Lo unilateral del amor

Capítulo 1

Recuerdo que estaba contenta porque al fin comenzaba mi estación favorita del año, la primavera. Ese día había desayunado yogurt con cereal y, luego me encontraba pedaleando en mi bicicleta camino al club con el sol calentando mi cara y haciendo que mi nuca bajaran unas gotas. 

Llegué como cada fin de semana al club. Llegaba justo para escuchar el potente sonido de silbato llamándonos a formación.

 

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Después de romper filas, nos dirigimos a nuestras bases para comenzar con las actividades. 

El día transcurría como siempre entre la lectura de la meditación, el repaso de las actividades y el dictado de especialidades. Particularmente, éstas eran mi segunda cosa favorita del club, las especialidades. Te daban obleas para luego coserlas en tu banda de uniforme, lo que mostraba con objetos tangibles que tanto te habias esforzado para obtenerlas, y mientras, subías de "nivel" o "categoría" y con dedicación y tiempo, si eras constante, te convertías en líder.

El silbato sonaba de nuevo. Era hora de dejar de escribir, terminar de guardar nuestras cosas si el tiempo nos lo permitia o solo dejarlas donde estaban y unirnos al jefe de dia. El jefe de día* tenía aún en su boca el silbato y lo hacía sonar mientras esperaba con la clásica seña de los brazos extendidos y las manos cerradas en puño, a que todos estemos en las filas. 

 

-Bien, niños ¡ATENCIÓN! -¡atención! repetimos al unísono- ¡ATENCIÓN! -¡Atención! -Bien. Hoy no vamos a hacer los juegos... -empezamos a quejarnos por lo bajo porque era algo usual que de vez en cuando practicáramos marcha en lugar de jugar. Era divertido también de hacer, pero todos preferíamos los juegos. -¡Silen-cio! ¡ATENCIÓN! -¡atención! -...Hoy no vamos a hacer los juegos... en el patio del club, porque los haremos... ¡en la plaza!

 

-¡Si!, ¡Gracias jefe!, ¡Qué divertido, jugar al aire libre!, ¿Hoy es un día especial? ¡quizá nos den golosinas! -eran algunos de los comentarios que se escuchaban. Yo estaba entre ellos por supuesto. Caminamos una cuadra y media a la vuelta de la sede del club y llegamos a la plaza. Algunos nos emocionamos un poco y nos salimos de la fila. Entre ellos estaba el chico nuevo. Riendo distraídamente con algunos de los chicos.

 

Qué bueno. No le costó hacer amigos. -pensé. 

 

Cuando veía a alguien solo o nuevo en algún lugar, era lo primero que me preocupaba.

 

Volví al lado de mis amigas y me acoplé a lo que hablaban mientras esperábamos que el juego empiece.

 

El juego consistía en atrapar nuestro pañuelo distintivo primero que el rival de la fila a la izquierda. Eran dos filas mixtas y el objetivo estaba sobre un cajón en el medio de ambas. Cada fila tenía un número del uno al diez. Cuando el consejero* a cargo gritaba un número. Números de cada fila salían corriendo. A veces era el mismo número, a veces gritaba diferentes y a veces salía más de una persona de cada fila a atrapar el pañuelo y era un desastre. Cosa que A-MÁ-BAMOS. Nos reíamos y teníamos un raspón que otro, de los cuales pensábamos como señal de "victoria".

Me junté con las chicas para comer, sentadas en el pasto. Le di un mordisco a mi pebete de queso y saqué tres galletas dulces del paquete de Jazmín o Jaz, como le gustaba que la llamen; mi mejor amiga.

 

-Chicas, chicas -comenzó Tika, con entusiasta picardía. -¿Ya vieron que hay un chico nuevo?

-¡Yo también lo vi! ¡Es tan lindo! -siguió Jaz con ojos brillantes.

-Me parece más lindo Alejo... -comenté.

-Pero Ale es más grande que nosotras Idy. -dijo Tika.

-Sí, ya sé. No me voy a casar con él por pensar que es lindo chicas, ja, ja. Solamente digo. Pero bueno, quitándolo a Alejo, digamos que en comparación con nuestros tontos amigos que conocemos desde bebés, el nuevo es relativamente, el más lindo. -terminé, dándoles la razón.- ¿Y vos, Male? ¿qué piensas del chico nuevo?

-Mmm, no sé la verdad. No me fijé mucho más que el hecho de que había alguien nuevo. -Male era de esas chicas que realmente no se fijaba en algún chico para gustar de él. Para ella, todos eran sólo amigos o potenciales amigos. Era un tipo de chica que nosotras llamábamos: inocente

-Ay, esta Male... el día que tenga novio, ¡no! el día que tenga a un chico que le guste, hago una fiesta. -dijo Tika. -¡Alguien debería gustarte! Tengo curiosidad por cómo te comportarías enamorada. -añadió levantando las cejas sujestivamente, lo que provocó que Male se riera un poco, tímida.

-Aww, ¡ella, nuestra inocente! Vamos a protegerte de cualquier tonto que se te quiera acercar. No te preocupes.

-Jazmín, ¡qué dices! Pero si Tika acaba de protestar porque no le gusta nadie.-alegué entre risas.

-Shh, shh -gestualizó poniendo el dedo indice sobre su boca. Ella está mejor así. -terminó, acariciando protectora uno de sus cachetes. -todas nos partimos de risa y volvimos a nuestros almuerzos. 

Llegó la hora de que cada uno volviera a su casa y mientras esperábamos conversábamos con los consejeros, entre nosotros y entre los líderes y directivos, mi tió estaba entre los directivos y hacía chistes con los cuales todos reíamos. Eran desde ingeniosos hasta tan malos que, de lo malos que eran, te provocaban risa. No fallaba.

Un grito me asustó y giré en dirección a la voz. Era la consejera Melisa llamando a uno de los chicos. Pensé que era Alejo a quien buscaban, pero quien salió de entre el grupo hasta llegar a su mamá, era el nuevo. 

 

-Asi que se llama Alejandro...

 

 

 

 

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Explicación de los cargos que existen en un club Boy Scout:




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