Los Chicos Que Odio

7

El final del entrenamiento se disuelve sin ningún momento que valga la pena mencionar.

Sin esa mirada que esperé más de lo que debería, sin nada que justifique la pequeña emoción que todavía siento en el pecho mientras me levanto de las gradas junto a Rami.

Caminamos hacia los vestidores entre el ruido de voces, pasos y risas que llenan el espacio abierto de la cancha.

—Espérame aquí un segundo —dice Rami, dejando su bolsa en una banca mientras empieza a buscar algo dentro—. Solo voy a cambiarme el uniforme.

Asiento, apoyándome contra los casilleros, intentando relajar los hombros auto convenciéndome que todo está completamente normal, fingiendo que no pasé la última hora esperando algo que claramente no pasó.

Saco el teléfono casi sin pensarlo y la pantalla se ilumina de inmediato.

Un mensaje nuevo.

Alec.

El corazón me da un salto tan rápido que ni siquiera lo proceso del todo antes de abrir la conversación de él.

Alec: “Fue bueno verte en el entrenamiento.”

Me quedo quieta. Literalmente quieta.

Mis ojos recorren la frase una vez, dos, tres, como si en algún momento fuera a cambiar, como si hubiera una versión distinta escondida entre las mismas palabras.

Fue bueno verte.

El calor vuelve, subiéndome por el cuello y en mis mejillas mientras una sonrisa intenta formarse incluso cuando hace apenas unos minutos estaba convencida de que no había sucedido nada importante.

¿Entonces sí me vio? ¿Y no dijo nada? ¿Prefiere escribir?

Mi pulso se acelera otra vez.

Mis dedos se mueven sobre la pantalla, escribo un “¿En serio?” y lo borro casi de inmediato porque suena demasiado necesitado, demasiado obvio y lo último que quiero es arruinar esto antes siquiera de empezar a entender qué es.

Intento otra cosa.

“Fue bueno verte, aunque de lejos”

Lo miro un segundo. No me convence así que lo borro también.

Respiro hondo, apoyando la espalda contra los casilleros mientras cierro los ojos un instante como si eso fuera a ayudarme a pensar mejor, a encontrar una respuesta que suene natural, para que parezca que no importa tanto como claramente me importa.

Y justo cuando estoy a punto de escribir de nuevo…

—Te juro que ya me cansé de esperar.

Abro los ojos.

Alejandra.

Ella es de esas chicas que quizás no son las amigas de todas las personas en esta escuela pero la conocen muchos, salió con Nico y eso por alguna razón es importante.

Pero no solo eso, ella también es odiosa.

A ver, yo realmente creo que las chicas debemos apoyarnos pero, ¿No te ha pasado que alguien te odia sin ningún motivo? Lo único que recuerdo haber hecho fue hace tres años cuando le pedí a la profesora de Ingles que me dejara trabajar sola en un proyecto porque ella y sus amigos no estaban ayudando en nada.

¿Es eso suficiente para ganarse el odio de alguien?

Y cuando digo que me odia, es así. En ese año ella siempre lanzaba indirectas, hacia comentarios despectivos y prohibido olvidar cuando publicó una foto escolar con todos nosotros y ella le editó cabezas de vacas a los rostros de los que le caían mal.

Incluyéndome.

Está a unos casilleros de distancia, rodeada de dos chicas más, quitándose la coleta mientras habla como si estuviera en medio de un escenario.

—O sea, ¿cuál es el punto de quedarse esperando? —Continúa, cruzándose de brazos—. Si me gusta alguien, lo invito a salir y ya.

Una de las chicas se ríe. — ¿Y ahora a quién?

Alejandra sonríe, ladeando la cabeza. —Al chico nuevo.

Siento cómo algo en mi estómago se hunde. — ¿Cuál? —pregunta la otra.

—El alto —dice, como si fuera obvio—. El que llegó esta semana.

Mi agarre sobre el teléfono se tensa. No dice su nombre pero no necesita hacerlo.

— ¿Alec? —pregunta una de ellas.

Alejandra se encoge de hombros, como si no fuera la gran cosa, aunque su sonrisa dice lo contrario. —Sí, él.

Mi corazón, que hace unos segundos estaba ligero, ahora late de forma distinta.

“Fue bueno verte en el entrenamiento.”

Bajo la mirada hacia la pantalla otra vez. Las palabras siguen ahí pero ya no se sienten exactamente igual.

Alejandra es delgada naturalmente, es alta y su piel es blanca como la porcelana. Su nariz es pequeña, sus ojos verdes y su cabello es rubio oscuro.

Todo eso es lo que a la mayoría de los chicos les gusta.

Yo creo fielmente que todo tipo de piel es hermoso y que la belleza es más que un rostro pero seamos honestas, hay mujeres que sin mucho esfuerzo ganan.

Dicen que no existe, el privilegio de ser bonita y Alejandra sabe muy bien que sí lo tiene.

Digo, mi mejor amiga Rami es hermosa pero su color de piel es más oscuro y yo he visto como la tratan diferente. Eso es más que una desventaja de estándares de belleza social, eso incluso podría ser racismo o clasismo pero a las personas a veces no les importa.

Y como mamá dice, a mi edad, los chicos piensan con las hormonas y no con el cerebro.

Así que, la mayoría de las hormonas masculinas buscan a las chicas como Alejandra y sí, chicas como Rami también porque dejando a un lado a los idiotas ignorantes que hacen bromas racistas de las raíces de la India de ella, mi mejor amiga es hermosa.

Ella es igual de alta, piernas largas, todo su cuerpo es atlético y jamás ha batallado para entrar en un pantalón de cintura pequeña o con el escote. Ese tipo de chicas es altamente buscadas por los chicos.

Pero a las simples mortales como yo… no.

Alec pudo ser el primer chico que se fijaba en mí, que demostraba aunque sea un poco de atención e interés. Alguien que me vio de cerca y seguramente pudo notar los dos granos en mi barbilla o mi diente del frente ligeramente torcido y aun así, fue lindo conmigo.

Pero ahora, si Alejandra está interesada, he perdido.

Trago saliva, sintiendo esa emoción transformarse en algo más complicado, algo que no sé si quiero analizar demasiado porque probablemente no me guste la respuesta.




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