El ataque final no fue un grito, fue una exhalación colectiva de poder puro. Los cinco hermanos, ahora imbuidos de la energía de su Sello despierto, se movieron como las extremidades de un solo organismo de combate. El aire mismo se replegó ante su avance, y el suelo de cristal oscuro del Trono de los Ecos vibró violentamente.
Ricardo fue la punta de la lanza. Se convirtió en un borrón de plata, teletransportándose en ráfagas cortas de luz para aparecer en los puntos ciegos del Genio. Su lanza de plata no solo cortaba; emitía una frecuencia que disonaba con la energía del enemigo, haciendo que su cuerpo de nebulosa parpadeara. Cada estocada de Ricardo dejaba un rastro de estática plateada que dificultaba la regeneración de la criatura.
Eduar lo seguía de cerca, su mandoble de bronce alargado y envuelto en llamas blancas que no quemaban la carne, sino la esencia mágica. Usaba las aberturas que Ricardo creaba para descargar golpes sísmicos. Cuando su mandoble impactaba, la plataforma entera se sacudía y el Genio soltaba un gruñido, su piel cósmica agrietándose como cristal.
Desde la retaguardia, Estevan era una orquesta de precisión. Su ballesta modificada no disparaba pernos físicos, sino ráfagas de luz sólida calculadas para interceptar los contraataques. Cuando el Genio intentaba invocar rayos de oscuridad, un disparo certero de Estevan fragmentaba la energía antes de que se formara.
El Fortín de Carne y Madera
Mientras tanto, en el centro de la plataforma, el Gigante Antonio se había convertido en una fortaleza viviente. Con una rodilla en tierra para mayor estabilidad, sostenía a Brian herido en el hueco de su brazo izquierdo. La mano de Antonio, del tamaño de un escudo de asedio, cubría el cuerpo del joven, protegiéndolo de los escombros y la energía residual.
Ewduin, de pie sobre el hombro de Antonio, trabajaba sin descanso. Su anillo de madera emitía un resplandor verde esmeralda que se entrelazaba con el brazo del gigante. Había creado una cúpula de raíces de luz pura que envolvía a los tres. No era solo defensa; Ewduin canalizaba vitalidad a Antonio para que sus músculos no cedieran ante el peso de los ataques sádicos del Genio.
El Genio, viéndose presionado por la coordinación de Ricardo y Eduar, fijó su vista en el eslabón que consideraba más débil.
—¿Creen que pueden esconderse detrás de una montaña de carne? —la voz del Genio se burló, resonando desde múltiples puntos a la vez—. Veo el miedo en sus ojos. Especialmente en los tuyos, curandero.
El Genio extendió sus manos y el cielo se partió. No descendieron rayos, sino docenas de esferas de oscuridad que flotaron alrededor de la plataforma.
—Eco de los Caídos, ¡jueguen con ellos! —gritó el Genio.
De repente, de cada esfera emergió una figura de ceniza blanca: la Sombra Mayor que habían derrotado. Eran decenas. No eran tan poderosas como la original, pero eran rápidas y numerosas. La batalla se fragmentó instantáneamente. Ricardo y Eduar ya no atacaban al Genio directamente; estaban rodeados por una docena de sombras que paraban sus golpes y los atacaban en enjambre.
El Genio vio su oportunidad. Mientras las sombras distraían a los hermanos de asalto, se teletransportó directamente frente al Gigante Antonio. Sonriendo con una boca que parecía un agujero negro, extendió una mano hacia la cúpula de Ewduin.
En lugar de atacar con fuerza bruta, el Genio usó magia de distorsión. No rompió la cúpula; la alteró. Las raíces de luz pura se volvieron negras y comenzaron a drenar la vitalidad de Antonio y Ewduin, transfiriéndola... a Brian.
—¡NO! —gritó Ewduin, sintiendo cómo su propia magia se volvía en su contra.
Brian, aún semiconsciente, comenzó a gritar mientras su herida se cerraba milagrosamente, pero a costa de la vida de sus defensores. El Gigante Antonio sintió que sus músculos se convertían en piedra; el brazo que sostenía a Brian comenzó a temblar violentamente. No podía soltarlo, pero mantenerlo estaba matando a Ewduin y a él mismo.
El Clímax en Suspenso
Ricardo vio la escena desde la distancia, atrapado entre tres sombras.
—¡EDUAR, ESTEVAN! ¡TENEMOS QUE LLEGAR A ELLOS! —gritó con desesperación.
Eduar, furioso, descargó un golpe que desintegró a dos sombras, pero cuatro más ocuparon su lugar. Estevan disparó una ráfaga que impactó al Genio, pero este simplemente absorbió la energía, usando el poder corrupto para acelerar el drenaje de vida.
Antonio, con su última pizca de fuerza, miró a Ewduin. La piel del gigante ya se estaba agrietando como granito seco. Ewduin estaba de rodillas en el hombro de Antonio, sangrando por la nariz, luchando por contener la marea negra que drenaba su anillo.
El Gigante Antonio tomó una decisión. Con un movimiento lento y agónico, comenzó a cerrar su mano alrededor de Brian y Ewduin por completo, usando su propio cuerpo como un aislante mágico final. Estaba a punto de solidificarse por completo, convirtiéndose en una estatua de piedra que atraparía a los dos hermanos dentro, cortando el drenaje del Genio pero dejándolos indefensos.
El Genio carcajeó, preparando un ataque final de energía oscura para destruir la estatua en cuanto se formara, matando a Antonio, Brian y Ewduin de un solo golpe.
Ricardo sintió que el tiempo se detenía. Si Antonio completaba el movimiento, perderían a tres hermanos. Si no lo hacía, el Genio los mataría de todos modos.
—¡NO LO HARÁS!
El grito de Ricardo desgarró el aire. Su lanza de plata brilló con una intensidad nunca antes vista, no de luz, sino de pura voluntad. Había encontrado una manera de romper las reglas.
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Editado: 10.04.2026