Los años que te ame...

Capítulo 52 — Una respuesta

Samuel manejo hasta la feria que apenas estaba empezando a abrir. Miro a su esposa recargada en la puerta casi sin fuerzas, le dolía el corazón verla así. ¿Por qué no era el quien soportaba está enfermedad? ¿Por ella? Si es una mujer maravillosa y excelente.

No quería llorar, pero a veces las lágrimas son traicioneras y salen sin que nos demos cuenta. Respiró profundo y se dedicó a buscar un lugar en el estacionamiento que estaba casi vacío, excepto por algunos automóviles de los empleados y los pocos visitantes que había a esas horas.

Se bajó del auto y Summer un poco somnolienta trato de ponerse de pie, pero fallo, no tenía casi nada de fuerzas está vez.

— Tranquila cariño, yo te ayudo nena — le dijo Samuel cuando abrió la puerta mirando a su bella mujer tratando de sostenerse.

— Me siento como una invalida — bromeó ella tratando de levantarle el ánimo a su esposo.

— No lo eres nena, solo estás algo débil — apoyo su brazo contra su hombro y la ayudo a levantarse para que caminara un poco — si sientes que ya no puedes amor, te llevo de princesa — Summer río mientras el cerraba la puerta del auto.

— Como en nuestra boda cariño, pero ahora llevas a dos princesas en tus brazos — él le sonrió, dejo un dulce beso en sus pálidos labios y prosiguió.

— No amor, llevo a mi reina y a mí princesa. Dos por uno — pagaron su entrada y Samuel la llevo hasta la rueda de la fortuna, esa que le trajo muchos recuerdos de aquellos tiempos en los que eran dos jóvenes enamorados e inexpertos de la vida.

Había pocas personas para subir así que no duraron mucho en la fila, Summer sentía náuseas de vez en cuando pero no quiso decirle a su esposo, quería disfrutar este momento... Sentía que la vida se le iba, aunque no quisiera.

Ambos se sentaron observando como el juego mecánico empezó a dar vueltas lentamente, el sol estaba ya anunciando el atardecer, uno que se les hizo hermoso a ambos. Samuel miro el ocaso con sentimientos encontrados, hace casi 12 años le pidió ser su novia aquí y casi 10 años... Aquí le pidió matrimonio, prometiendo muchísimas cosas que... Sinceramente no cumplió.

— Si cumpliste con todo amor — le dijo Summer acariciando sus manos, este las apretó depositando besos en ellas.

— No es verdad... Te falle por mucho tiempo amor mío... — Summer sintió pena por su esposo, lo abrazo dejándose llevar por el calor de su cuerpo.

— No digas eso mi amor... Has sido un gran esposo y sé que lo seguirás siendo aún. Sobre todo, eres y serás un gran padre — lo miro a los ojos y las lágrimas de ambos parecían perlas en el rostro.

— Tengo miedo amor... No quiero perderte.... — expreso con dolor, uno que le partió el corazón a ella, tampoco quería dejarlo, pero no sabía a ciencia cierta si sobreviviría. — No puedo perderte mi amor, no otra vez. Sin ti siento que me muero...

— Oye aún no me iré — dijo con una sonrisa, aunque sintió esas palabras llenas de mentiras — no me iré por qué aún me debes muchas cositas y debemos cumplir nuestros sueños — le recordó haciéndolo reír — yo aún te debo mucho amor, el que me ames y me cuides, que estés a mi lado en este proceso tan doloroso.

— Te amo Summer Park, eres la mujer de mi vida y no dejaré que nada te pase. Estaremos juntos hasta viejitos, cuando nuestra piel esté más arrugada que mis camisas — Summer soltó una carcajada combinada con lágrimas — hasta que nuestros hijos tengan nietos y podamos contar nuestra historia de amor melosa.

— ¿Quieres más bebés amor? A penas puedo con uno... — bromeó ella.

— Podemos adoptar, tenemos la capacidad monetaria, el espacio, podemos contratar una niñera... Será fácil — acaricio su nariz alegremente, puso su mano en el vientre hinchado donde yacía su hermosa Danna, en eso sintió una patada que sorprendió a ambos.

— ¿Sentiste eso amor? — le pregunto Summer emocionada, hasta la fecha su Danna no había hecho eso y justo ahora, cuando estaban en el punto más difícil de esta prueba, la nena avisaba que era parte de este proceso también.

— Claro que lo sentí, quiere recordarle a papá quien es la nena de la casa — acercó su rostro al vientre y depósito un beso tierno — si mi Danna tu eres la princesa de mi hogar, donde tú mamá y yo te esperamos con todo el amor del mundo, eres una niña muy deseada que llegó a nuestras vidas como un milagro del cielo.

— Mis dos amores... — expreso Summer aguantando el llanto, está era su familia y nos quería perder, no quería irse no aún.

— Les prometo a las dos que haré todo lo que esté en mi poder para salvarlas, no las dejaré ir Summer, somos tú y yo hasta el final. No lo olvides — dijo con determinación.

— Lo sé mi amor, lo sé. Estaremos los tres juntos hasta el infinito y más allá... — se besaron apasionadamente mientras el sol se ocultaba para dar paso a la oscuridad de la noche.

Este beso fue muy diferente, estuvo cargado de amor, de cariño, de afectó. Había preocupaciones y dolores, lágrimas y risas en él. Eran dos almas aferrándose a la última esperanza que les quedaba, dos amantes lleno contra el destino cruel que quería absorberlos por completo. Luchaban contra corriente, pero no les importaba pues su amor era más poderoso que cualquier prueba en este mundo...

Octavo mes de quimioterapias...

Summer se miraba al espejo con tristeza, miraba su cabeza calva con dolor, ya no estaba su hermosa cabellera negra. Si piel era sumamente pálida perdiendo ese tono moreno que tanto le gustaba.

Ojeras bajo sus ojos ya eran parte de su vida, ese día justo se sentía con fuerza para caminar. Samuel estaba tomando una siesta pues había estado de guardia cuidándola durante la última quimioterapia que fue extremadamente dolorosa, pero ella aún se aferraba a la vida y a su nena.

Tomo un sombrero, su bolso y celular. Salió de su hogar y comenzó a caminar por las bellas calles de su vecindario, uno de los más hermosos y ricos de la ciudad de los ángeles. Había parques y niños jugando en ellos con alegría al lado de sus padres, como deseaba ella poder ver eso con su Danna.



#3349 en Novela romántica

En el texto hay: tragedia, amor dolor

Editado: 20.05.2021

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