Los Borrados

Tierra

Iktan y Amek regresan con los materiales necesarios.

—El ritual consiste en hacer collares para cada miembro del grupo —explica Tarek—, con un amuleto del mismo material que mi bastón. Así uniremos nuestra energía para derrotar a las bestias.

Un murmullo de emoción recorre al grupo. Algunos levantan los puños; otros aplauden.

—No se emocionen —los reprende el chamán—. Existe el riesgo de que suframos el mismo destino que ellos.

—¡Eso no importa! —grita Xurán.

—Sí —lo apoya Suyén—. Mientras les pongamos un alto, nuestro sacrificio no será en vano.

En ese instante, pasos desesperados irrumpen en el campamento.

Es Xali.

Su respiración es irregular. Tiene barro seco en las piernas.

—¿Qué pasa, hija? —pregunta Amek, avanzando hacia ella.

Xali intenta hablar, pero el aire no le alcanza. Las lágrimas brotan sin control.

—Las bestias... —logra decir al fin—. Nos encontraron.

—¿En dónde está mi nieto? —pregunta Nariem.

—Venía detrás de mí... con el otro muchacho.

—Le pasó algo —Mayari rompe en llanto—. Lo sé. Es mi hijo.

Tarek aprieta los dientes. Camina hacia Xali.

—Llévame —exige—. Hoy terminamos con ellos.

Nadie protesta.

Uno a uno, se colocan los amuletos alrededor del cuello. El material opaco refleja la luz de la luna como si latiera desde dentro.

Tomados de las manos, caminan detrás del chamán.

No tardan en reconocerlos.

El mismo sonido que había descrito Aketz: golpes secos contra la tierra.

Las bestias de cuatro patas los esperan frente a ellos.

Altas. Inmóviles.

Sobre sus lomos, figuras cubiertas por completo con aquel material brillante.

Sin dudarlo, Tarek comienza el conjuro.

—Luz de luna, cúbrenos con tu manto y vuelve invisible nuestro miedo. Naturaleza, madre antigua, nos entregamos a ti en cuerpo y espíritu; toma lo que es tuyo, reclama lo que te fue arrebatado. Sol eterno, cuando regreses al cielo, quema la maldad que nos cubre y purifica esta tierra con tu fuego. Si sangre debe pagarse con sangre, que sea la nuestra. Si vida debe entregarse, aquí está. Tomen esta oscuridad y devuelvan los cuerpos a su origen. Que lo que no pertenece a este mundo sea arrancado de él.

Los miembros del grupo comienzan a fusionarse unos con otros. La piel cubierta de barro se endurece hasta volverse corteza; sus cabellos negros se alargan, se tornan verdes y apuntan al cielo en lugar de caer sobre sus hombros.

Las piernas del chamán se estiran y se funden entre sí. Su cuerpo se eleva mientras la madera reemplaza la carne. La energía fluye desde sus raíces recién nacidas hacia el árbol gigantesco que se alza tras él, y desde ahí se expande como un latido luminoso, disparándose contra el ejército de bestias.

El suelo tiembla.

Un resplandor atraviesa la noche.

Y, en un instante suspendido entre el grito y el silencio, las bestias y quienes cabalgaban sobre ellas comienzan a retorcerse. Sus formas se doblan, se quiebran, se alargan. La piel brillante se opaca. Las cuatro patas se hunden en la tierra.

Cuando todo termina, ya no hay ejército.

Solo árboles.

Iguales a los delgrupo y al del chamán... pero más pequeños, torcidos, deformes por su inútilintento de huir del llamado de la tierra.



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En el texto hay: prehispanico, cuentocorto, realismomágico

Editado: 01.08.2026

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