Los 5 hermanos y la lámpara

Capítulo 10: En busca del corazón dorado

Los primeros rayos de una luz plateada entraron por las ventanas del Castillo Abandonado de la Luna, despertando a los hermanos. El descanso había sido reparador, pero la incertidumbre seguía allí. Se reunieron en el centro del gran salón, mirándose unos a otros.
—¿Y ahora qué? —preguntó Estevan, revisando sus dispositivos, que parecían captar una energía extraña en el aire—. Tenemos que llamar a Ethel, pero ¿cómo? ¿Simplemente gritamos su nombre al vacío?
—No creo que una entidad se presente solo porque hagamos ruido —respondió Eduar con su tono gruñón, aunque se notaba menos tenso que el día anterior—. Busquemos algo en este castillo, alguna señal o instrucción.
Brian, que no había soltado el trozo de pergamino, observó la lámpara de bronce.
—La luz de Selene reaccionó a nosotros. Quizás necesitamos algo más simbólico.
Ewduin, observando el brillo tenue de su anillo de madera, dio un paso adelante.
—Hagamos algo —sugirió con calma—. Unamos el anillo y la lámpara. Digamos su nombre juntos. Es la conexión entre la tierra y la luz.
Los hermanos rodearon a Brian. Ewduin colocó su mano con el anillo sobre la lámpara de bronce. Al unísono, susurraron el nombre: "Ethel".
Un torbellino de partículas blancas inundó la sala y, de la nada, apareció Ethel. Su presencia era similar a la de Selene, pero con un aura más firme, más vibrante. Los hermanos le explicaron el encuentro con su hermana y Brian le mostró la mitad del pergamino.
—Han demostrado valentía —dijo Ethel con una sonrisa solemne—. Aquí está lo que falta.
Al entregarles la otra mitad, los dos trozos de pergamino volaron por los aires y se unieron con un destello dorado que cegó a los hermanos por un segundo. El documento ahora estaba completo, revelando un mapa que parecía moverse.
—Escuchen bien —advirtió Ethel—. Deben ir al Camino de los Desamparados. Allí ninguna entidad vive; es un lugar donde la luz no tiene dominio. Solo existe el Guardián y las tres reliquias. Su misión es descifrar ese pergamino y encontrar el Corazón Dorado del Sol. Sin él, el Sol —aquel guerrero que los ha cuidado— nunca podrá volver a brillar.
La entidad se puso seria y su voz bajó de tono:
—Tengan cuidado. Un animal antiguo y misterioso acecha esas tierras: el Gran Escorpio. Y recuerden... a partir de cierto punto, ninguna de nosotras podrá ayudarlos. Estarán solos.
Ethel los escoltó hasta una frontera invisible donde el paisaje comenzó a distorsionarse. Los colores se volvieron opacos, casi líquidos, y el aire pesaba.
—Hasta aquí puedo llegar —dijo ella antes de desvanecerse.
Al cruzar, el drama comenzó. El camino era un laberinto de ilusiones. En un momento, el suelo bajo los pies de Ricardo pareció convertirse en arena movediza.
—¡Ayúdenme! —gritó mientras se hundía.
Eduar, olvidando su mal humor, se lanzó al suelo extendiendo su brazo, mientras Estevan usaba un cable de sus equipos para crear un anclaje.
—¡No te soltaremos! —rugió Eduar. Con un esfuerzo coordinado, lograron sacarlo. La unidad entre ellos era su verdadera fuerza; donde uno fallaba, el otro compensaba. Brian usaba la lámpara para disipar las sombras que intentaban confundirlos, mientras Ewduin buscaba rastros de vida en el suelo árido para guiarlos.
Tras horas de caminata extenuante, llegaron frente a unas ruinas colosales. En el centro, una gran puerta vieja de madera reforzada con hierro bloqueaba el paso.
—¿Recuerdan lo que dijo Ethel sobre el Guardián? —susurró Estevan, retrocediendo un paso.
De pronto, la tierra tembló. Una voz estruendosa, como el choque de dos montañas, retumbó desde lo alto de las ruinas.
—¿Quién... quién llega a mi puerta?
Una figura masiva se puso de pie. Era un gigante enorme, con el cuerpo hecho de roca fosilizada por miles de años. Musgo y grietas cubrían su piel de piedra. El gigante se agachó lentamente, acercando su rostro del tamaño de una casa a los hermanos, y soltó un bufido de polvo.
—Hormigas pequeñas... —retumbó el gigante, observándolos con ojos que parecían cráteres profundos—. ¿Qué buscan en el reino del silencio?




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