Los Chicos Que Odio

3

Parpadeo un par de veces, como si eso fuera a ayudarme a reaccionar más rápido.

Este chico de cabello rubio, ojos color miel y piel bronceada me está sonriendo como nadie antes lo había hecho.

En realidad solo logro quedarme mirándolo un segundo más de lo necesario, porque de cerca es incluso peor o mejor, no sé, pero definitivamente distinto a como lo había imaginado cuando Rami lo mencionó.

Por un momento me olvido por completo del agua en el suelo, de las risas, de todo.

—Eh… —bajo la mirada finalmente hacia la botella que sostiene—, sí… gracias.

Él solo asiente, extendiendo la botella un poco más hacia mí, sin apurarme. —Pateo muy fuerte el balón —añade, con un tono tranquilo, como si eso explicara todo—. Lo siento.

Suelto una pequeña risa por lo bajo mientras tomo la botella, cuidando no rozar demasiado sus dedos aunque inevitablemente lo hago, un contacto mínimo que aun así se siente más de lo que debería y doy un sorbo rápido más por hacer algo que por verdadera sed.

—Sí, ya veo —murmuro, devolviéndosela después de un segundo—. Gracias… otra vez.

Él niega con la cabeza, restándole importancia, por un instante parece que va a decir algo más pero en lugar de eso solo me observa con una ligera inclinación de la cabeza.

—Deberías sentarte un poco más lejos, te pueden golpear —dice.

—Sí, gracias —respondo, encogiéndome de hombros—. Solo vine con mi amiga.

Señalo con la mirada hacia donde están las porristas, donde Rami está completamente metida en lo suyo, riéndose con otras chicas como si no hubiera nada más alrededor.

—Ya veo —responde, hay una pequeña sonrisa en su rostro.

El ruido de un silbato suena a lo lejos, seguido de un grito del entrenador que no alcanzo a entender del todo, él gira ligeramente la cabeza en esa dirección antes de volver a mí. —De todas formas, perdón por lo de la botella.

—No fue tu culpa —respondo rápido, negando con la cabeza—. Bueno, sí, un poco, pero no importa.

Eso lo hace soltar una risa corta. —Soy Alec, por cierto.

Alec.

El chico nuevo.

Asiento, como si no fuera obvio. —Rosie.

—Bueno, Rosie —repite, escucharlo decir mi nombre así se siente extraño, pero no en el mal sentido—, intenta no ser golpeada.

—Lo intentaré —respondo con una pequeña sonrisa.

Se levanta entonces, apoyándose en una sola mano antes de incorporarse completamente y por un segundo tengo que alzar un poco más la vista para seguirlo, lo cual no ayuda en absoluto a mantener la compostura que intento fingir.

Cuando se pasa una mano por el cabello de forma distraída, como si fuera un gesto automático tengo que apartar la mirada antes de quedarme viendo demasiado.

—Nos vemos —dice, dando un pequeño paso hacia atrás.

—Sí… nos vemos.

Lo veo alejarse hacia la cancha, integrándose al resto como si siempre hubiera estado ahí y me quedo un segundo más con la botella vacía en la mano antes de dejarla a mi lado, exhalando lentamente mientras vuelvo a sentarme bien.

No es gran cosa.

En serio, no lo es.

Solo fue… alguien siendo amable.

Bajo la mirada hacia mi teléfono otra vez, aunque ya no estoy viendo nada realmente, pasando imágenes sin prestarles atención, porque mi cabeza se queda un poco atrás en ese momento breve, en la forma en que habló.

Y justo cuando estoy a punto de convencerme de que no significa nada, levanto la vista casi por inercia hacia la cancha y me encuentro con otra mirada.

Nico.

No sé cuánto tiempo lleva observando, pero cuando nuestros ojos se cruzan, no aparta la mirada de inmediato, hay algo en su expresión que no logro leer del todo.

Sostengo la mirada apenas un segundo, luego la aparto.

~

No pasa mucho tiempo antes de que el entrenamiento baje de intensidad y casi al mismo tiempo, las porristas se dispersen en pequeños grupos.

Algunas sentándose en las gradas, otras buscando agua y entre todo ese movimiento reconozco a Rami viniendo directo hacia mí con esa expresión suya que ya conozco demasiado bien.

—No te muevas —dice apenas llega, como si existiera la posibilidad de que yo fuera a salir corriendo—. Acabo de ver lo que pasó.

Suelto una pequeña exhalación, apoyando los codos en mis rodillas mientras dejo el teléfono a un lado. —No pasó nada.

—Claro que pasó algo —insiste, sentándose a mi lado sin pedir permiso—. El chico nuevo literalmente se arrodilló frente a ti, Rosie.

Pensé que no me había visto nadie más.

—Se inclinó para recoger la botella —corrijo, aunque mi voz no suena tan convincente como me gustaría.

—Y luego te dio agua —añade, levantando una ceja—. Su agua.

Ruedo los ojos, pero no puedo evitar que una pequeña sonrisa se me escape. —Estaba siendo amable.

—Ajá —dice, alargando la palabra de una forma que deja claro que no me cree nada—. ¿Y también es amable con todas o solo contigo?

—Rami.

— ¿Qué? Solo pregunto.

Niego con la cabeza, desviando la mirada hacia la cancha otra vez como si eso fuera a ayudarme a cerrar el tema, pero sé que no va a rendirse tan fácil.

Justo cuando estoy a punto de decirle que lo deje, una voz interrumpe desde atrás. —Vaya.

Ni siquiera necesito girarme completamente.

— ¿También ahora aceptas bebidas de desconocidos? —Continúa Marcello, acercándose lo suficiente como para colocarse justo a nuestro lado—. Pensé que eras más inteligente, las chicas no deberían aceptar bebidas de extraños.

Cierro los ojos un segundo antes de girar la cabeza hacia él. — ¿Tú siempre apareces sin que te llamen o es algo personal conmigo?

—Un poco de ambas —responde sin dudarlo dejando caer su peso contra la baranda como si este fuera su lugar favorito en el mundo—. Pero no me distraigas, estaba hablando de tu nuevo amigo.

—No es mi amigo.

—Todavía —corrige, con una pequeña inclinación de cabeza—. Pero vas rápido, Rosie.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.