La amenaza del Genio bufón no era un farol. El tejido mismo del abismo comenzó a rasgarse con un sonido sibilante, como tela podrida siendo desgarrada por manos invisibles. Grietas de un vacío absoluto, más negro que la propia oscuridad, aparecieron en el aire, amenazando con devorarlo todo.
—¡Es el fin! —gritó el Genio, con su voz chillona deformada por el poder destructivo que estaba desatando—. ¡Si yo no gobierno este mundo, nadie lo hará!
El Gran Sol, Selene y la Sombra Argéntea se lanzaron hacia él, combinando sus poderes en un intento desesperado por contener la grieta. Fuego estelar, luz lunar y sombras densas chocaron contra la energía caótica, creando una tempestad cósmica que hacía temblar el suelo bajo los pies de los hermanos.
—¡CHICOS! —la voz de Selene resonó en sus mentes, urgente y llena de tensión—. ¡No podemos contener esto por mucho tiempo! ¡El equilibrio se ha roto por completo!
—¡BRIAN, EWDUIN! —rugió el Gran Sol, desviando una andanada de energía oscura—. ¡ES EL MOMENTO! ¡UNAN EL ANILLO Y LA LÁMPARA!
Los dos hermanos, temblando pero con determinación, se miraron. Comprendieron que su destino, y el de este mundo, dependía de ellos. Brian levantó la pesada lámpara de bronce, cuyo brillo azul era ahora una llama rugiente. Ewduin, con el anillo de madera pulsando con una luz verde esmeralda, lo acercó al artefacto.
—Juntos —susurró Ewduin.
—Juntos —respondió Brian.
Al encajar el anillo en la muesca central de la lámpara, una explosión de energía pura los cegó por un instante. La lámpara y el anillo desaparecieron, consumidos por su propio poder, y en su lugar, un vórtice inmenso se abrió en el centro del abismo.
No era un portal oscuro y aterrador. Era un remolino de luz blanca y azul, girando con una fuerza magnética irresistible. Y en el centro exacto del vórtice, como una imagen suspendida en el tiempo, vieron su hogar. Vieron el viejo ático, polvoriento y desordenado, con los mismos trastos y cajas que recordaban. La visión era tan real, tan tangible, que por un momento olvidaron el caos que los rodeaba.
—¡NUESTRO HOGAR! —gritó Edward, con los ojos llenos de lágrimas de esperanza.
El Genio, al ver el portal, lanzó un alarido de furia y desesperación. Su cuerpo, ya mutilado y debilitado, comenzó a desintegrarse bajo la presión de la magia que él mismo había desatado y la poderosa succión del portal. Trozos de su piel azul y jirones de su traje de bufón volaban por los aires, convirtiéndose en polvo cósmico.
—¡NOOOOO! —bramó el Genio, reuniendo sus últimas fuerzas—. ¡SI ME VOY, SE VIENEN CONMIGO!
Con un movimiento violento de su mano incorpórea, el Genio expulsó una onda de choque de pura energía oscura. El ataque, cargado de todo su odio y desesperación, impactó directamente contra la Tríada Divina y el Gigante Antonio, lanzándolos lejos del alcance de los hermanos. Los dioses y el gigante rodaron por el suelo cristalino, aturdidos y debilitados.
—¡CORRAN! —gritó Ricardo, agarrando su lanza para usarla como bastón—. ¡EL PORTAL NO ESTARÁ ABIERTO MUCHO TIEMPO!
Una escalera de luz se materializó desde el portal hasta el suelo del abismo. Los hermanos comenzaron a subir desesperadamente, sintiendo cómo el mundo a su alrededor se derrumbaba. Trozos de cristal negro caían del cielo, y las grietas del vacío se expandían rápidamente.
Ewduin fue el primero en ser elevado por la fuerza de succión del portal. Agarró la mano de Brian, quien sostenía a Edward. Edward, a su vez, sujetaba a Ricardo, y Ricardo a Estevan. Eran una cadena humana de esperanza y miedo, ascendiendo hacia la libertad.
El Genio, viendo cómo su última oportunidad de venganza se escapaba, fijó sus ojos amarillos en el último eslabón de la cadena: Estevan. Con un esfuerzo agónico, logró materializar una mano fantasmal y se aferró a la pierna del estratega.
—¡TU NO TE VAS! —chilló el Genio, tirando con una fuerza brutal.
El ascenso se detuvo en seco. Los hermanos quedaron suspendidos en el aire, forcejeando contra la atracción del portal y la resistencia del Genio.
—¡ESTEVAN! —gritaron todos a la vez.
—¡SOLTADME! —gritó Estevan, sintiendo cómo la mano del Genio se clavaba en su carne—. ¡SI NO, EL PORTAL SE CERRARÁ Y ESTE MUNDO TAMBIÉN DESTRUIRÁ EL NUESTRO!
El Genio, riendo con locura, comenzó a materializar una hoja de energía oscura en su otra mano. Con un movimiento rápido y cruel, hundió la hoja en la pierna de Estevan.
Un grito de agonía pura desgarró el aire. Ricardo y Edward veían con horror cómo su hermano estaba siendo mutilado ante sus ojos.
—¡NO! —gritó Ricardo, desesperado por soltar su mano y atacar al Genio, pero sabiendo que si lo hacía, todos caerían.
—¡SUÉLTALO, MONSTRUO! —rugió Edward, impotente.
Estevan, jadeando por el dolor, miró hacia arriba. Vio los rostros aterrorizados de sus hermanos, la luz del portal que representaba su hogar, y el abismo que amenazaba con devorarlo todo. Sintió una extraña calma descender sobre él. El dolor y el miedo desaparecieron, reemplazados por una claridad cristalina. Comprendió que su sacrificio era la única forma de salvar a su familia y a su mundo.
—Os quiero, chicos —susurró Estevan, con una sonrisa triste pero llena de paz.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, Estevan soltó la mano de Ricardo.
—¡ESTEVANNNNNNNN! —el grito de sus hermanos resonó en el abismo, desgarrador y lleno de dolor.
Estevan cayó en picada hacia el Genio, quien lanzó una carcajada triunfal que se cortó en seco cuando el estratega, con un último acto de voluntad, activó una sobrecarga en su equipo energético. La explosión resultante envolvió al Genio y a Estevan en una bola de fuego azul, acelerando la desintegración del monstruo.
El portal, liberado de la resistencia, succionó violentamente a los otros cuatro hermanos. La Tríada Divina y el Gigante Antonio, recuperándose del ataque, corrieron hacia el lugar donde había estado la escalera, pero ya era tarde. El portal se cerró con un destello cegador de luz, dejando tras de sí un silencio sepulcral en un mundo que se desmoronaba.
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Editado: 02.05.2026