El timbre de la escuela resonó con un estruendo metálico que hizo que Ricardo saltara de su asiento. Con quince años, su mente ya estaba fuera del aula mucho antes de que el profesor terminara de hablar. Se acomodó el afro y esperó a sus hermanos en la salida principal.
-¡Por fin! -exclamó Ricardo al ver aparecer a Estevan, quien guardaba su tableta en la mochila con expresión de aburrimiento-. Otra clase de historia sobre cosas que ya Google explicó mejor hace diez años.
-Al menos tú no tienes que aguantar los exámenes de cálculo de último año -respondió Estevan, sacudiéndose el cabello liso de la frente-. ¿Vieron a los demás?
Pronto se reunieron todos. Brian, con su peinado impecable y un libro bajo el brazo, caminaba junto a Ewduin, quien observaba los árboles del patio escolar con esa mirada profunda que lo caracterizaba. Al final, Eduar, con su habitual aire de seriedad, caminaba con paso firme hacia ellos.
Esa tarde, al llegar a casa, el ambiente era pesado. Sus padres estaban en la mesa de la cocina, rodeados de facturas y con rostros cansados. El negocio familiar no iba bien y el estrés se sentía en el aire. Los hermanos se miraron entre sí; aunque eran muy diferentes, en algo siempre estaban de acuerdo: la familia era lo primero.
-Escuchen -dijo Eduar esa noche, reuniéndolos en el cuarto que compartían-. Papá y mamá necesitan ayuda con los gastos. He conseguido un trabajo para nosotros este fin de semana.
-¿De qué se trata? -preguntó Brian, cerrando su libro por una vez.
-Una inmobiliaria necesita vaciar una propiedad antigua a las afueras -explicó Eduar-. Es una mansión que estuvo cerrada por décadas. Si la dejamos lista para la venta el lunes, nos pagarán lo suficiente para cubrir las deudas del mes.
-¿Una mansión vieja? -Ewduin giró el anillo de madera en su dedo, sintiendo un escalofrío repentino-. No sé si sea una buena idea, Eduar. Esas casas suelen guardar más que solo polvo.
-Vamos, Ewduin, no empieces con tus cosas raras -se burló Estevan, ya imaginando qué tipo de tecnología vieja podría encontrar allí-. Es solo trabajo físico. Además, puedo llevar el dron para inspeccionar los techos altos.
-Yo me apunto -dijo Ricardo entusiasmado-. Será como una búsqueda del tesoro, pero con paga garantizada.
Tras una breve discusión, el pacto quedó sellado. El sábado por la mañana, los cinco hermanos cargaron algunas linternas, guantes y herramientas, y se dirigieron a la imponente y sombría mansión que los esperaba al final de un camino descuidado.
Al abrir la puerta principal, el chirrido de las bisagras oxidadas pareció un lamento. Subieron las escaleras hacia el nivel superior, sin saber que en el desván, oculto bajo capas de tiempo, algo los estaba esperando para despertar.
#1639 en Otros
#109 en Aventura
#1150 en Fantasía
aventura, misterio amistad segundas oportunidades, acción enemigos
Editado: 21.02.2026