Los Chicos Que Odio

15

El lugar huele a papas fritas y a algo quemado, el tipo de olor que se queda pegado en la ropa incluso después de salir.

Mientras nos acomodamos en una mesa cerca de la ventana, con Marcello y Rami frente a nosotros y Nico a mi lado, intento convencerme de que esto no es tan mala idea como parecía hace unos minutos.

Marcello es el primero en empezar a comer, como si no hubiera estado esperando este momento específicamente para retomar el tema.

—Entonces —dice, apoyando los codos sobre la mesa mientras me mira con interés—, háblanos de tu novio.

No puedo creer que no deje pasar este tema.

—No es mi novio —respondo de inmediato, tomando una papa frita solo para tener algo que hacer—. Ya dije que es… casi.

—Peor —murmura Nico a mi lado, abriendo su refresco—. Eso suena a que ni tú sabes qué es.

Le lanzo una mirada rápida, pero no le doy el gusto de responderle directamente, solo veo mi comida. —No tengo por qué definirlo para ustedes.

—Pero puedes describirlo —insiste Marcello, sonriendo como si esto fuera lo más entretenido del día—. Solo para tener una idea.

Rami asiente con entusiasmo. —Sí, descríbelo Rosie —hace énfasis en la última palabra y debido a que es mi mejor amiga, entiendo que lo que quiere es que hable de Alec.

Creo que eso quiere.

Dudo un segundo, lo suficiente para darme cuenta de que no debería hacerlo, pero también lo suficiente para saber que si no digo nada no van a soltar el tema en toda la tarde.

—Es… —empiezo, encogiéndome de hombros como si no fuera importante— alto.

—Vaya —dice Nico con tono plano—. Qué específico.

—Cállate —murmuro antes de continuar—. Es alto, tiene el cabello un poco ondulado pero natural, no como tus rizos falsos, Marcello —Rami suelta unas risitas—, y no llama la atención.

Marcello frunce el ceño. — ¿No llama la atención?

—No intenta llamar la atención todo el tiempo como tú, Marcello —aclaro—. Es más tranquilo.

— ¿Aburrido? —sugiere Nico, sonriéndole a Marcello.

—No —respondo, girándome hacia él—. Solo no necesita ser ruidoso para que la gente lo note.

Hay un pequeño silencio después de eso, uno que dura lo suficiente como para que me dé cuenta de que tal vez dije más de lo que quería.

Debería callarme y ya, no les debo explicaciones a este par.

De todas formas, ¿Por qué siquiera estoy aquí?

—Si no llama la atención, entonces, ¿Por qué lo notaste tú? —pregunta Marcello, inclinándose un poco hacia adelante.

Siento la mirada de Nico de reojo, pero mantengo la vista en mi comida. —Porque es distinto.

—Y sí que es distinto, es muy guapo —dice Rami, sonriendo.

—No estamos hablando de él o de si es guapo —contesto rápido, tomando otra papa.

—Claro que sí —dice Marcello—. Es literalmente de lo único que estamos hablando.

—Además —añade Nico, con ese tono que empieza a sacarme de quicio—, hasta ahora no suena muy impresionante, solo un chico más.

Levanto la mirada hacia él, entrecerrando los ojos. —No todo el mundo necesita impresionarte, Nico.

—No es por mí —responde, encogiéndose de hombros—. Solo digo que no has dicho nada que lo haga… diferente.

Abro la boca para responder, pero me detengo un segundo, porque sé exactamente qué podría decir y también sé que no debería.

Marcello suelta una carcajada. —Bueno y es guapo —mueve las manos en el aire.

—Es diferente, a todos, a ti —digo al final—. Solo que no lo entenderías.

Marcello suelta un pequeño “uh” como si hubiera detectado algo importante, mientras Rami sonríe más de lo necesario.

—Eso fue muy específico —dice él—. Me cae bien ese chico.

—Ni siquiera sabes quién es —murmuro.

—Pero robó el corazón de la malhumorada Rosie, así que tal vez, solo tal vez, te empiece a domar —responde sin problema.

— ¿Domar? —Lo fulmino con la mirada—. No soy un animal.

Resopla. —Bueno, no lo eres pero estás olvidando que yo vi cuando devoraste la mitad de una sandía como si no hubieras comido en años.

Ah, eso fue hace años cundo mi padre no me avisó que su novia y su hijo iban a llegar a su apartamento y yo solo estaba comiendo una sandía.

Rami levanta la mano ligeramente, como si estuviera a punto de hacer una aportación importante. —Además, está en el equipo de soccer con ustedes, así que también es atlético y carismático y…

El mundo se detiene un segundo, o al menos eso parece, porque mi cerebro tarda demasiado en procesar lo que acaba de decir.

— ¿Qué? —pregunto, girándome hacia ella con los ojos abiertos.

Rami se congela a la mitad de su sonrisa, como si apenas se diera cuenta de lo que salió de su boca. —Yo… o sea…

Marcello se inclina hacia adelante de inmediato, claramente interesado. — ¿Está en el equipo?

—Eso reduce bastante las opciones —añade Nico, ahora atento.

Siento cómo el calor me sube al rostro mientras intento encontrar una forma de arreglar esto sin empeorarlo más. —No —digo rápido—. O sea, sí, pero no es… no es como que…

— ¿Quién? —pregunta Marcello, interrumpiéndome—. ¿Es alguien del equipo principal o…?

—No voy a decir quién es —lo corto, apoyando las manos sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

Nico no dice nada por un segundo, pero puedo sentir su mirada sobre mí, más fija que antes, como si estuviera encajando piezas en su cabeza. —Interesante —murmura al final.

—No lo es —respondo de inmediato—. Es irrelevante.

Claro —dice él, sin sonar convencido—. Totalmente irrelevante.

Rami intenta intervenir, aunque ya es demasiado tarde. —Solo fue un comentario, no significa nada…

—Significa bastante —dice Marcello, sonriendo de lado—. Ahora sé que existe, que es alto, misterioso, y que juega soccer.

—Eso describe a medio equipo —añado rápidamente, aferrándome a eso.

—Sí —responde Nico, finalmente apartando la mirada—, pero no todos hacen que hables así de ellos y ahora tiene sentido que vayas a vernos jugar.




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