Lobo.

El lago (5)

Corro, mientras que escucho la voz de Bruno Marks salir de mis audífonos. Esquivó algunos pinos y ranas caídas.

Respiro rápidamente y mi corazón bombardea frenético, hasta en unos cuantos segundos más, divido el lago de Cobog y bajo la velocidad.

Continúo mi camino hacia el, hasta llegar a la orilla.

Suelto un suspiro, para después sacarme la blusa y después mi licra. Rápidamente me desahogo de mi celular y audífonos, dejando a ambos sobre mis tenis.

Sin nada que​ me retenga, comienzo a dirigirme en las aguas frescas y cristalinas del lago, hasta llegar a mis pechos.

Miro a mi alrededor segura de que no hay nadie más ahí, y termino de sumergirme por completo. Segundos después en cuanto salgo a flote, una extraña onda de calor llega a mi espalda y me quedo inmóvil.

Totalmente segura de que mis oídos funcionan correctamente, distingo el movimiento de algo moverse tras de mí.

 

—No es nada, es solo el viento —murmuro.

 

Quedó muda al sentir como pequeñas y tibias gotas de agua caen sobre mi nunca. Un escalofrío recorre por completo mi cuerpo y mi estómago​ se retuerce de forma violenta.

Sin el valor de voltear decidí preguntar:

 

—¿Quién eres? Se que eres tú de nuevo —murmuro—. ¿Por qué estás aquí?

 

No recibo respuesta alguna, más que otro movimiento en el agua que hacé que el calor tras de mí aumente y el frío se valla.

 

—Puedo sentir tu calor —susurro cerrando mi ojos.

 

Está ves escucho un leve gruñido.

 

—¿Qué quieres de mí? —pregunto, dando un paso hacia atrás—. Sé que si quisieras hacerme daño, ya lo hubieras hecho.

 

Doy otro paso más y está ves, mi espalda cocha con la misma superficie dura y inhumanamente caliente de ayer por la noche.

Con mis manos temblorosas, las alzó sobre mi cabeza con la intención y tomar a lo que sea o quién sea que esté tras de mí.

Mis manos por fin llegan a lo que creo es su rostro y con delicadeza comienzo a delinear sus pomulos, nariz, barba... Hasta que llego a su boca, pero con rapidez aparto mis manos al sentir unos colmillos sobresalir de sus labios.

Una leve humedad espesa queda en mis dedos y de inmediato las dirijo hacia mis ojos.

 

¡Sangre!

 

La mezcla roja en mis dedos es sangre.

 

Mi primera reacción es alejarme del individuo sobrenatural, pero este me empujo hacia tras, pegándome a él y sintiendo su completa escasez de ropa.

Reacciono sin pensarlo y comienzo a moverme nuevamente.

 

«¿Cómo pude dejar que se hacercara así?»

 

Pequeños gruñidos salen de su garganta y sin ningún pudor me pega a más a él.

 

Detengo mis movimientos y respiró agitada.

 

De pronto sus manos abandonan mi vientre y el calor de mi espalda disminuye hasta que el frío regresa totalmente, así que sin pensarlo volteo.

 

No hay nada, absolutamente nada.

 

Giro sobre mi eje, pero no distingo algún movimiento en el ambiente.

Con el frío congelando mis huesos decidido comenzar a caminar fuera del agua, hasta que el aullido de un lobo, me paraliza.

Segundos después, como si una fuerza me poseyera, tomo mi licra y me la pongo a una velocidad impresionante. Tomo mí blusa, junto con mis zapatos y celular e inicio a correr a toda velocidad.

Otro aullido más cerca se escucha y acelero más el paso, consiguiendo que pronto los pies comiencen a arder y dolor.

 

—¡Ah, maldición! —exclamo al sentir como una rama se incrusta en pie.

 

De pronto, el sonido de ramas partice de forma terrorífica tras de mí, me confirma que algo me está siguiendo.

Gruñidos freroces se escuchan, junto con más aullidos fuertes.

Corro todo lo que puedo sin ver a atrás, sintiendo como mi cazador está a punto de casarme, hasta que choco con otra superficie cálida.

 

—¿Estas bien, hermosa? —la voz de Gregory me hace recuperar la respiración.

 

—E-Estoy b-bien —respondo con dificultad.

 

—¿Segura? Te ves terrible —comenta mientras me toma en brazos y avanza conmigo a cuentas—. Mira tus pies, tendremos que​ limpiar toda esta sangre.

 

«La sangre».

«El calor de su cuerpo».

«Sus cálidas manos».

 

—¿Segura que te encuentras bien?

 

Asiento con la cabeza sin fuerzas.

 

—Parece huías de un mounstro o algo parecido —dice riendo.

 

Tal vez sí, Gregory. Tal vez si huía de un mounstro.
 




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