Lo Que Una Chica Por Amor Es Capaz: Nox Tucker. #1

Capítulo VI —Parte I

Los primeros días después de la ruptura fueron extrañamente silenciosos.

No hubo mensajes de arrepentimiento.
No hubo llamadas nocturnas.
No hubo “¿podemos hablar?”.

Ian desapareció con una limpieza que parecía ensayada.

Nox revisó el chat la mañana siguiente.

Nada nuevo.

El último mensaje era de él:

“Cuídate.”

Dos palabras que ahora parecían una burla.

No lo bloqueó.

No lo eliminó.

Dejó la conversación abierta.

Como una herida sin cerrar.

El primer impulso no fue escribirle.

Fue buscarlo.

Entró a su perfil.

Nada extraño.

Una foto antigua seguía siendo la más reciente.

Una historia subida hacía cinco horas: una imagen del cielo al atardecer.

Sin texto.

Sin contexto.

Nox miró la imagen más tiempo del necesario.

¿Dónde estaba?

Amplió la esquina inferior.

Un edificio apenas visible.

Lo reconoció.

Era cerca de su casa.

Eso significaba que estaba tranquilo.

Que estaba viviendo.

Que estaba respirando sin ella.

La idea fue insoportable.

Esa noche volvió a entrar.

Revisó cada “me gusta”.

Cada comentario reciente.

Anotó mentalmente nombres.

No buscaba nada específico.

Solo evidencia.

Cualquier cosa que confirmara que había alguien más.

Pero no encontró nada concluyente.

Y esa ausencia no la calmó.

La inquietó más.

Porque significaba que podía estar ocurriendo algo sin que ella lo viera.

Al tercer día, descubrió que Ian había cambiado su foto de perfil.

Una imagen simple.

Él sonriendo, de lado.

La sonrisa no era amplia.

Pero era ligera.

Ligera.

La palabra volvió a aparecer en su mente.

Le tomó varios segundos aceptar que esa foto no tenía nada que ver con ella.

No era provocación.

No era mensaje oculto.

Era solo una actualización.

Pero Nox no la vio así.

La vio como un símbolo.

Se ve mejor.

Se ve libre.

Cerró la aplicación.

La volvió a abrir cinco minutos después.

Comenzó a establecer una rutina.

Despertar.
Revisar su perfil.
Revisar quién había interactuado con él.
Revisar historias de personas en común.

Aprendió a entrar sin dejar rastro.

Mirar sin reaccionar.

No dar “me gusta”.
No comentar.

Invisible.

Pero presente.

Una tarde encontró algo nuevo.

Una historia etiquetada.

No en su perfil.

En el de alguien más.

Valeria.

La imagen era borrosa.

Un grupo de personas sentadas en una mesa.

Risas congeladas en una captura descuidada.

En una esquina, apenas visible, estaba él.

No cerca de ella.

Pero en el mismo espacio.

Nox sintió una presión en el pecho.

No estaban solos.

Pero estaban juntos.

El hecho de que compartieran espacio ya era suficiente.

Amplió la imagen hasta que los píxeles se distorsionaron.

Intentó medir la distancia entre ellos.

Intentó leer los gestos.

Nada concreto.

Pero tampoco nada que descartara algo.

Esa noche no durmió.

No lloró.

No gritó.

Se sentó frente a la pantalla y reconstruyó el día de Ian.

Clases por la mañana.
Club por la tarde.
Salida con amigos.

Empezó a anotar horarios.

No en papel.

En su mente.

Como un mapa.

Descubrió que si revisaba a ciertas horas, podía anticipar movimientos.

Si no publicaba nada en la tarde, probablemente estaba ocupado.

Si subía algo después de las nueve, estaba en casa.

Si alguien lo etiquetaba, era porque había salido.

Pequeñas correlaciones.

Pequeñas certezas.

Eso le dio una sensación extraña.

No de control total.

Pero sí de cercanía.

Aunque él ya no le hablara, ella sabía dónde estaba.

Y eso era suficiente para empezar.

Una tarde, al revisar comentarios en una publicación vieja, notó algo.

Un “me gusta” reciente.

De una cuenta que no conocía.

Entró al perfil.

Privado.

Sin foto clara.

Pero el nombre le resultó familiar.

Era una chica de la escuela.

No cercana.

Pero conocida.

Nox sintió cómo algo se tensaba.

¿Por qué interactuar ahora con algo antiguo?

¿Por qué volver atrás?

Desplazó hacia abajo.

Más “me gusta”.

Más nombres femeninos.

Algunos ya estaban ahí antes.

Pero ahora parecían nuevos.

Amenazantes.

Como si hubieran despertado justo después de la ruptura.

Nox empezó a revisar no solo su perfil, sino el de todos alrededor.

Daniel.
Sofía.
Valeria.

Buscaba menciones indirectas.

Fotos donde él apareciera de fondo.

Reflejos en ventanas.

Sombras.

Una tarde encontró una historia donde alguien grababa desde lejos un partido improvisado en la cancha.

Ian estaba ahí.

Riendo.

Corriendo.

Sin ella.

La imagen no duraba más de quince segundos.

Pero fue suficiente.

Lo vio moverse con naturalidad.

Sin tensión.

Sin el peso que él decía sentir.

La palabra volvió:

Ligero.

El impulso de escribirle apareció varias veces.

Pero no lo hizo.

No todavía.

Escribir implicaba exponerse.

Mirar no.

Mirar era seguro.

Mirar era silencioso.

Mirar no podía ser rechazado.

Empezó a notar algo más.

Cuanto más lo observaba, más sentía que lo conocía mejor que antes.

Sabía qué días salía más.

Sabía qué amigos veía con frecuencia.

Sabía qué lugares repetía.

Era como estudiar un patrón.

Y estudiar un patrón daba ventaja.

Una noche, encontró algo que la hizo quedarse inmóvil.

Una foto nueva.

No en su perfil.

En el de Daniel.

Un grupo de cuatro personas en una cafetería.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.