Saga, el mayor de mis hijos, con quien compartí mucho y fue mi manos derecha por mucho tiempo.
Perdóname, por favor perdóname por no haber hecho algo para que no sufrirá todo ese dolor.
Aquella maldad en tu corazón, yo debí detenerla, ayudarte a alejarla, eliminar… Y no dejarte solo, provocarte una terrible soledad y odio que no merecías sentir.
Sé que te he herido tanto y puede que nunca tenga perdón, pero… Deseo recuperar a mi pequeño niño de enormes ojos viridian, qué sólo quería que le contará historias para dormir y que no me alejara hasta que cerrara sus ojitos y pudiera dormir.
Ahora ya no pueda hacer nada por el pasado, pero quiero hacer todo lo qué pueda para que ya no sientas culpa, ya no sufras y puedas comenzar a vivir de nuevo.
Saga, cualquier cosa que necesites, yo hare hasta lo imposible para ayudarte esta vez. A todos ustedes, ahora los pondré como mi mayor prioridad, como siempre debió ser.
Todos mis hijos merecen un día especial, igual a este día que pasaron con sus jóvenes discípulos.
Procuraron hacerlos muy felices y darles momentos únicos que recordaran siempre. Les prometo que ahora yo les enseñare a vivir sin miedo, deben saber que ya no volverán a estar solos o negarse a la felicidad de su corazones.
Las gruesas lágrimas que provocaron aquellas palabras resbalan por sus mejillas. No se encuentra solo, sin embargo se derrumba a los pies de su armadura que llevaba las dos cartas en las manos para que aquellos jóvenes hombres las leyeran.
-Pa… Patriarca… Padre… Yo… No creo que mi vida alcance para disculparme con usted por todo lo que le hice- El dolor de saber que hizo daño aun es difícil de ignorar, pero… Una sonrisa se dibuja al saber que el pontífice está disculpándose por todo lo sucedido con tal de ayudarlo y verlo feliz.
Sin embargo, el gemelo menor tampoco está del todo tranquilo.
Aprieta la carta que acababa de leer y muerde sus labios… Mientras de pie, solo recuerda lo que leyó previamente.
Mi preciado Kanon, siento que te debo tantas disculpas por haberte causado mucho pesar.
Yo los cargue siendo unos indefensos y pequeñitos bebés. Jure que los cuidaría tanto como pudiera, que los volvería los caballeros de Géminis más poderoso. Sin embargo, el deber, el saber que debía procurar que Saga se convertiría en el legitimó caballero dorado de Géminis, me ocupe tanto en eso como en mantener a los demás pequeños concentrados en su entrenamiento y cuidar de la próxima reencarnación de Atena… Que te relegue a un segundo plano, te hice sentir que solo merecías ser un asombra.
Kanon, por favor ya no pienses eso, no lo eres, jamás lo has sido.
Te abriste paso de la forma más asombrosa posible. Si bien, no me parece bien como lo conseguiste, hiciste lo que debiste y te redimiste.
Me siento orgulloso de ti, ya que aunque ahora seas una Marina de Poseidón, has sido clave para una alianza y sigues estando cerca del santuario.
Quiero volver a abrazarte y decirte que los truenos nunca te van a dañar, igual como lo hacía al ser tú solo un niño de no más de dos años.
Por esa razón, por todo lo que les he escrito en estas cartas, mis palabras, las sinceras solo para mis amados hijos.
No solo por eso les pedí que hoy llevarán a sus jóvenes aprendices a festejar.
No solo fue una petición de nuestra Diosa.
Sino que aprovechando mi autoridad, y sabiendo que no me cuestionarían les pedí sus armaduras por una razón.
Repare las que estaban un poco dañadas, pero debía tener esta oportunidad con todas ellas reunidas sino, mi sorpresa para ustedes no funcionaria.
-¿Por qué… Es capaz el patriarca de hacer… Algo como eso? No es justo… Darnos… Algo tan… Tan…- Aprieta aquel pequeño peluche qué cabe perfectamente en sus manos y sin dudarlo lo abraza con delicadeza y añoranza.
Tan similar a él, siendo una representación de su signo.
Mi pequeño cachorro de León…
Aioria, a ti yo no te llegue a conocer siendo un bebé de meses.
A diferencia de mis demás niños, tuviste padres que te amaron, qué te quisieron tanto como pudieron, pero… Lamentablemente no lograron seguir a lado de ustedes, por… Aquel incendio de hace diecinueve años.
Solo tenías un año… Estabas llorando, sucio y asustado…
Aioros te llevaba entre sus manos y lo que atiné hacer fue consolarlos a ambos.
Fue una enorme desgracia, y aunque nosotros tratamos de hacer todo para ayudar a la gente de Rodorio, muchos perecieron.
En ese momento en que pude calmarlos, prometí cuidar de ambos.
Aioria, nunca ocuparé el lugar del padre que te amo, pero permíteme seguir contigo, jugando y riendo… Volvamos en las tardes al coliseo, jugaré contigo a la pelota tanto como quieras.
¿Si?
Escribí estas cartas, para expresarles una parte de mi sentir, de mi corazón y deseo de poder seguir estando en sus vidas.
Solo deseo, qué mis niños vuelvan a ser felices por completo.
El león dorado, está atento mirando por la ventana, lanza suspiros cansinos, para fijar su vista cristalizada al horizonte, asiente mientras entre sus manos un peluche de león sigue siendo el motivo de su felicidad.
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Editado: 04.03.2026