Los 5 hermanos y la lámpara

Capítulo 6: El Secreto de la Plata

La oscuridad en el sendero de la luna plateada no era una oscuridad normal; era una penumbra densa que parecía absorber la luz. Brian caminaba con los nudillos blancos de tanto apretar el asa de la lámpara antigua.
- Ricardo... no puedo ver mis propios pies -susurró Brian, su voz quebrándose por el miedo-. La lámpara está fallando.
Los detalles azules de la lámpara de bronce parpadeaban débilmente. Cada vez que la luz se atenuaba, el frío calaba hasta los huesos. Ricardo, tratando de mostrar una valentía que no sentía, puso una mano sobre el hombro de su hermano.
- No dejes que se apague, Brian. Estevan dijo que la lámpara reacciona a nosotros. Si tú tienes miedo, ella se apaga. ¡Céntrate!
- ¡Es fácil decirlo para ti! -estalló Brian, deteniéndose en seco. El drama entre ellos vibraba en el aire-. Tú fuiste el que decidió separarnos. ¡Tú nos alejaste de Eduar! Si esta luz se apaga, moriremos aquí y será tu culpa.
En ese momento de máxima tensión, una risa fría y seca como hojas muertas resonó entre los árboles de nácar. De entre las sombras, emergió una figura alta, envuelta en una túnica andrajosa que parecía estar hecha de jirones de noche. No se le veía la cara; solo una negrura profunda bajo la capucha.
- El miedo es un combustible terrible para esa lámpara, pequeños viajeros -dijo la sombra. Su voz sonaba como el roce de dos metales.
Ricardo dio un paso al frente, ocultando su temblor.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres de nosotros?
La figura sombría señaló hacia arriba, hacia la esfera de color plateado pálido que dominaba el cielo.
- Viven bajo su mirada, pero no conocen su nombre. Ella es Selene, la Dama de Plata. Y aquel que ven allá lejos, el círculo de cobalto, es Aethel, el Señor de la Penumbra.
La sombra se acercó un poco más, pero su rostro seguía siendo un misterio.
- Ustedes se han dividido, tal como ellos lo hicieron hace eones. Pero escuchen bien: las lunas son personas, seres que una vez se amaron tanto que el cielo no podía contenerlos. Fueron condenados a seguir caminos distintos, separados por el vacío.
Brian levantó la lámpara, tratando de iluminar al desconocido, pero la luz simplemente moría antes de tocarlo.
- ¿Por qué nos cuentas esto? -preguntó Brian.
- Porque solo cuando las dos lunas se unan en el cenit, cuando sus luces se fundan en una sola, podrán volver a ver el Sol -la figura sombría dio un paso hacia atrás, confundiéndose con los árboles-. Si ustedes permanecen separados por el orgullo o el miedo, el Sol jamás volverá a salir para este mundo... ni para ustedes.
Con un movimiento fluido, la sombra desapareció, dejando una última advertencia flotando en el aire:
- Encuentren la forma de que los dos caminos se crucen, o morirán en la noche eterna de Selene.
El silencio volvió, pero ahora era mucho más pesado. Ricardo y Brian se miraron, dándose cuenta de que su decisión de dividirse podría haber sido el error más grande de sus vidas.




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