Los Chicos Que Odio

5

—Oye mamá, ¿Recuerdas cuando me dijiste que las chicas también podemos dar el primer paso? —toco el borde del plato vacío.

Mamá le da un sorbo a su café. —Claro, eso siempre es importante recordarlo.

Tomo una respiración y veo hacia la pared donde está el diploma de la primaria por un concurso de ciencias. — ¿Qué pasa si hacer eso te hace ver desesperada? O, ¿Rara?

Mamá suelta una carcajada y se limpia la comisura de los labios. —Bueno, eso puede pasar pero un verdadero hombre jamás vería eso como algo malo, es más, se sentiría alagado —se levanta de la silla—, ¿Ya terminaste? Voy a lavar todo.

Asiento y me levanto también, para ayudarla con los platos mientras sigo repitiendo sus palabras en mi mente.

Unos minutos después me voy a mi habitación y me dejo caer sobre la cama. Cierro los ojos unos segundo recordando cuando Alec se acercó y la manera en que me estaba mirando.

No soy de creer en esas cosas pero juro que me estaba viendo de una manera distinta, como si en ese momento algo cambió y él lo sabía también.

Abro los ojos solo para ponerme de pie y tomar mi teléfono que dejé sobre el escritorio, regreso para sentarme al borde y busco la aplicación de mensajes.

Podría hacerlo, podría solo enviarle un mensaje y olvidarme de todo si él no responde o sale mal.

Mi padre siempre dice que lo peor que puede pasar, es que no pase nada, si te arriesgas.

Mi corazón se acelera mientras busco su contacto y se abre la ventana del chat. Primero escribo un saludo pero lo borro, luego escribo una carita sonriente pero también la borro.

¿Por qué es tan difícil esto?

Tomo una respiración larga y finalmente escribo:

“Hola, gracias por lo de hoy. Soy Rosie por cierto”

Me muerdo el labio leyendo el mensaje dos veces, preguntándome si debo agregar algo o hacerle una pregunta para que la conversación continúe pero no lo hago, solo presiono enviar y mi estómago se revuelve.

Bloqueo el teléfono y lo dejo volteado sobre la cama. Respiro de nuevo, profundo, mientras mi cuerpo se siente electrocutado.

Lo hice.

Veo el reloj y pienso que solo debo concentrarme en algo más, cualquier cosa. No tengo que pensar solo en Alec, a pesar que no hacerlo es muy difícil.

Me obligo a levantarme de la cama antes de que mi mente empiece a reproducir el mensaje una y otra vez como si fuera la única cosa importante en el mundo, porque sé que si me quedo quieta voy a terminar dándole vueltas a cada palabra, a cada posible interpretación, a cada escenario donde él responde… o no responde y honestamente no estoy lista para ninguna de las dos opciones.

Camino hacia mi escritorio sin un propósito real solo con la necesidad de hacer algo, lo que sea y empiezo a mover cosas que no necesitan ser movidas, alineo cuadernos, abro uno al azar, lo cierro, tomo un lápiz y lo dejo exactamente en el mismo lugar, como si mi cuerpo estuviera intentando distraerse aunque mi cabeza siga atrapada en otro lado.

No mires el teléfono.

No lo mires.

Me repito eso mientras cruzo hacia el espejo y me observo apenas un segundo, como si fuera a encontrar algo distinto en mi cara, como si de alguna forma el haber enviado ese mensaje hubiera cambiado algo visible, pero soy la misma, con el mismo gesto ligeramente tenso y esa mirada que no termina de decidir si está emocionada o arrepentida.

—Relájate —murmuro, más para llenar el silencio que porque realmente funcione.

Regreso a la cama, pero en lugar de sentarme donde dejé el teléfono, me dejo caer del otro lado, dándole la espalda como si así pudiera ignorarlo más fácilmente y fijo la vista en el techo, siguiendo con la mirada una pequeña grieta que nunca había notado hasta ahora.

Un minuto.

Tal vez dos o tres.

Siento el impulso de girarme, de revisar, de asegurarme de que sigue ahí, de que no me equivoqué y no lo envié pero me contengo apretando ligeramente los labios mientras entrelazo los dedos sobre mi estómago.

Esto es ridículo. Es solo un mensaje, no significa nada.

O eso intento decirme, aunque mi corazón no parece estar muy de acuerdo, porque sigue latiendo un poco más rápido de lo normal, como si estuviera esperando algo, como si supiera que en cualquier momento.

Y de pronto, el sonido de notificación de mi teléfono.

Mi cuerpo reacciona antes que mi mente girándome de inmediato hacia el teléfono, quedándome inmóvil un segundo, solo mirándolo.

Trago saliva y lo tomo.

La pantalla se ilumina, por un segundo siento ese pequeño salto en el pecho, esa mezcla entre emoción y nervios.

“Un mensaje nuevo”

De un número que no tengo guardado… bueno, sí, pero se supone que no tengo su número. No pienso demasiado, lo abro.

Alec: “¿Gracias?”

Parpadeo una vez, luego otra.

Mi ceño se frunce lentamente mientras releo el mensaje, como si en una segunda vez fuera a tener más sentido, como si algo fuera a encajar mejor, pero no lo hace.

¿Gracias?

¿Eso es todo?

Mi mente se queda en blanco por un segundo intentando reconstruir algo que claramente no está funcionando porque eso no es lo que esperaba, no es el tipo de respuesta que tenía en mente. No sé qué esperaba pero esto no era.

Muerdo ligeramente el interior de mi mejilla, mirando la pantalla como si fuera a responderme sola. Tal vez no sabe quién soy o tal vez solo no me recuerda. Sí, eso tiene sentido.

No tiene mi número, claro.

Respiro un poco más tranquila al encontrarle lógica. Mis dedos se mueven antes de que pueda pensarlo demasiado.

“Por lo del entrenamiento hoy. En la cancha. ”

Dudo un segundo antes de enviarlo pero ya llegué hasta aquí así que no hay mucho que perder.

Presiono enviar y esta vez no bloqueo el teléfono, me quedo mirando la pantalla, esperando.

Solo pasan unos segundos cuando aparece la burbuja con tres puntos indicando que está escribiendo. Mi corazón está acelerándose como en esas clases de educación física que tanto odio.




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