-Entonces, fuimos a Japón como escoltas de la Diosa Atena. Nos permitió dar un pequeño paseo, ya que había un festival- Sonríe rascando un poco su mejilla derecha -Así que le dije a Seiya y Marin que fuéramos juntos. Claro que Seiya se emocionó y Marin…- Suelta un suspiro al hablar de ella, con las mejillas sonrojadas y una boba sonrisa –Acepto ir, la pasamos bien. Creímos que así sería toda la noche, pero…- Gira sus ojos, y se pone aún más nervioso como avergonzado de golpe –Seiya, se metió en problemas, sin querer rompió un puesto por no medir su fuerza y los señores mayores nos regañaron a Marin y a mí por no cuidar a nuestro… Hijo- Cierra sus parpados, apenado por contar aquella curiosa anécdota, aunque la idea de tener un bebé con el águila de plata, no le parece nada mal.
-¿Y luego? ¿Qué más paso?- Aquel pelicerúleo, quien está bastante embobado en la historia de su amigo castaño claro.
-Je, je, je, pues nada…- Se apoya en la escoba que lleva entre sus manos –Nos disculpamos, aunque ambos estábamos muy rojos de la cara, y salimos de allí lo antes posible- Ladea su cabeza algo preocupado –Fue bastante incomodo que nos digieran algo así, pero también un poco lindo- Solo sigue con la cara sonrojada, pensando en una vida a lado de la amazona, a la cual aún no confiesa sus sentimientos –Eso si… Debimos pagar el puesto… Y quede endeudado- Eso ultimo lo dice desganado con una sonrisa forzada.
Aun así, parece que ninguno de sus compañeros les importa mucho el daño económico, sino más bien les interesa mas seguir con la burla del romance -Awww, que bonito. El gatito está enamorado- La lengua filosa de Cáncer habla de manera burlesca, con un tono ficticio de ternura.
-¡¡¡¿QUÉ?!!! E… Eso… No es cierto- Intenta fingirlo, pero su rostro lo delata enormemente y más al girar su cabeza al lado contrario del grupo con el que habla.
-Por favor Aioria, todos en el santuario lo saben- Escorpio, habla posando las manos en sus caderas, confiado de sus palabras verídicas.
Devuelve la mirada hacia ellos, con la cara más roja que la grana, y los ojos bien abiertos -¡¡¡ESO NO ES CIERTO!!!- Intenta negar aquello con todas sus fuerzas, bastante avergonzado.
-Aioria- Llama el mago de agua y hielo, quien baja el libro que leía, para intervenir en la conversación –Hasta yo, que prefiero ponerme al marguen de estas cosas, lo sé- Acuario, solo detuvo su lectura matutina para dar más peso a los rumores.
-¿Lo ves?- Cáncer, reafirma el comentario, con un orgullo socarrón.
El León dorado solo se cubre la cara con ambas manos, sumamente avergonzado por ser tan evidente –Que horror ser tan obvio…- Es allí que cae en cuenta -¿Creen… Que se habrá dado cuenta?-
-¿Marin?- Lo piensa por unos minutos el pelicerúleo –No creo…-
-Espero que no- Respira aliviado, con los ojos preocupados, casi dejando escapar unas lágrimas.
Sin embargo, su plática vuelve a tomar otro tema en cuestión –Pero si lo pienso bien…-
Parece que podría hablar algo bastante complicado para su corazón, así que Aioria rápido le presta absoluta atención -¡¡¡¿QUÉ?!!! ¡¡¡¿QUÉ COSA?!!!-
Milo, lleva su mano por debajo de su barbilla y se queda pensativo –Creo que es bastante lindo que los demás piensen que nuestros alumnos son nuestros hijos, ¿No lo creen?- Su característica sonrisa delata su enorme emocionado, y de inmediato toma la mano del acuariano, que solo se sonroja levemente de las orejas, pero no le da mayor importancia.
Aioria casi se cae por el susto que contuvo por creer que el octavo dorado, le diría algo relacionado sobre la plata.
Por su parte, Death Mask, empieza a reír a carcajada con los brazos cruzado delante de su pecho –Ja, ja, ja, ja, ¿Qué tendría de bueno que te confunda con los padres de esos mocoso?- Alza una ceja, mostrando su dientes con satisfacción.
-Para mí, si sería algo muy lindo- Se señala a sí mismo, sujetando con mayor fuerza la mano del acuario, que aun permanece sentado –Que digan que mi cubito y yo somos los padres de Hyoga, sería bastante bonito, se demostraría con obviedad que somos una linda familia, o lo seremos, ya que lo planeo- Sus ojos azulados se implantan de bellas estrellas brillantes, imaginado en efecto siendo una familia tradicional, en un hogar, junto a su amado Camus cocinando algo delicioso, el llegando de trabajar y el cisne, imaginándolo como un niño pequeño, recibiéndolo corriendo hacia él con los brazos abiertos.
Para ese momento Milo ha juntando ambas manos delante de su pecho, sonriendo, casi dejando escapar lágrimas de felicidad, con los ojitos llenos de corazones.
Incluso, Camus, se queda mirándolo con una ceja alzada, las mejillas ya sonrojadas y avergonzado por las lindas bobadas que dice.
Claro que sus compañeros de armas no pueden llegar a saber qué es lo que esta pensando, pero ya se están imaginando que está cruzando por su mente, pues su cara de idiota lo delata enormemente.
El noveno guardan del santuario, cierra su libro avergonzado y tose para llamar la atención del escorpión –Milo, aunque así lo quieras e imagines, es imposible que nos confundan con los padres de Hyoga- Sentencia con tranquilidad, dejando el libro de pasta roja y estrellas sobre su regazo.
Una lagrimita de desilusión aparece en el ojo derecho del escorpión, amenazando con caer, mientras cierra sus puños -¿Por qué lo dices, cubito?- Su voz dolida no se puede fingir en absoluto.
Lanza un suspiro, no le gusta cortarle las ilusiones a su bichito, pero a veces también es su deber volverlo a la realidad –Primero, biológicamente es imposible, ambos somos hombres y no se puede- Alza el dedo incide y el anular –Segundo, la edad de Hyoga y la nuestra, tiene de diferencia seis años, es imposible en todo caso procrear a esa edad, y tercero nuestra apariencia y la de Hyoga no son muy similares, por no decir que no tenemos nada en común- Da los puntos obvios a su argumento, aunque si suena bastante cruel de su parte.
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Editado: 04.03.2026