Después de una noche entre puros llantos, gritos, peleas y pedir ser cargados solo por el Lemuriano…
Se nota que Libra y el patriarca no han podido pegar el ojo ni una sola vez en todo este tiempo.
Tan solo debemos ver sus ropas ahora sucias por las babas de bebés, mocos, lágrimas, los cabellos desalineados, ojeras prominentes por una desvelada paternal.
Sin contar el desastre que se tiene en la habitación del peliverde, además del olorcito por los increíbles cambios de pañales qué debieron realizar toda la madrugada. Sí qué doces bebés gastan mucho, Dohko debió ir otra vez a Rodorio entre la noche y el amanecer para comprar más pañales, siendo algo que el patriarca le ordeno. Pues obvio que sacar a los bebés a esa hora de la noche es bastante peligroso y uno de los dos debía quedarse con ellos.
Escuchar al gallo cantar, darse cuenta que los entrenamientos en el coliseo han empezado, los pajaritos cantando alegres, todos ya están muy activos y, aquellos que velaron la seguridad del santuario por fin van a descansar.
Pobres hombres de hace más dos siglos, estos bebés todos juntos a la vez sí que son demasiado para ambos.
Sin embargo, no es tiempo de rendirse.
-Ya amaneció…-
-Si… ¿El sol siempre ha dolido tanto?- Se cubre los ojos, para levantarse e ir a cerrar las cortinas.
Un suspiro cansado deja salir el pontífice, tocándose la cabeza, estando sentado en el suelo -En toda la noche no pude leer el pergamino… Si no era miedo, era hambre, sino… Peleas por celitos por cargar a otro, cambios constantes de pañales…- Niega con la cabeza -Ay no… Esto será muy complicado- Solo recoge sus pies, para abrazar sus rodilla, ya está llegando un punto en donde solo quiere llorar -Además tengo una comitiva a las nueve de la mañana, y no voy a pode hacer llegar…- Decaído se muestra el patriarca, ya se resignó a que perdió todo el día.
El castaño estando de pie y mirando como esta de desesperado su amorcito, se siente de lo peor, sumamente culpable y no es para menos, ya que es el único responsable de esto… Aunque si los dorados no hubieran estado peleando, no estarían en medio de este embrollo, pero bueno.
-Borreguito… Lo siento…- Se arrodilla ante él, tomando sus manos -No creí que esto fuera a pasar- Lo piensa seriamente y sonríe para dar una idea que se le acaba de ocurrir –Sí quieres… Trata de dormir hasta las ocho u ocho y media para que vayas fresco- Ilusionado piensa que esta proporcionando una buena ayuda -Yo los puedo cuidar- Aunque su rostro refleje cansancio y eso que él si durmió unas pocas horas antes de ser despertado, no le importa hacer cualquier cosa por el anterior Aries.
El Lemuriano levanta su rostro, decaído y agotado, claro que no tiene ganas de ofender o ser malagradecido pero… Lanza un suspiro -Dohko… Estando contigo, casi todos lloran, gritan, o se asustan- Le hace ver el punto que hace rato tuvieron que presenciar.
En efecto, varias veces cuando Dohko los intentaba cargar, los bebés lloraban a mares, no se dejaban cambiar el pañal por él, le arrojaban cosas y preferían gatear hasta la persona que reconocen. Claro que esto deja al Chino todo triste, sin poder hacer más que perseguirlos y tratar de atraparlos, lo que ocasionaba más llantos y cero disponibilidad de los bebés.
Frunce el ceño preocupado -Pero… ¿Por qué pasa eso? Si yo quiero mucho a nuestros hijos- Casi las lágrimas se le salen, mientras agrega un puchero para que su borreguito le conteste.
No quiere herirlo, pero debe ser sincero -Dohko… Los niños no te conocían a esa edad, para ellos eres un completo extraño- Entrecierra sus ojos pensando detenidamente en algo –Eso… Me da una idea…-
Por emocionarse a lo que acaba de descubrir, no se fija en la cara de dolor y decepción qué tiene Libra en su ser, baja la cabeza triste, y muy mal emocionalmente por lo que acaba de descubrir.
Mira hacia sus retoños qué están subidos en la cama, mordiendo juguetes de goma por los dientitos que salen, jugando con peluches, y con sus amiguitos... O buscando con la mirada -Creo entender que ellos regresaron a esta edad conservando sus recuerdos de esta época… Lo que quiere decir…- Posa su mano derecha debajo de su barbilla, para entrecerrar sus ojos -Lo que conocieron en sus primeros meses de vida, es lo que tienen en sus mentes…- Asiente -Tal vez, por eso Aioros y Aioria también están un poco renuentes a estar conmigo… Aunque acceden más. Me conocieron esporádicamente en aquellos tiempos…-
Todo triste y casi tirado en el suelo -Esa es la razón por la culpa Mu y Saga están celosos uno del otro. Tú fuiste en ese entonces su figura materna ¿No?-
Shion se sonroja por aquella interrogante, desvía rápido su mirada apenado -Fui su única figura de apego en ese entonces… Pero ¿Materna?- Suspira y entrecierra sus ojos algo serio de nueva cuenta -Por pensar así es que nos metimos en este lío- Alza una tika -¿Podrías decirme por qué demonios pensaste que debían festejarme el día de la madre?- Su rostro aunque este molesto y desarreglado, sigue siendo muy adorable para Libra, aunque si le aterra un poco.
Sin embargo, no espero respuesta alguna del cansado Libra… Pues escucha como los bebés lo llaman con balbuceos, y más porque el travieso Milo lo encontró, gateo hasta llegar a la orilla de la cama para verlo, sonriéndole de manera invertida.
-¿Qué pasa mis amores?- En cuanto se levanta, toma en brazos a Milo, su rostro cambia a un más pacífico, y les dedica a todos una maternal sonrisa.
Los bebés con solo verlo se interesan en él y quieren su atención total.
Aunque rápido se entera de lo que realmente ocurre, rugidos de pequeños estómagos.
-Oh. Ya tienen hambre- Se sorprende alzando sus tikas, pero después sonríe, y alzando en brazos al pequeño pelicerúleo -¿Tienen hambre mis bebes? No se preocupen, ¿Qué les prepare algo deliciosos de desayunar?- Las risitas de sus bebés es lo más lindo del mundo.
Los otros niños solo observan y algunos aplauden como un conocimiento que Dohko les pasó al alejarse de ellos para no llorar, otros ríen y dos más están seriecitos mirando al bichito con enfado.
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Editado: 04.03.2026