Los años que te ame...

Capítulo 55 —Aquí te esperaré...

Los días fueron pasando para mí sin que los pudiera detener, miraba al cielo y aunque estuviera soleado ahora para mí todo era gris... Mi madre y mi padre se mudaron conmigo para ayudarme con mi hija, el prometido de Alejandra la hermana de mi esposa compro una casa cerca de nosotros con tal de que mi suegra viviera cerca de su amada nieta.

Me refugie en mi trabajo, en el alcohol... No podía creer que ella no estuviera y muchas veces desee que fuera un sueño, uno donde ella me abrazaba como siempre en las mañanas, me diera ese tierno beso y se levantara como cada día a realizar nuestra rutina.

Iba al bar casi diario y, aunque no me embriagaba como tal, si buscaba relajarme y olvidar que ella no estaba más... He perdido la cuenta de las veces que he llorado bajo la luz de la luna en la soledad de mi habitación, veo a mi hija desde lejos y simplemente no puedo acercarme por qué me duele saber que su madre no está y que ella crecerá sin ese amor que Summer era capaz de dar.

— Samuel, debes parar ya... — volteo y para mí sorpresa están Ricky y Daniel mirándome con decepción.

— Déjenme en paz si... — reclamé quitándoles el vaso de licor que estaba bebiendo en la barra, nuevamente la tristeza inundaba mi alma y quería ahogarla.

— Sabes, Summer estaría muy decepcionada de ti — lo mire molestó, no debería señalarme así, ellos no entienden mi dolor — tienes una hija que te necesita...

— ¡Quieres dejarme en paz! ¡¿Sabes acaso el dolor que estoy sintiendo?! — lo empuje mientras las lágrimas salían de mis ojos, no debían señalarme así — ¡Mi esposa se ha ido! ¡¿Cómo se supone que debo lidiar con ello?! — lo tome por el cuello reclamándole, Ricky intento separarnos, pero Daniel también arremetió contra mí.

— ¿Y? ¡Muchas personas a diario mueren y siguen adelante! Summer creía en ti, en qué cuidarías de tu hija Samuel... Y mírate, un maldito borracho que no es capaz de ponerse los pantalones y enfrentar la realidad.

— ¡Tu no perdiste a tu esposa!

— ¡Pero perdí a mi hermana, a mi amiga del alma! ¡Quién me aceptó como tal y nunca me juzgó! — comenzó a llorar junto conmigo — Ricky y yo perdimos a una gran amiga que amábamos con el corazón, pero te dejo algo muy valioso y eso es tu hija Samuel.

Comencé a llorar nuevamente abrazándolo, el hizo lo mismo mientras Ricky solo nos miraba con tristeza y dolor.

— Samuel, te entendemos... La verdad lo hacemos más de lo que piensas, pero, déjanos ayudarte a salir adelante y, sobre todo, dale a tu hija el calor que necesita... — me miro a los ojos y me abrazo — eres su padre y sé que estará feliz de que la cargues, además ya tiene dos meses deberías de conocer a tu hija.

Asentí, tenían razón. Juntos me llevaron de regreso a mi hogar donde mi familia me esperaba, mis padres al verme igual me sermonearon, pero me fui a bañar y acostarme. Mañana no iría a trabajar así que aprovecharía para estar con mi nena y como dijeron ellos, conocerla.

Daba muchas vueltas en mi cama y mis ojos por más que quisiera no se cerraban, el aroma de Summer aún estaba en el cuarto y todos los días tomaba una de sus prendas y la abrazaba con tal de conciliar el sueño, pero está noche simplemente no podía.

Me levanté para hacerme un café y comer algo, la casa era bastante amplia así que no despertaría a mis padres... Justo me di cuenta de cuan solitaria es está construcción sin la alegría de mi Summer, baje las escaleras, fui a la cocina, prepare todo y me senté en la sala, admirando cada foto que aún conservaba de nosotros, de nuestra boda, nuestros viajes esos que hicimos en el último año después de reconciliarnos, el embarazo aunque ella decía que se veía fea sin cabello para mí era la mujer más hermosa del mundo.

Recordarla tocar ese piano hermoso me dolía el corazón, me sentía sumamente vacío sin su música.

De repente un adorno llamo mi atención, uno que no había visto yo antes, estaba justo al lado de nuestra foto de bodas. Me levanté acercándome al estante, lo tomé... Era una rueda de la fortuna dentro de una bolita de cristal, cuando lo levanté un papel y unos boletos salieron debajo cayendo en el suelo, los tomé y me volví a sentar observando cada detalle con curiosidad.

— ¿Unos boletos para la rueda de la fortuna? — murmuré al desdoblarlos y justo en medio de ellos un papel doblado también de una forma muy hermosa, de corazón.

Comenzó a deshacerlo con inquietud, mi corazón me decía que eso era algo especial, algo era de mi Summer...

Agosto 2019...

¡Hola mi amor! — comenzó la carta — sé que si estás leyendo esto es por una razón muy triste... Yo ya no estoy a tu lado.

Mi vida, me cuesta mucho escribir esta carta, más cuando es la segunda que te hago... Bueno como la mil, pero es la segunda más triste de eso estoy segura — reí con lágrimas en mis ojos — desde hace tiempo he deseado que tengamos un milagro, pero, sé que no es lo que esperamos.

He estado meditando constantemente sobre mi enfermedad y el por qué me sucede, pero simplemente no hayo respuesta. Muchas veces me arrodille mientras tú dormías suplicando al cielo que me dejara vivir, pero la respuesta siempre era la misma...

Llore y llore al saber y entender que no enfermedad no tendría cura y yo me iría de sus vidas. Pero justo cuando acepté mi destino sentí mucha paz, nuestra hija se movió de una manera increíble y eso me hizo saber que ella estaba consciente de mi situación y, mi amor te juro que sentí como su calor me abrazaba el corazón... Perdón por las manchas es que estoy llorando de verdad.

Hay muchas cosas que quería decirte, pero sabía que no me dejarías hablar, por qué deseabas que yo siguiera con vida así que es ahora cuando quiero expresarte todo lo que mi corazón guarda.

Te he amado por muchos años, 13 para ser exactos, pero... Estos 10 años de matrimonio han sido los más hermosos de toda mi vida, me diste un hogar, una familia, risas y alegrías. Dolores de cabeza... Si señor usted me dio muchos dolores de cabeza... Pero los Agradezco por qué aprendí de ellos mi amor.



#3339 en Novela romántica

En el texto hay: tragedia, amor dolor

Editado: 20.05.2021

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