Después de su extraño viaje por el bosque, Neville y Luna regresaron al castillo. Hogwarts, por la tarde, parecía aún más misterioso. Las torres restauradas brillaban majestuosamente contra el fondo estrellado del cielo, pero en el aire aún flotaba la sensación de que algo quedaba incompleto.
El Gran Comedor estaba ruidoso: los estudiantes discutían sobre las tareas, nuevas estrategias de Quidditch y chismes triviales. Neville se sentía ajeno en medio de toda esa actividad.
— ¿Crees que alguien nos ha notado? — susurró a Luna.
— Oh, seguro que nos notaron — respondió ella con una sonrisa, asintiendo hacia la profesora McGonagall, que los observaba desde un rincón.
Neville tragó nervioso. Aún no se acostumbraba a estar en el centro de atención, especialmente cuando se trataba de sus acciones fuera del castillo.
— Tranquilo — añadió Luna. — No hemos hecho nada malo.
— Por ahora — murmuró él.
Más tarde esa noche, cuando el comedor quedó vacío, la profesora McGonagall se acercó a ellos. Su mirada severa pasó por Neville, pero se detuvo en Luna, que estaba mirando con interés su colección de plumas.
— Señorita Lovegood, señor Longbottom — comenzó. — ¿Tienen alguna explicación de por qué los vieron cerca del Bosque Prohibido?
Neville se tensó.
— Solo… estábamos investigando plantas mágicas.
— El bosque nos llamó — explicó Luna con naturalidad. — Hay algo antiguo allí, profesora. Nos llama.
McGonagall frunció el ceño. Su mirada se volvió más seria, pero en ella brilló un destello de comprensión.
— El bosque ciertamente está lleno de misterios, señorita Lovegood, pero algunos de ellos es mejor dejarlos en paz.
Ella se quedó en silencio por un momento, pero luego añadió:
— Si tanto les interesan los antiguos misterios, tal vez tenga una tarea para ustedes.
Se miraron entre ellos, claramente intrigados.
— ¿Qué tipo de tarea? — preguntó Neville con cautela.
McGonagall se acercó un poco más y habló en voz baja.
— Cerca de la escuela, en las montañas, hay unas ruinas que han estado ocultas por magia durante siglos. Recientemente, han vuelto a ser visibles.
— ¿Ruinas? — levantó una ceja Luna. — Suena fascinante.
— Fascinante no es la palabra, señorita Lovegood — respondió secamente McGonagall. — Alrededor de estas ruinas todavía hay una fuerte magia. Algunos investigadores han intentado entrar, pero ninguno ha logrado atravesar las barreras.
— ¿Por qué quiere que vayamos allí? — preguntó Neville, algo alerta.
— Porque ustedes, señor Longbottom, son justamente los que podrían encargarse de esta tarea.
Sus palabras sonaron como un elogio, pero también como un desafío.
A la mañana siguiente, cuando el sol comenzaba a iluminar las viejas paredes de Hogwarts, Neville y Luna se encontraron en la biblioteca. Estaba vacía y tranquila, con las largas sombras de las columnas apenas tocando el suelo. La ausencia de estudiantes y profesores le daba al lugar una calma casi festiva, ligera, como si el tiempo se hubiera ralentizado.
Neville, como perdido en este mundo de libros antiguos, pasaba las páginas de un gran tomo sobre plantas mágicas, tratando de encontrar algo que pudiera ayudarles en su misión. Sentía que le costaba concentrarse en esto, pues sus pensamientos seguían regresando a la tarea que tenían por delante. Mientras tanto, Luna hojeaba libros sobre antiguas magias y artefactos mágicos, pero su mirada se deslizaba de vez en cuando por las páginas, como si sus pensamientos estuvieran en otro lugar.
— Mira esto — dijo ella de repente, pasando una página de un antiguo libro cuyas páginas ya comenzaban a amarillear con el paso del tiempo. — Habla sobre barreras que reaccionan a los sentimientos y al estado interno de los magos que las atraviesan. La magia de estas barreras está estrechamente vinculada a las emociones, a lo que ocultamos o a lo que tememos.
Neville dejó sus pensamientos y miró hacia ella. Luna parecía mucho más tranquila que él. Su rostro estaba concentrado y sus ojos llenos de determinación. Él sintió cómo ella se volvía más segura acerca de su misión.
— Emociones — repitió Neville pensativamente, recorriendo las palabras de Luna en su mente. — Entonces, ¿la barrera nos probará sobre cuán honestos somos con nosotros mismos?
— Exactamente — asintió ella. — Puede ponernos a prueba con miedo, duda, orgullo o incluso codicia por el poder. Y si no podemos superar esas pruebas, la barrera no nos dejará pasar.
Neville sintió una extraña mezcla de excitación y ansiedad. Nunca había sido un experto en controlar sus emociones.
Lo único que sabía era cómo esconder su miedo y su inseguridad cuando se trataba de otros. No podía permitirse ser débil, especialmente cuando se trataba de Luna, quien, a pesar de toda su excentricidad, siempre parecía tan segura de su camino. ¿Y si ella tenía razón, y él debía reconocer valientemente sus sentimientos?
Luna, al notar su confusión, de repente sonrió — una sonrisa ligera, casi juguetona, que lo tranquilizó.
— No tienes que preocuparte, Neville — dijo suavemente. — Todo estará bien. Lo lograremos.
Su corazón se detuvo un poco ante sus palabras, y por un momento sintió que algo importante cambiaba en su vida. ¿Podría ser esto la amistad? ¿O algo más?
— Tenemos que estar preparados — continuó Luna, sin darse cuenta de lo que él estaba sintiendo. — Necesitaremos llevar lo mínimo. Herramientas limpias y nuestras varitas mágicas. Todo lo demás no importa. No sabemos qué nos espera.
Neville asintió de nuevo, pero sus pensamientos al respecto estaban borrosos y poco claros. No era solo una aventura, era algo más. Y lo entendía, aunque aún no podía comprenderlo completamente.
Cuando dejaron el castillo, el día ya estaba llegando a su fin, y la niebla que se acumulaba en las montañas envolvía todo a su alrededor, como un suave pero siniestro velo. Los estudiantes rara vez se atrevían a salir hacia esas tierras, porque estaban rodeadas por el halo de viejos mitos y temores. Las montañas siempre habían sido misteriosas e inalcanzables. Pero para Neville y Luna, esto no era solo una misión mágica, era una prueba personal que pondría a prueba sus fuerzas, su confianza mutua y sus secretos más profundos.
Editado: 20.03.2025