El eco de sus pasos resonaba por la sala mientras Polumna y Neville se alejaban del lugar donde la magia de los guardianes se desintegraba en polvo. Pero la sensación de victoria pronto se desvaneció. El espacio a su alrededor parecía interminable y ajeno, y lo que les esperaba adelante era un nuevo desafío.
— ¿Ahora qué? —preguntó Neville, mirando alrededor. Las paredes estaban cubiertas por runas que brillaban con una luz azul tenue, como si estuvieran observando cada uno de sus pasos.
Polumna se detuvo frente a una enorme puerta tallada con imágenes. Mostraban una batalla entre dos magos, cuya magia rasgaba el espacio a su alrededor. Bajo sus pies, había fragmentos de un mundo que ellos intentaban proteger o destruir.
— Aquí es donde todo comenzó —dijo en voz baja. Su tono sonaba solemne, como si supiera algo que Neville aún no entendía.
— ¿Qué comenzó? —Neville se acercó, tratando de comprender el significado de esos símbolos.
Polumna pasó su mano por los relieves, sus dedos temblaban ligeramente.
— El primer conflicto —respondió. — Esto no son solo guardianes o trampas. Este artefacto, Neville, es la clave de algo mucho más grande. Lo crearon dos magos que creían que su poder podía cambiarlo todo. Pero no lograron ponerse de acuerdo, y su conflicto dividió al mundo en partes.
Neville escuchaba con atención, pero al mismo tiempo sentía que su ansiedad crecía.
— ¿Y ahora tenemos que arreglar sus errores?
Polumna sonrió, pero en su sonrisa había una mezcla de amargura y determinación.
— No. Tenemos que encontrar el equilibrio.
Ella dio un paso adelante y levantó su varita. Su voz era calmada cuando comenzó a pronunciar un hechizo. Las palabras salían rítmicamente, resonando en las paredes. Neville la siguió, repitiendo las frases sin entender del todo su significado.
Las puertas comenzaron a temblar, y los relieves sobre ellas cobraron vida. Los magos representados en la imagen se movían, como si volvieran a entrar en combate. De repente, las puertas se abrieron con un fuerte chirrido, revelando una nueva sala.
Dentro de la sala de pruebas
La sala era enorme y vacía, pero el centro de la atención estaba en un pedestal. Allí, sobre él, descansaba otro artefacto: un escudo forjado de metal negro que brillaba incluso en la débil luz. Alrededor de él flotaban llamas mágicas que parecían fantasmas.
Polumna se detuvo y sus ojos brillaron.
— Este es el Escudo de la Armonía —dijo. — Uno de los artefactos más poderosos, creado para unir las magias.
— ¿Y qué hacemos con él? —preguntó Neville, pero en ese momento entendió que la respuesta era obvia.
Desde el otro lado de la sala, aparecieron tres nuevas figuras. No eran guardianes, sino figuras espectrales que se parecían a personas reales. Sus rostros eran severos y sus ojos brillaban con magia.
— Ustedes son los que han venido a romper el sello —dijo una de las figuras. Su voz era profunda y resonaba en sus mentes. — Para demostrar que son dignos, deben pasar tres pruebas.
Polumna y Neville se miraron.
— ¿Qué pruebas? —preguntó Polumna, dando un paso adelante.
Los fantasmas desaparecieron y la sala comenzó a transformarse. El suelo tembló bajo sus pies y de repente se encontraron en medio de un laberinto de piedra. El techo desapareció, dejando al descubierto el cielo cubierto de nubes oscuras, por donde se filtraba una luz verde.
— Esto no va a ser fácil —dijo Polumna, mirando los pasillos tortuosos que se extendían ante ellos.
— ¿Crees que es un rompecabezas? —preguntó Neville.
— No —respondió ella—. Es una prueba de nuestra mente, nuestra fuerza y… de nuestra conexión.
Primer laberinto: La ilusión del pasado
A medida que empezaron a moverse, las paredes del laberinto cobraron vida. Aparecieron imágenes de su pasado. Neville vio escenas de sus años de estudiante: su primera batalla, cuando enfrentó a Bellatrix Lestrange; el momento en que destruyó el Horrocrux. Pero de repente, todo cambió.
En una de las paredes vio a su abuela regañándolo por su inseguridad. Sus palabras eran dolorosas, pero reales.
— No eres lo suficientemente fuerte para ser un mago como tu padre —resonó su eco.
Neville se detuvo, congelado frente a esta imagen. Su corazón se apretó y sus manos empezaron a temblar.
— Esto no es real —dijo Polumna, tocando suavemente su hombro—. Solo es una prueba.
— Pero se siente tan real —susurró Neville.
Polumna se giró hacia él. Su voz era más suave.
— Neville, el pasado no nos define.
Es solo una parte de nuestra historia, pero siempre podemos elegir cómo actuar a partir de ahora.
Sus palabras, simples pero sinceras, hicieron que Neville mirara de nuevo la imagen. Esta comenzó a desvanecerse, hasta que desapareció por completo.
— Tienes razón —dijo él, mirándola con gratitud.
Siguieron adelante. Ahora era Neville quien apoyaba a Polumna cuando aparecieron sus propias ilusiones en las paredes: escenas donde ella se sentía aislada y incomprendida. Pero ahora estaban juntos, y ninguno de los dos estaba solo frente a sus miedos.
Segundo laberinto: Prueba de fuerza
Los pasillos se estrecharon y frente a ellos aparecieron barreras mágicas. Necesitaban destruirlas usando sus hechizos. Pero cada barrera respondía con más fuerza a la magia que se usaba en su contra.
Neville utilizó su fuerza, destruyendo la primera barrera con un potente hechizo “Bombarda”. Pero las siguientes barreras se volvían cada vez más fuertes.
— No es solo fuerza —dijo Polumna, observando detenidamente la siguiente barrera—. Responden a nuestras emociones.
Ella extendió la mano hacia la barrera y pronunció “Lumos”. La barrera brilló y luego desapareció, como si reconociera su amabilidad.
— A veces, para ganar, no hace falta destruir —dijo ella, mirándolo.
Cuando Polumna destruyó la última barrera sin violencia innecesaria, Neville entendió lo diferentes, pero complementarios, que eran sus enfoques. Él siempre se encargaba de la parte física, pero Polumna veía más allá de lo que otros podían.
Editado: 20.03.2025