Los 5 hermanos y la lámpara

Capítulo 21: El Vórtice de Voluntad y la Máscara Caída

​El Trono de los Ecos se había convertido en una cámara de tortura. El drenaje corrupto del Genio estaba a punto de solidificar al Gigante Antonio, quien se curvaba en una pose agónica de protección sobre Brian y Ewduin. La piel del gigante estaba completamente gris, agrietada, a segundos de la petrificación definitiva. Ewduin, colapsado en su hombro, respiraba superficialmente, su anillo de madera casi apagado.
​—¡Miren cómo se desmorona su mundo de piedra y amor! —carcajeó el Genio, acumulando un rayo de oscuridad pura para destruir la estatua que Antonio se estaba convirtiendo.
​Ricardo, aún atrapado entre las sombras, sintió que un fuego blanco se encendía en su interior. Ya no era miedo; era una claridad gélida que trascendía el dolor y las reglas de la magia. Su lanza de plata comenzó a vibrar con una frecuencia que hizo que el cristal oscuro de la plataforma estallara a sus pies. El resplandor que emitía no era una luz que iluminaba, sino una fuerza de voluntad pura, tan intensa que repelía las sombras blancas por simple proximidad.
​El Ataque del Límite de la Existencia
​—¡EDUAR, CÚBREME! —gritó Ricardo.
​Eduar, entendiendo la gravedad, ignoró sus propias heridas y descargó su mandoble con un ataque circular que desintegró a todas las sombras cercanas, abriendo un pasillo directo al Genio.
​Ricardo no corrió. Se volcó en la realidad. Concentró toda la energía de su Sello y su conexión con la lanza en un solo punto, visualizando la "raíz del mal" que unía la magia del Genio con la cúpula corrupta de Ewduin.
​—¡CORTA! —bramó Ricardo, y lanzó su lanza con una fuerza que distorsionó el espacio-tiempo a su paso.
​La Restauración y la Revelación
​El ataque no fue un proyectil físico. Era un vórtice. Impactó exactamente en el punto donde la marea negra drenaba la vida de Antonio y Ewduin para transferirla a Brian. La lanza de plata se clavó en la "raíz del mal" y detonó en una explosión de energía restauradora.
​El efecto fue instantáneo y violento. El lazo corrupto se rompió con un sonido parecido al cristal al romperse.
​El Gigante Antonio sintió una inyección masiva de vitalidad, su piel gris y agrietada recuperando instantáneamente su color de granito pulido. El brazo que sostenía a Brian dejó de temblar, volviéndose inquebrantable una vez más.
​Ewduin abrió los ojos, sintiendo cómo su anillo de madera cobraba vida con un verde esmeralda más brillante que nunca, sanando instantáneamente su agotamiento.
​Brian, quien había sido el receptor involuntario del drenaje, absorbió la restauración de la lanza de Ricardo. Se sentó en el brazo de Antonio, su herida del hombro completamente cerrada y su rostro rebosando una energía renovada, su determinación más firme que nunca.
​El Genio gritó de furia, su ataque final disipado por la explosión de Ricardo. Y en ese choque de energías, Ewduin vio algo. Vio que la forma del Genio, la de una criatura de nebulosas y tormentas, era inestable. Era una "máscara" que la Sombra Mayor original había creado.
​—¡Ricardo, nos diste la vida! —gritó Ewduin, poniéndose de pie en el hombro de Antonio, su anillo brillando con la cúpula restaurada—. ¡Pero he visto su truco! ¡Esa no es su forma real!
​El Genio, dándose cuenta de que la verdad se estaba revelando, rugió e intentó regenerar las sombras duplicadas.
​—¡Antonio, Brian! —replicó Ricardo, su lanza de plata reformándose en su mano, su voz cargada de la victoria que acababan de arrebatarle a la muerte—. ¡Es nuestro momento! ¡Formación de sellado!
​Antonio, con su fuerza totalmente restaurada, se levantó con un estruendo, su otra mano libre. Brian, de rodillas, sacó la linterna de bronce, que ya no estaba caliente sino brillante con un fuego purificador. Sabían lo que tenían que hacer: unir el Sello del anillo de Ewduin con el poder de la linterna de Brian, pero el Genio no se lo pondría fácil.
​La Caída de la Máscara
​La batalla se reanudó con una intensidad aún mayor que la anterior. El Genio, sintiendo que perdía el control, ya no usaba magias sutiles, sino que desató un asalto físico y mágico desesperado. Ricardo y Eduar luchaban a corta distancia, desviando ataques sísmicos y rayos de oscuridad, mientras Estevan cubría a Antonio, Brian y Ewduin desde la distancia.
​—¡Acérquenlos, maldita sea! —rugió Antonio, usando su propio cuerpo como escudo para que Brian y Ewduin pudieran concentrarse.
​Después de un asalto épico y doloroso, Eduar logró un golpe de mandoble que agrietó el cráneo nebuloso del Genio. Ricardo clavó su lanza en el pecho del monstruo, inmovilizándolo.
​—¡AHORA! —gritaron al unísono.
​Antonio usó su mano colossal para sujetar el brazo de Ewduin y el de Brian. El anillo de madera de Ewduin y la linterna de bronce de Brian se tocaron.
​Una detonación de luz solar y vitalidad mística estalló, una onda de choque que disipó todas las sombras blancas y sacudió los cimientos del abismo. Y entonces, la forma del Genio colapsó. El disfraz de nebulosas y tormentas se desintegró, revelando la verdadera y horrible apariencia que Ewduin había vislumbrado.
​Allí, flotando en el mismo lugar, ya no estaba un monstruo de energía abstracta. Era una entidad con un torso de energía cósmica y nebulosas, de un azul pálido, con un rostro aterrador de múltiples rasgos cambiantes y una boca que era un agujero negro rugiente. Sus brazos, largos y hechos de densa energía, estaban atados por ataduras de energía púrpura a un gran orbe central detrás de él. De sus manos extendidas salían violentas grietas de oscuridad que partían el cielo del abismo. El Genio, en su forma real, era una criatura de poder puro, sádico y de pesadilla, de múltiples caras de dolor y odio, atrapado en una prisión de su propia creación cósmica.
​—¡ESTO ES LO QUE SOY! —bramó el Genio, su voz ahora una amalgama de cien voces de terror—. ¡Y AHORA, LOS DEVORARÉ A TODOS!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.