Los Borrados

Sangre

El sol empieza a ocultarse entre las montañas, el viento se vuelve fresco y los grillos cantan. Entonces, un potente olor golpea la nariz de la vieja Nariem.

Se detiene.

—Alto —dice sin voltear a ver a los miembros del grupo que van tras de ella.

—¿Qué pasa, abuela? —pregunta el joven Yamael.

—Madre, debemos seguir. Necesitamos un lugar donde pasar la noche —insiste Tarek.

Quien lleva el cabello recogido en una cola atada por un pedazo de piel adornado con pequeños huesos. En la mano izquierda sostiene su bastón; con la derecha, la mano de Mayari.

La anciana entrecierra los ojos.

—¿Lo sientes, hijo?

Tarek aspira el aire.

—Sangre.

El aire se vuelve pesado cuando llegan a la planicie y el olor resulta insoportable. Hay al menos quince cuerpos dispersos por el campamento: hombres, mujeres y niños por igual. Los hombres yacen al frente, con los arcos aún cerca de sus manos; las mujeres quedaron en las entradas de los refugios, las madres aferradas a lo que una vez juraron proteger. El silencio es espeso, antinatural. No se escuchan grillos ni viento. Solo el zumbido de las moscas.

En el centro del campamento, varios palos han sido clavados en la tierra. En lo alto de uno de ellos, el rostro del líder observa el horizonte. En otro, el del chamán.

—Iktan, Amek —los llama Xurán—. Vayan a los alrededores. Busquen a los culpables de esta desgracia.

—Entendido —dicen los dos al unísono.

—Ayuda...

Una voz sale de entre los refugios.

—¿Hay alguien ahí? —grita Yamael.

—Calla, no sabemos quién pueda ser —Nariem le tapa la boca.

Un muchacho de la edad de Yamael emerge de entre los restos de uno de los refugios. Su cabello está cubierto de tierra, además de una capa de barro seco y rojo que cubre su cuerpo.

Y no parpadea.

***

—Es inaceptable —proclama Nariem.

—Yamael, trae al chico.

—Enseguida, padre.

Yamael vuelve con el muchacho. Ahora se distingue su piel cobriza y limpia. Se le marcan las costillas y le tiemblan las extremidades.

—¿Cuál es tu nombre, hijo?

—Aketz.

Desde que lo sacaron de entre los restos, solo responde cuando le preguntan algo, sin dejar de mirar al suelo.

—Aketz, ¿puedes contarnos qué pasó? —Nariem coloca su mano cálida sobre la cabeza del chico.

Él se tensa de inmediato al sentir el tacto de la anciana. Yamael lo nota; toma la muñeca del chico hasta que deja de temblar y logra que voltee a verlo.

—Tranquilo... —busca sus ojos entre el pelo enmarañado.

Inhala el aire limpio. Y luego lo suelta.

—Llevábamos siete días en ese lugar —cuenta Aketz— cuando algo extraño se escuchó a lo lejos, junto con rugidos y gritos de hombres; los mayores prepararon sus arcos y a los jóvenes nos escondieron en las tiendas. Intenté ver qué ocurría, pero solo pude distinguir la silueta de bestias a cuatro patas levantando polvo y, sobre ellas, hombres cubiertos por completo con un material brillante que reflejaba la luz... ustedes ya saben cómo terminó la historia.

Se aparta y se lleva la mano al rostro para limpiarse las lágrimas que caen por sus mejillas.

—Llévalo a comer algo, hijo —le pide Mayari.

—Sí, madre.

Yamael se levanta y camina hacia el otro extremo del campamento. Aketz duda apenas un instante antes de seguirlo.

—Debemos hacer algo —exige Nariem—. Esto no puede quedarse así.

—Hagamos un ritual —propone Suyén—. Uno poderoso.

—Bien —Tarek empieza a cavar un pozo—. Xurán, envía a Iktan y Amek por los materiales necesarios.

—En cuanto regresen de la inspección, los enviaré.

—Tarek, hijo —Nariem coloca su mano en la espalda del chamán—. Tengo un mal presentimiento sobre las bestias.

Tarek mira a su madre, esa persona que siempre lo ha dado todo por él. Verla llena de miedo hace que algo se rompa en su interior.

—Yo también... pero haré todo lo que esté en mis manos para solucionarlo.



#148 en Paranormal
#55 en Mística
#1617 en Otros
#276 en Relatos cortos

En el texto hay: prehispanico, cuentocorto, realismomágico

Editado: 01.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.