Lobo.

Frente a mi (15)

Talvez el hecho de darme cuenta de que él está libre en algún lugar del bosque, me ha mantenido tranquila todos estos días y aun que no dejo de pensarlo, continúo sintiendo una extraña incomodidad al no saber mucho sobre su historia y lo más importante, no haberle conocido todavía.

Los preparativos para Halloween y el cumpleaños de los gemelos me han mantenido ocupada, tanto que no he tenido el tiempo suficiente para pensar en una forma de escapar de esta casa sin llamar la atención de alguno de mis protectores.

Libertad, sí. Eso es los que más deseo ahora, para correr en su búsqueda y poder darle un rostro al hombre que me hace sentir tantas cosas.

Inhalo fuerte para hacer llegar el increíble olor a pino a mis pulmones.

Cierro mis ojos un momento hasta que sin ninguna razón los abro de golpe y diviso entre ramas y troncos una silueta destellante de luz blanca.

La miro con curiosidad unos minutos hasta que decido levantarme del suelo y caminar hacia el bosque sigilosamente, y aun que la distancia es considerablemente larga no me detengo, el único riesgo es que alguien del interior de la casa me mire por alguna de las ventanas del segundo piso.

El humo que sale por mi boca, solo demuestra la gran temperatura que hay en el exterior y con la que lucha mi blusa manga larga, mi hacker y bufanda. Cada paso que doy se vuelve más seguro y veloz. La atracción que siento por esa misteriosa luz me obliga a no apartar la mirada de ella ni un segundo, como si con hacerlo la pudiera perder de vista.

En cuanto me adentro en el bosque, entre los primeros pinos, mi corazón se acelera y el frio empieza a ser eclipsado por una honda de calor casi palpable. Los escalofríos de mi espalda se extienden por todo mi cuerpo logrando que una sonrisa se cuele en mis labios al darme cuenta que todas esas extrañas sensaciones son producidas únicamente por él, por Alix, pero para mi sorpresa y desilusión al llegar al punto exacto en donde vi la luz, esta desaparece dejándome sola en medio del bosque helado y sin entender como es que a pesar de todo lo que sentí solo veo árboles gigantes con sus copas escarchadas a mi alrededor.

De pronto miles de pensamientos empiezan a volar en mi mente, pensamientos no gratos.

—Una trampa —susurro con temor al escuchar ramas partirse a mi alrededor—. Es una trampa…

Inicio a retroceder asustada por gruñidos fuertes y furiosos provenientes de enfrente. Trago ruidosamente al percatarme de que algunas copas de árboles se mueven de forma violenta incitando que bandadas de cuervos salgan volando despavoridos. Continúo retrocediendo hasta que mi pie se enreda entre ramas y caigo hacia atrás dándome un buen golpe en la espalda que me obliga soltar un jadeo lleno de dolor. Me levanto inmediatamente del suelo, aguantando las punzadas molestas en mi brazo izquierdo, hasta que estas se desvanecen y choco contra una superficie caliente que me hace soltar un grito.

—Shshsh… —unos calientes brazos me envuelven y una cabeza se recarga en la mía suavemente.

Cierro mis ojos llena de tranquilidad al reconocerlo.

—Alix —murmuro sintiéndome reconfortada por su presencia.

—¡Eira! —me remuevo entre los brazos de Alix al escuchar la voz de Ethan, pero este me retiene contra su pecho como si de alguna forma se me ocurriera dejarlo.

—Alto niños, no se acerquen —suelta Elliot con voz tosca.

—Debemos ponerla a salvo antes de que ellos terminen por llegar —habla Eiden decidido a apartarme de Alix, quien al darse cuenta de su intención, le gruñe y levanta su cabeza de golpe.

—Si sigues dando un paso más en su dirección, él no va a dudar ni un segundo en lanzarte sobre ti. Es un alfa fuera de control y su deseo por estar al lado de Eira es lo único que lo detiene a destrozarte hijo —advierte su padre.

—Es tarde, ya están aquí —la voz de Ravenna sobresale de entre las demás ganando toma mi atención—, los mestizos nos están rodeando y un par de lobos los dirigen.

Aprovecho que Alix ha aflojado su agarre para sacar mis brazos atrapados de en medio de su pecho y el mío, tomar su rostro entre mis manos y bajarlo hacia abajo. Sus ojos se conectan firmemente con los míos por primera vez y por fin puedo ver sus perfilada nariz y labios rosáceos frente a mi. Siento como el tiempo se detiene y todos los que se encuentran a nuestro alrededor desaparecen dejándonos solos idos en nosotros mismos.

—Eres hermoso —le susurro con una sonrisa y acariciando con los pulgares sus mejillas llenas de tierra húmeda.

—Eira, tenemos que irnos, con o sin el consentimiento de Alix —anuncia Elliot—. Están casi sobre nosotros, si no nos vamos ahora no podremos sacarte de aquí.

—Bien —acepto—. Tengo que irme.

Alix tuerce su cabeza hacia un lado y me observa con interés, lo que me hace poner en duda si me a entendido o no.

—Déjame ir —pido, provocando que se tense.

—No —abro mis ojos exageradamente al escuchar salir la primera palabra de su boca.

—Hablaste —digo con emoción, pero ésta desaparece al sentir como Alix me aparte de su vista y me lanza detrás de su espalda. 

—¡Eira, corre! —grita Ethan tirando de una de mis manos.

—¡Alix! —le veo por última vez en pose de caza hacia varios hombres frente a él.

—¡Corre, no te detengas hasta llegues a casa, Eira! —esta vez obedezco a Ethan y con todo el dolor en mi alma me echo a correr, para alejarme de Alix y todos los demás desconocidos que ya comienzan a rodearnos.

Corro con todas mis fuerzas al lado de Ethan, quien lo hace más rápido que yo, pero no suelta mi mano. Eiden corre frente a nosotros con su prometida y su padre, todo parece indicar que vamos a librarnos de el ataque, hasta que un hombre salta y derriba a Ethan, quien aún que me suelta no logra evitar que reciba parte del golpe, y al igual que él caiga al suelo.

—¡Levántate! —grita Elliot acercándose a mi, pero él también es derribado​ brutalmente.




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