Llego a casa más temprano de lo normal. El portón todavía está abierto y eso ya me parece raro. Antes de entrar, levanto la vista sin pensar... y lo veo.
Mi papá está dentro del carro. No está solo. Hay una chica con él, inclinada demasiado cerca, como si el mundo alrededor no existiera. Se besan. No es un beso rápido, ni torpe, ni confundido. Es lento, seguro. De esos que no se dan por error.
No hago nada.
No digo nada.
Sigo caminando como si no hubiera visto nada.
Me quedo quieta unos segundos, con la mochila pesándome en el hombro. No siento rabia inmediata. Siento incomodidad. Una sensación rara, incómoda, como si hubiera visto algo que no me correspondía ver. Como si hubiera invadido una escena que no era para mí.
No hago nada.
No digo nada.
Sigo caminando, paso al costado del carro y entro a la casa como si no hubiera visto absolutamente nada.
En la cocina me sirvo un vaso de agua. El vidrio está frío y me calma un poco. Tomo despacio. Por lo general no ceno. Nunca tengo hambre a esta hora, o tal vez sí, pero no me doy cuenta. La casa está en silencio y eso me resulta extraño, casi incómodo.
Subo a mi cuarto y cierro la puerta. Me dejo caer en la cama. Agarro el celular casi por inercia, como si fuera lo único que me ancla a algo. Abro Spotify y pongo una canción que siempre me acompaña cuando no sé muy bien qué estoy sintiendo: "Sirenas" de Taburette.
Y sin saber muy bien por qué, termino haciendo algo que no había hecho antes.
Lo busco.
Pedro.
Nombre y apellido.
No es difícil encontrarlo.
Empiezo a bajar por su perfil. Fotos patinando skate con sus amigos, todos juntos, sonriendo, desordenados, como si nada les pesara demasiado. Me doy cuenta rápido de que el colegio del que viene no tiene buena fama. He escuchado comentarios. Gente del mal vivir, dicen algunos, sin saber realmente qué significa eso.
Sigo bajando.
Hay una foto que me hace detenerme. Pedro con una chica. Ella es bonita, no puedo negarlo. Tiene el cabello largo, negro, muy bien cuidado, y un delineado negro demasiado marcado para mi gusto. La descripción dice "ex no ex" y no sé por qué eso me molesta más que si dijera simplemente ex.
Entro a los comentarios. Encuentro uno de él, viejo, pero claro:
"Te voy a querer toda la vida."
Siento algo raro en el pecho. No es enojo. No es celos. Es una tristeza que no logro explicar. Me quedo mirando la pantalla más tiempo del que debería, hasta que me doy cuenta de lo absurda que estoy siendo.
Ni siquiera lo conozco, me digo.
¿Por qué me importa?
Sigo bajando y encuentro una foto distinta. Pedro de pequeño, abrazando a una mujer que sonríe con una felicidad tranquila. Su mamá, supongo. En la descripción solo dice: "Te extraño."
Frunzo el ceño.
¿Por qué te extrañaría así?
¿No está viva acaso?
Cierro la aplicación y dejo el celular a un lado. La música sigue sonando, pero ya no la escucho igual.
Los días pasan.
Una semana, para ser exactos.
En el salón no pasa nada extraordinario. Pedro no habla con nadie, no hace amigos, no intenta llamar la atención. No participa mucho, no se ríe, no molesta. Es como si estuviera ahí solo físicamente.
Y conmigo... nada.
O eso intento creer.
A veces, cuando levanto la vista del cuaderno, lo encuentro mirándome. No es descarado. Es rápido, casi accidental. Pero cuando nuestras miradas se cruzan, los dos apartamos la vista al mismo tiempo, como si nos hubieran descubierto haciendo algo que no debíamos.
Es raro.
Demasiado raro.
Lucas se da cuenta, claro que se da cuenta. Lucas siempre se da cuenta de esas cosas.
—Te mira —me dice un día en voz baja, sin siquiera mirarlo.
—Estás imaginando cosas —le respondo, sin convicción.
—No —dice—. Soy hombre. Sé cuándo alguien mira así.
Días después me cuenta que habló con un conocido que estudiaba en el colegio anterior de Pedro.
—Ten cuidado —me dice, más serio—. Estuvo metido en una pelea y después se cambió de cole.
—No tiene nada que ver conmigo —le digo rápido—. Ni siquiera hablamos.
Lucas me mira como si no me creyera del todo.
—Yo veo cómo se miran. Ahí hay algo raro, Lola.
Le termino contando lo del Instagram.
La chica.
La foto.
El comentario.
Lucas vuelve a escribirle a su contacto.
—Dice que siempre lo veía con una chica —me dice al día siguiente—. Cree que era o es la novia, ni idea la verdad.
No respondo. Me quedo mirando la comida probar ni un bocado.
No sé por qué, pero esa respuesta me molesta más de lo que debería.
Y lo peor no es eso.
Lo peor es que empiezo a darme cuenta de que Pedro ya no es solo el chico nuevo del salón.
Y eso, de alguna manera, me asusta.