Los Chicos Que Odio

13

El timbre suena y salgo del salón con Rami.

Caminamos hasta una de las bancas más alejadas, donde el ruido de los demás se vuelve un murmullo y el sol cae con suavidad sobre el pasto.

Me dejo caer con un suspiro bajo, apoyando los codos sobre las rodillas mientras fijo la mirada al frente, intentando convencerme de que no fue para tanto lo que sucedió en la clase.

Rami, por supuesto, no tiene la misma intención de ignorarlo, porque apenas se sienta se gira hacia mí con esa expresión entre divertida y analítica que siempre aparece cuando cree que hay algo interesante que comentar.

—Bueno, vamos a hablar de eso —dice, cruzando las piernas mientras me observa.

Cierro los ojos un segundo, negando con la cabeza. —No vamos a hablar de eso.

—Sí vamos —responde sin dudar, inclinándose apenas hacia mí—, Rosie, casi tiras un escritorio completo frente a todo el salón, eso no se ignora así como así.

Frunzo el ceño, apoyando la espalda contra la banca. —No lo tiré, solo lo empujé.

Rami suelta una risa baja, claramente entretenida. —Y medio salón se rio igual.

Exhalo, dejando caer la cabeza hacia atrás por un segundo. —Gracias por recordármelo, de verdad eres de mucha ayuda.

—Para eso estoy —contesta con una sonrisa rápida, pero antes de que pueda seguir quejándome, cambia el tono y me empuja ligeramente el brazo—, pero mejor haz algo útil y escríbele.

Giro la cabeza hacia ella, confundida. — ¿A quién?

—A Alec —responde como si fuera obvio—, tienes la excusa perfecta, algo como “oye, hice el ridículo y necesito que me hagas feliz”.

La miro con incredulidad. —Eso suena peor de lo que ya fue —murmuro, aunque ya estoy sacando el teléfono.

Rami sonríe, claramente satisfecha con el resultado, y se inclina un poco para ver la pantalla. —Solo escribe algo simple.

Abro la conversación y por un momento mis ojos se detienen en los mensajes de anoche, en la forma en que todo se sintió más cercano de lo que debería, en contraste con lo distante que fue él hace apenas unas horas.

Ese pequeño choque vuelve a instalarse en mi cabeza mientras mis dedos se quedan suspendidos sobre el teclado antes de empezar a escribir.

“Eso del escritorio fue vergonzoso, ¿no?”

Me detengo un segundo, leyendo la frase, mientras Rami hace una mueca. —Está bien, pero suena muy serio, agrega algo más.

Respiro profundo mientras pienso como hacerlo casual y que suene relajado, algo no tan serio y escribo debajo:

“Creo que oficialmente perdí toda mi dignidad hoy.”

Rami asiente con aprobación. —Ahora sí.

Dudo apenas un segundo antes de enviarlo, pero finalmente lo hago y en cuanto el mensaje desaparece en la conversación, siento esa pequeña tensión conocida que llega con la espera, como si todo dependiera de lo que pase después.

Los tres puntos aparecen al poco tiempo y sin darme cuenta, me inclino un poco más hacia el teléfono.

La respuesta llega.

Alec: “Tranquila, nadie se va a acordar mañana. Solo fue un accidente, Rosie”

Parpadeo y leo sus palabras dos veces más.

“Sí se van a acordar, así son las personas por aquí y algunas personas les gusta burlarse” escribo casi de inmediato.

Rami hace una cara de fastidio al leer el nombre. —Como Alejandra... deberías decirle que se aleje de ella

La respuesta no tarda.

Alec: “Las personas que se burlan de otras no tienen muchas neuronas”

Alec: “Tranquila, solo fue un accidente”

Alec: :)

Rami se inclina sobre mí para leer. — ¿Ves? Te escribió una cara sonriente, es lindo y tierno.

La miro y ella me hace una seña para que siga respondiendo.

“Tienes razón, gracias por decirlo”

La respuesta llega rápido.

Alec: “No te preocupes…”

Alec: “Además… me hace sentir bien que me lo hayas dicho”

Alec: “jaja eso es raro, ¿no?”

Me quedo mirando esa frase un momento más largo del necesario, sintiendo cómo algo cambia dentro de mí.

Rami también lo nota, porque se cruza de brazos. —Genial, eso estuvo bien, punto para él.

No respondo de inmediato, pero una pequeña sonrisa se me escapa de todas formas.

“Gracias por escucharme, bueno, leerme” escribo, dejando que mis dedos se muevan con más naturalidad ahora.

Alec: “No agradezcas, Rosie”

La respuesta llega casi de inmediato.

Apoyo la espalda contra la banca, levantando la mirada hacia el cielo por un momento mientras sostengo el teléfono sobre el estómago, dejando que el calor del sol contraste con el aire fresco y sin darme cuenta, la vergüenza que traía desde la clase empieza a disolverse poco a poco, reemplazada por una sensación más ligera, más fácil de manejar.

— ¿Ves? —dice Rami, empujándome suavemente con el hombro—, te hizo sentir mejor.

Asiento sin dejar de mirar el teléfono cuando bajo la vista otra vez, encontrando la conversación abierta.

—Un poco —respondo, aunque en realidad es más que eso, porque la forma en que responde, sin exagerar ni intentar impresionar, hace que todo se sienta más natural.

Sin pensar demasiado en las implicaciones de eso, dejo que mis dedos vuelvan al teclado, escribiendo otra cosa antes de que pueda convencerme de no hacerlo.

“Ya no quiero seguir molestando pero gracias otra vez”

Rami sigue mirando mi teléfono con interés, como si la conversación fuera un pequeño espectáculo privado.

Yo dejo el celular sobre mi regazo por un momento, intentando no parecer tan pendiente, aunque mi mente sigue ahí, enganchada a lo fácil que se volvió hablar con él.

—Deberías seguir —dice Rami, inclinándose un poco hacia mí—, no lo dejes ahí.

—No lo estoy dejando —respondo, aunque no muevo el teléfono de inmediato—, solo… no quiero aburrirlo o molestarlo.




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