Los Chicos Que Odio

12

El siguiente día llega demasiado rápido.

Rami está hablando a mi lado, diciéndome algo sobre el entrenamiento de la tarde, pero mi mirada se mueve sola, recorriendo el pasillo.

Lo encuentro sin esfuerzo. Alec.

Está apoyado contra los casilleros, con un grupo de chicos, riéndose de algo que uno de ellos dice, completamente relajado, como si nada en el mundo pudiera alterarlo.

Se ve… normal, como siempre, como si no hubiera pasado absolutamente nada entre ayer y hoy.

Mi estómago hace ese pequeño movimiento incómodo que intento ignorar.

—Ahí está —dice Rami de pronto, siguiendo mi mirada sin ningún esfuerzo—. Literal ni disimulas.

—No lo estaba buscando —murmuro, aunque suena más débil de lo que me gustaría.

Rami suelta una risa baja, claramente sin creerme, pero no dice nada más, y por un momento agradezco eso.

Mis ojos vuelven a él, casi por reflejo.

Alec levanta la mirada justo en ese momento, y por un segundo, muy corto pero suficiente, nuestras miradas se cruzan. Siento el impulso inmediato de sonreír. De hacer algo. De reconocer, al menos, que hablamos ayer, que hubo algo, aunque fuera mínimo.

Pero él solo… asiente levemente, un gesto rápido casi automático y luego vuelve a su conversación como si nada hubiera pasado, como si yo fuera solo otra persona más cruzándose en su campo de visión.

Me quedo quieta un segundo. El ruido alrededor sigue igual, pero algo en mí se queda en silencio.

— ¿Te saludó? —pregunta Rami, inclinándose un poco hacia mí.

—Sí… supongo —respondo, aunque no estoy completamente segura de que eso cuente como un saludo.

Seguimos caminando, pero mi mente se queda atrás, atrapada en ese momento que no duró nada.

Intento encontrarle sentido, convencerme de que es normal, de que tampoco esperaba que fuera diferente, de que no tenemos tanta confianza como para algo más.

Sin embargo, estoy confundida porque esto no encaja con la conversación de anoche. No con la forma en que me escribió.

—Oye —dice Rami de pronto, mirándome con una mezcla de curiosidad y emoción—. ¿Y qué te puso después? ¿Hablaron más?

La pregunta me aterriza de golpe, devolviéndome al presente. Niego suavemente con la cabeza. —Solo nos despedimos.

Rami hace una mueca, como si eso no fuera suficiente.

Yo, en cambio, no puedo evitar mirar otra vez hacia atrás, aunque ya sé lo que voy a encontrar. Alec sigue ahí. Riendo. Hablando.

Sin mirarme.

Y lo peor no es que no lo haga, es que de alguna forma después de anoche… pensé que lo haría.

Cuando llega el momento, nos movemos a nuestra siguiente clase.

El salón de biología tiene ese aire acondicionado que siempre está demasiado frío, como si alguien hubiera decidido que pensar mejor requiere congelarse un poco.

Entro detrás de Rami, tomo asiento mientras el profesor empieza a hablar al frente, explicando algo sobre un proyecto.

Intento concentrarme, de verdad lo intento, pero mi atención se escapa con facilidad, moviéndose sola hacia donde no debería.

Alec está dos filas más adelante.

No mira hacia atrás.

No me mira.

Siento esa pequeña punzada otra vez.

—Bueno, para este proyecto van a trabajar en parejas —dice el profesor, interrumpiendo el murmullo general que empieza a crecer en el salón—. Voy a asignarlas yo.

Un suspiro colectivo recorre la clase y no puedo evitar tensarme un poco, porque esto nunca termina bien, o al menos no para mí. Cruzo los brazos sobre el escritorio, esperando mi nombre.

El profesor empieza a leer la lista, nombres que no me importan. Risas aquí y allá mientras las personas se mueven al lado de sus compañeros.

—Rosie…

Levanto la mirada casi de inmediato.

—…con Nico.

Por un segundo no reacciono.

Siento la mirada de Rami clavarse en mí desde el asiento de al lado, claramente interesada en mi reacción.

Me levanto, caminando hacia el lugar donde está Nico tratando de mantener una expresión neutral como si esto no fuera incómodo, como si no me importara en lo más mínimo.

Él ya está acomodando sus cosas cuando llego, levantando la vista cuando me detengo frente al escritorio.

—Supongo que tenemos que trabajar juntos—digo.

Nico asiente ligeramente. —Sí.

Me siento frente a él, dejando mi mochila a un lado, esperando, casi por reflejo, que en cualquier momento diga algo que arruine la tranquilidad aparente del momento, pero no pasa.

Nico abre su libro de trabajo, hojeando unas páginas. —Es sobre el sistema respiratorio —señala la hoja—. Hay que hacer una presentación.

Asiento, inclinándome un poco para ver mejor, agradeciendo en silencio que esté yendo directo al punto, sin hacer esto más incómodo de lo necesario.

—Podemos dividirlo —agrega—. Una parte tú, otra yo.

Levanto la mirada hacia él, apenas un segundo. —Sí, está bien.

Su tono es tranquilo, sin esa actitud que suele tener cuando está con Marcello. —Si quieres, tú haces la parte de cómo funciona y yo la estructura —continúa, como si ya tuviera todo medio organizado en su cabeza.

—Está bien —repito, sintiendo que por primera vez en toda la mañana algo es simple.

Un murmullo más fuerte se levanta en el salón y sin querer, mi mirada se mueve hacia un lado. Es Alec y está riéndose, pero no con cualquiera.

Alejandra está sentada frente a él, inclinándose un poco hacia adelante mientras habla, con esa seguridad que siempre tiene. Él la mira atento, interesado.

Mi estómago se aprieta sin permiso.

—Entonces lo hacemos para la próxima semana —dice Nico, devolviéndome al presente sin darse cuenta.

Parpadeo, alejando la mirada de donde no debería haber estado tanto tiempo. —Sí, claro.

Tomo mi cuaderno, fingiendo anotar algo mientras trato de ignorar esa sensación que se quedó en mi interior. Esa mezcla rara entre expectativa y algo más cercano a la decepción.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.