Los pasillos oscuros por los que caminaban no causaban miedo, pero cada paso retumbaba en el vacío. Ese lugar estaba casi abandonado, aunque en su momento había albergado los conocimientos mágicos más sagrados. Ahora, solo la luz de sus varitas iluminaba el camino. Ese mismo brillo podría reflejar sus pensamientos ocultos, si tan solo fueran más sinceros el uno con el otro. Pero por ahora, sus sentimientos permanecían ocultos, al igual que los antiguos secretos que les tocaba desentrañar.
—No pensaba que aquí estuviera tan… sombrío —dijo Polumna. Su voz apenas rompió el silencio, pero Neville sintió un leve nerviosismo en ella.
Se volvió hacia ella y sus miradas se cruzaron, pero por un momento algo dentro de él tembló antes de apartar la vista y mirar al frente. Sabía que ella también sentía la tensión. Sin embargo, con cada palabra de ella, Neville entendía lo importante que era seguir adelante. Y, a pesar de la oscuridad, sentía una extraña seguridad de que podían superar cualquier prueba.
—Creo que hace mucho que nadie pasa por aquí —respondió él, intentando ocultar la nerviosidad en su voz—. Pero estamos en el camino correcto.
Polumna asintió en silencio y siguió adelante. Sus movimientos eran gráciles, seguros, lo que hacía que Neville se sintiera mucho más tranquilo. La miraba, como siempre, admirando su capacidad para superar las dificultades, pero también por cómo se mantenía cerca de él. Parecía iluminar el camino oscuro, y Neville no podía deshacerse de la sensación de que su presencia en su vida se había vuelto extraordinariamente importante para él.
Cuanto más avanzaban, más difícil se volvía su camino. Los pasillos se estrechaban y el aire se volvía más frío, como si se acercaran al mismo corazón de un antiguo mal. Finalmente, ante ellos se abrió una gran sala. Era enorme y, a la vez, aterradora; las paredes estaban cubiertas de runas mágicas, y del techo colgían velas viejas y apagadas que apenas ardían. Pero en el centro de la sala había algo inusual. Un objeto que emanaba la misma magia que ellos buscaban. Esto era solo el comienzo.
—Hemos llegado —dijo Neville, su voz sonaba firme, aunque su tono delataba el peso del momento. No sabía qué les esperaba, pero comprendía una cosa: no solo la magia, sino también su determinación, los conduciría a la victoria.
Polumna se acercó al centro de la sala y miró al artefacto. Era una piedra antigua, rodeada de hechizos protectores que tenían que romper. Sus ojos brillaron.
—Es el mismo artefacto. Lo hemos encontrado —dijo, con una ligera sonrisa, aunque su voz seguía sonando tensa.
Neville dio un paso hacia ella, pero de repente sintió cómo aumentaba su tensión interna. Estaban en un lugar donde se pondrían a prueba su fuerza y sus sentimientos. El aire estaba impregnado con el olor a antigüedad, magia y peligro. Todo a su alrededor estaba atravesado por algo ominoso. Se giró hacia Polumna para preguntar qué debían hacer a continuación, pero en ese momento sintió cómo el aire a su alrededor se volvía más espeso.
—Tenemos que tener cuidado —dijo, apenas conteniendo su ansiedad en la voz—. Esto no puede ser tan sencillo.
Polumna lo miró atentamente. Su mirada era tranquila, pero Neville sabía que ella también sentía la tensión. Sus palabras tal vez solo confirmaban lo que ella ya pensaba. Asintió, y su rostro se volvió aún más concentrado.
—Tienes razón. Debemos estar preparados para todo —respondió, y en su voz Neville percibió esa misma determinación que siempre la ayudaba a superar las dificultades—. Pero lo conseguiremos. Lo conseguiremos juntos.
Neville sintió cómo sus palabras penetraban en él, dándole fuerzas. Estaba junto a ella, y eso no era solo una coincidencia. Era su meta común, su lucha conjunta. Su vínculo ahora era más fuerte que nunca, y había algo mágico en ello, algo mucho más profundo que solo su viaje.
Cuando se acercaron a la piedra, sus varitas comenzaron a brillar, reflejando la magia a su alrededor. Polumna tomó la mano de Neville, y él sintió cómo su toque le daba confianza. Era una sensación extraña, estar tan cerca de alguien cuyos pensamientos y sentimientos ahora casi intuía. Todo lo que habían pasado los había llevado hasta allí, y ahora estaban en el umbral de algo mucho más grande.
En ese momento, Neville se dio cuenta de que sus sentimientos por Polumna iban mucho más allá de una simple admiración o cariño.
No sabía cómo llamarlo, pero sentía que ella era mucho más importante para él de lo que había pensado. Ella era su apoyo, su aliada, y en su presencia, se sentía no solo más fuerte, sino también protegido.
— ¿Estás listo? —preguntó ella en voz baja, mirándolo. En sus ojos ardía la misma llama que siempre le daba fuerzas.
Neville la miró a los ojos y en ese momento comprendió que estaba listo. Estaba preparado para todo. Y si tenían que enfrentarse a algún peligro, sería juntos.
— Sí —respondió él, y dieron un paso hacia adelante, listos para lo que les esperaba en esa sala oscura.
La piedra flotaba en el aire, girando lentamente, como si los estuviera evaluando, los que habían alterado su paz. Su resplandor iluminaba la sala, sacando de la oscuridad cada detalle de los antiguos relieves en las paredes, cada grieta en el suelo de piedra. Polumna y Neville se quedaron quietos, tomados de la mano, como si su fuerza dependiera de esa simple acción.
Polumna sintió cómo su pulso se aceleraba, pero no por miedo. Su corazón latía al ritmo de la magia que ahora se desbordaba a su alrededor. Miraba la piedra, pero sus pensamientos estaban en Neville, en cómo él había respondido a su desafío con tanta seguridad. Su mano era cálida y firme, y ese toque le daba la sensación de que no estaba sola.
Neville, por su parte, sentía una mezcla de emociones. Sabía que estaban cerca del objetivo, pero lo que más le impactaba era cómo se comportaba Polumna. Estaba tan concentrada, tan tranquila, incluso en un momento en que la magia parecía fuera de control. Su presencia a su lado le hacía sentirse más fuerte.
Editado: 20.03.2025