cerrado.
Como una puerta suave.
No violenta.
Pero firme.
Una semana después, estaban caminando por el parque cuando Ian saludó a una compañera que pasaba.
—¡Hey, Sofía!
La chica levantó la mano.
—¡Hola!
Nada más.
Un saludo breve.
Pero cuando retomaron el paso, Nox preguntó:
—¿Ella quién es?
—Una amiga del club de lectura.
—¿Hablan mucho?
—A veces.
—¿De qué?
Ian la miró de reojo.
—De libros.
Nox asintió.
Pero no parecía satisfecha.
—Nunca me habías hablado de ella.
—Porque no es algo relevante.
La palabra cayó mal.
Relevante.
—¿Yo soy relevante? —preguntó Nox.
Ian se detuvo.
—Claro que sí. ¿Por qué preguntas eso?
Ella encogió los hombros.
—Nada.
Pero no era nada.
Y Ian lo sabía.
Empezó a notar otra cosa.
La forma en que Nox se aferraba a su brazo cuando caminaban en lugares concurridos.
No era cariño.
Era firmeza.
Una noche, en una reunión pequeña con amigos, Nox casi no habló.
Observaba.
Ian intentaba incluirla.
—Nox tiene una teoría buenísima sobre esa película.
Ella sonrió apenas.
—No es tan importante.
Pero mientras él hablaba con otros, ella lo miraba.
No con ternura.
Con cálculo.
Cuando regresaron a casa, dijo:
—Te ríes mucho con ellos.
—Son mis amigos.
—Yo también soy tu amiga.
—Sí.
—Pero con ellos te ríes distinto.
Ian frunció el ceño.
—¿Distinto cómo?
Nox tardó en responder.
—Más libre.
La palabra lo dejó quieto.
Más libre.
No sabía cómo contestar eso.
Los días siguientes fueron similares.
Nada estallaba.
Pero todo estaba tenso.
Como si caminaran sobre una superficie delgada.
Ian comenzó a sentirse observado incluso cuando no hacía nada.
Si miraba su teléfono, notaba la mirada de Nox.
Si tardaba en responder una pregunta, ella lo notaba.
Si guardaba silencio, ella preguntaba por qué.
Una tarde, mientras estudiaban juntos, él simplemente apoyó la cabeza en la mesa, cansado.
—Estoy agotado.
Nox lo miró fijo.
—¿Por mí?
Él levantó la cabeza de inmediato.
—¿Qué?
—Nada.
Pero ya no era la primera vez que convertía algo neutro en algo personal.
Y eso empezó a cansarlo de verdad.
Ian no era alguien conflictivo.
No buscaba discusiones.
Pero empezó a sentir que cada palabra podía detonar algo.
Que cada gesto podía interpretarse.
Que cada silencio podía convertirse en sospecha.
Y esa sensación lo hizo retraerse un poco.
No de golpe.
Gradual.
Menos mensajes largos.
Menos llamadas extensas.
Más respuestas simples.
No por falta de cariño.
Sino por cuidado.
Pero ese cuidado fue interpretado de otra forma.
Una tarde, Nox le dijo:
—Siento que estás diferente.
—¿Diferente cómo?
—Más lejos.
Ian suspiró.
—No estoy lejos.
—Sí lo estás.
—No, Nox.
Ella lo miró con una mezcla de desafío y tristeza.
—No me mientas.
La frase le dolió.
Porque no estaba mintiendo.
Pero tampoco sabía cómo explicar lo que sentía sin herirla.
La presión no era gritos.
No era amenazas.
Era constancia.
Era repetición.
Era una vigilancia suave pero permanente.
Ian empezó a notar que evitaba mencionar cosas.
Que cambiaba historias para omitir nombres.
Que reducía detalles para evitar preguntas.
Y eso lo inquietó.
Porque no era quien quería ser.
Una noche, mientras caminaba solo hacia casa, se dio cuenta de algo simple:
Estaba más relajado cuando no estaba explicando nada.
La idea le generó culpa.
Pero también alivio.
Y el alivio fue lo que más lo asustó.
Al día siguiente, Nox le tomó la mano con más fuerza de lo habitual.
—Prométeme algo.
—¿Qué?
—Que no te vas a ir.
Ian sintió el peso de la frase.
No era una broma.
No era ligera.
Era una demanda envuelta en miedo.
—No planeo irme —respondió con cuidado.
—No es lo mismo que prometer.
Él la miró.
Quiso decir algo tranquilizador.
Pero algo dentro de él se resistió.
Porque prometer implicaba algo absoluto.
Y él ya empezaba a sentirse presionado por ese absoluto.
—No puedo prometer el futuro —dijo finalmente.
El rostro de Nox cambió apenas.
Un microsegundo.
Pero él lo vio.
Y supo que esa respuesta no había sido suficiente.
Esa noche, Ian se quedó despierto más tiempo del habitual.
Pensó en los últimos meses.
En cóm




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.