Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo V—Parte II

No empezó como una pelea.

Empezó como una tarde común.

Una de esas tardes en las que el cielo está nublado pero no llueve, y el aire parece sostener algo que todavía no cae.

Ian llegó diez minutos tarde.

Diez minutos.

No había mensaje previo.

No había explicación inmediata.

Cuando apareció al final de la calle, Nox ya estaba sentada en la banca donde habían quedado de verse.

No movía las piernas.
No miraba el teléfono.
Solo estaba ahí.

Esperando.

—Perdón —dijo él apenas se acercó—. Me entretuve hablando con Daniel.

Nox levantó la vista.

—¿Con Daniel?

—Sí, me lo encontré saliendo de clases.

Silencio.

—Pudiste avisar.

—Fueron diez minutos.

La frase fue honesta.
Pero el tono no ayudó.

Nox se puso de pie lentamente.

—Para ti son diez minutos.

—Nox…

—Para mí son diez minutos preguntándome si cambiaste de plan. Si decidiste no venir. Si—

—No iba a no venir.

—No lo sabía.

Ian exhaló despacio.

—Podrías asumir que sí iba a venir.

La palabra asumir quedó flotando.

—¿Y si un día no vienes? —preguntó ella.

—Pero vine.

—Hoy.

Él la miró fijo.

—¿Qué está pasando?

Caminaron sin tocarse.

El parque estaba más vacío que de costumbre.

Un par de personas paseaban a sus perros a lo lejos.

—Siento que todo lo que hago está mal —dijo Ian finalmente.

Nox lo miró de inmediato.

—¿Eso crees?

—No lo creo. Lo siento.

Ella frunció el ceño.

—Yo no te estoy diciendo que todo esté mal.

—No con esas palabras. Pero lo siento igual.

Nox se detuvo.

—Entonces el problema es cómo te sientes, no lo que hago.

Ian negó con la cabeza.

—No es tan simple.

—Explícame.

Y ahí estuvo el primer error.

Porque cuando alguien pide que expliques lo que todavía no entiendes del todo, las palabras salen torcidas.

—Siento que estoy rindiendo examen todo el tiempo —dijo él.

Nox se quedó inmóvil.

—¿Examen?

—Sí. Como si cada cosa que digo fuera evaluada.

—No te evalúo.

—Me preguntas todo. Me repreguntas. Si tardo, algo pasa. Si menciono a alguien, algo cambia.

Nox abrió la boca, pero él continuó.

—No puedo estar tranquilo.

El silencio que siguió fue pesado.

No incómodo.

Pesado.

—Yo solo quiero saber de ti —respondió ella con voz controlada.

—Y yo quiero contarte.

—Entonces hazlo.

—Lo hago.

—Pero te molesta que pregunte.

—Me molesta cómo preguntas.

Esa frase cayó como vidrio.

—¿Cómo pregunto?

Ian dudó.

—Como si ya tuvieras una respuesta negativa en mente.

Nox lo miró como si no lo reconociera.

—Eso no es cierto.

—A veces sí.

—Dame un ejemplo.

Él respiró hondo.

—Cuando hablé de Laura. Cuando saludé a Sofía. Cuando dije que estaba cansado.

Nox sintió un calor subirle por el cuello.

—¿Entonces no puedo reaccionar?

—No se trata de reaccionar. Se trata de que todo se convierte en sospecha.

—No sospecho.

—Sí lo haces.

La palabra sí fue firme.

Demasiado firme.

Y eso hizo que algo dentro de Nox se encendiera.

—Claro —dijo ella, cruzándose de brazos—. Entonces ahora soy paranoica.

—No dije eso.

—Lo estás insinuando.

—No.

—Sí.

Ian apretó la mandíbula.

—No quiero pelear.

—Pero lo estás haciendo.

—Estoy tratando de decirte cómo me siento.

—Y yo te estoy diciendo que exageras.

Ahí estuvo el segundo error.

Exageras.

La palabra hizo que Ian retrocediera un paso.

—No estoy exagerando.

—Son diez minutos. Son amigas. Son cosas normales.

—Entonces ¿por qué se sienten tan grandes?

Nox lo miró fijo.

—Porque tú las haces grandes.

Él soltó una risa breve, sin humor.

—Eso es injusto.

—¿Injusto?

—Sí.

—¿Injusto es que me importe?

—No. Injusto es que siempre sea mi culpa.

El aire parecía más frío.

Un perro ladró a lo lejos.

—Nunca dije que fuera tu culpa —respondió ella.

—Pero siempre termino pidiendo perdón.

Nox abrió la boca.

La cerró.

Pensó en los últimos días.

En los “perdón por tardar”.
En los “perdón si te hice sentir mal”.
En los “perdón, no quise que sonara así”.

No eran forzados.

Pero eran frecuentes.

—Si pides perdón es porque hiciste algo —dijo ella.

—O porque quiero que esto no escale.

La frase quedó suspendida.

No escale.

¿Era eso lo que estaba pasando?

¿Escalaba?

La discusión subió sin gritos.

Pero subió.

—Siento que no confías en mí —dijo Ian.

—Confío.

—No parece.

—Porque me importas.

—Eso no debería sentirse así.

Nox sintió que algo se le deslizaba entre los dedos.

—¿Cómo debería sentirse?

Ian tardó en responder.

—Ligero.

Ligero.

La palabra la atravesó.

Ligero era lo que habían sido al principio.

Ligero era lo que ya no eran.

—No todo puede ser ligero siempre —dijo ella.

—No. Pero tampoco debería pesar tanto.

El silencio fue largo.

—¿Te peso? —preguntó Nox.

Ian cerró los ojos un segundo.

—A veces.

Y esa fue la frase que rompió todo.

Nox dio un paso atrás.

Como si la hubieran empujado.

—Entonces eso soy.

—No dije eso.

—Dijiste que te peso.

—Dije que la situación pesa.

—Soy parte de la situación.

—No es lo mismo.

—Para mí sí.

Ian intentó acercarse.

Ella retrocedió.

—No conviertas esto en algo que no es.

—¿Y qué es entonces?

Él no tuvo respuesta inmediata.

Y ese vacío fue interpretado como confirmación.

—Ya no estás cómodo —dijo Nox.

—No dije eso.

—Pero lo estás pensando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.