Lobo.

Visita y sensaciones (10)

 

—No responderé más preguntas —aclaro, levantándome de la silla

 

—De acuerdo, creo que tenemos lo necesario, para iniciar la investigación —informa el oficial, extendiéndo una mano para que la estreche—. Por ahora recomiendo evitar que se quede sola en casa, lo mejor será que pase unos día fuera de aquí, mientras se aclara el asunto.

 

—Gracias.

 

Me alejo de la mesa en dirección a las escaleras. Necesitaba preparar mi maleta, ya estaba más que seguro que no me quedaría los próximos días aquí.

 

—¿Qué paso allá abajo? —pregunta Gregory, entrando tras de mí a mi habitación.

 

—Lo que escuchaste.

 

—¿Cómo qué lo que escuché? Todos las preguntas que el oficial de hizo son necesarias y tu solo dices  que no seguirás respondiendo —habla de pie junto a la ventana, con sus brazos en forma de jarra.

 

—Por favor, Gregory. Los dos sabremos, es más todos sabemos​, que esa estúpida investigación no llegara a nada. ¿Cómo van a encontrar algo entre animales muertos y viseras ensangrentadas?

 

—Eira, tenemos que confirmar en ellos —dice acercandose, pero me adentro al baño por mi cepillo de dientes—. Tenías que seguir hay, hasta que él...

 

—¿Hasta qué? Hasta que llegara el momento de contarle de mi pesadilla y me tomara por una loca alterada, al igual que ustedes.

 

—Escucha sé que estás nerviosa, cansada y asustada, pero debes mantener la cabeza fría y...

 

—Por favor déjame sóla un momento, quiero tener un rato a solas conmigo —pido, cortandole.

 

—Como quieras, estaré abajo.

 

Gregory sale de mi habitación cerrado la puerta de forma silenciosa.

 

—¿Cómo confiar en un policía, sí hasta mis propios amigos me esconden cosas?

 

Aún no olvidó la conversación que escuché de ellos en la cocina. Hablaban de cartas, de un hombre, dos extraños supuestamente responsable de los asesinatos, el eclipse, un collar y un consejo.

 

No sabía cómo tomarlo, pero de lo que estaba totalmente segura, es que yo también formo parte de ello, aún que ni siquiera estoy enterada de la mitad.

 

Miro mi habitación por última vez, antes de tomar mi maleta y salir por la puerta hacia las escaleras.

 

—Lo mejor será que mantengamos esto en secreto, no es el momento para dar explicaciones sobre algo así, a a lguien que no tiene ni idea de nosotros —bajo las escaleras sin hacer ruido, con toda mi atención puesta en las palabras de Almery.

 

 

—Explicaciones sobre, ¿qué? —Almery me mira con sorpresa, tras mi silenciosa aparición.

 

—Ya sabes, de lo que a pasado —responde mirando a su esposa.

 

—Guarde los vegetales y frutas en el conservador —avisa Ágata, cambiado de tema.

 

—Gracias, no quiero volver y encontrar un cementerio de frutas y vegetales podridos en mi refrigerador —fargullo caminado hacia la sala—. Ya podemos irnos.

 

 

—Claro, Almery y Ágata se irán en su auto y yo ire contigo —dice Gregory tomando mi maleta—. Yo conduciré por ti.

 

Asiento y salgo por la puerta, directo a mi auto. Subo al asiento del copiloto y cierro la puerta detrás de mí.

 

—Bien, aprochate el cinturón —ordena mi conductor designado.

 

—Como digas —murmuro.

 

El camino fue silencio. Yo solo me dediqué a mirar por la ventana. Por el momento está tranquila, había decidido callarme y enviar preguntarle a Gregory sobre la extraña conversación en mi cocina. Lo mejor sería que me las arreglará sola si quería saber que es lo que está pasando.

Ya había escuchado a Almery. Quieren mantener todo en secreto. A ver cuánto tiempo más van a callar la verdad de lo que está sucediendo. En algún momento caerán y no les quedará de otra, más que decírmelo todo.

 

En cuanto desperté por la mañana Gregory ya no estaba a mi lado y la ventana aun se encontraba cerrada. 

 

Después de desayunar, contuve las ganas de llomar a papá y preguntar si estaba bien, pero supongo que mi orgullo y mi estado de alarma no me permitieron hacerlo.

 

—Llegamos —avisa Gregory, deteniéndose al frente del bar de Milka.

 

—Gracias por conducir, iré con Milka.

 

—Adelante, yo sacaré tu maleta de la cajuela del auto. Te veo adentro —habla apagando el motor.

 

Salgo del auto, frotando mis manos en busca de un poco de calor. Subo lo mas rápido que puedo las pequeñas escaleras y entró al bar.

 

—¡Gracias a Dios, ha estás aquí! —exclama Milka lanzándose sobre mí—. Ethan y Eiden, nos contó lo de tú patio.

 

—Estoy bien.

 

—No te preocupes, puedes quedarte cuanto sea necesario, no dejare que vuelvas a tu casa estando en peligro —jura, desaciendo el abrazo.

 

—¡Eira, cariño! —Sulay repite la acción de su hija pegándome a ella con fuerza—. Estábamos tan preocupadas, no te dejaremos ir nunca más.

 

—No a pasado nada, me encuentro bien. Me quedaré aquí por un tiempo —ellas aceptan emocionadas—. Ahora iré a mi habitación.

 

—¿Llevo tu maleta? —pregunta Gregory con la clara intención de subir conmigo.

 

—No, yo iré. Espera aquí —este asiente con la cabeza y me pasa mi maleta.

 

Subo lo más rapido que pude y dejo la maleta sobre mí cama, para cuando vuelvo a la planta baja, Sulay ya se ha encargado de servir unos de sus gloriosos cafés a Gregory, quein no para de hablar y reír.

 

—Greg, estoy lista —anuncio, rascándome la nuca.

 

—Bien, vamos. Los gemelos nos esperan —habla Gregory, dándole un último trago a su taza de café—. La traeré más tarde, Milka.

 

—Bien, la necesito.

 

Salimos del bar en dirección al auto y apesar de que mi chófer conduce a lenta velocidad por seguridad, llegamos justo antes de que tuviera un ataque de ira.

 

—¡No puedo creer que conduzcas tan lento! Estube apunto de salir por la ventana —suelto haciendo que Gregory, me mire con le ceño fruncido.




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