El día siguiente llega con una sensación extraña
Mientras camino por los pasillos con Rami a mi lado, con el murmullo constante de voces a nuestro alrededor, no dejo de pensar en los mensajes, en cada palabra, en la forma en que los leí más veces de las que debería admitir.
—Te juro que no estás exagerando —dice Rami mientras se detiene conmigo en un tramo del pasillo menos lleno, apoyándose contra la pared—. Eso no es normal, Rosie, o sea, ningún chico escribe así si no le gustas.
Aprieto los labios, cruzándome de brazos mientras saco el celular y abro la conversación otra vez.
Es como si necesitara comprobar que no lo imaginé, que realmente dijo todo eso y que no fue solo una interpretación exagerada de mi parte.
—No sabes eso —respondo—. Además, ni siquiera sé quién le gusta, solo… dijo cosas.
Rami alza una ceja, inclinándose un poco hacia mí para ver la pantalla y luego toma mi teléfono.
—“Si yo estuviera en su lugar no lo pensaría tanto” —lee en voz baja—. Rosie, por favor, eso no es “decir cosas”, eso es prácticamente una confesión.
Le quito el teléfono de las manos con un gesto rápido, rodando los ojos aunque siento el calor subir ligeramente a mis mejillas porque aunque intento mantenerlo todo bajo control, hay una parte de mí que sí ha pensado en eso más de lo que debería.
—No dijo que le gusto yo —insisto, bajando la voz—. Solo dijo que hay alguien.
Rami me observa como si estuviera viendo algo obvio que yo me niego a aceptar y por un segundo temo que diga exactamente lo que estoy evitando pensar.
—Entonces averigüemos si ese alguien eres tú —responde al final, como si fuera la conclusión más lógica del mundo—. Vamos a hablar con Alec.
Mi estómago se tensa de inmediato y niego casi por reflejo. —No —digo, demasiado rápido—. No voy a ir a preguntarle eso directamente, ¿qué se supone que diga?
Rami suspira, claramente poco impresionada con mi reacción y antes de que pueda seguir discutiendo, ya está caminando otra vez obligándome a seguirla si no quiero quedarme atrás.
—No tienes que preguntarle así —dice mientras mira a su alrededor, buscándolo entre la gente—. Solo háblale, ve cómo actúa contigo, algo se va a notar.
La sigo, aunque cada paso se siente más pesado que el anterior y mientras avanzamos entre grupos de estudiantes, mi mirada se mueve casi por instinto, hasta que finalmente lo veo.
Está frente a su casillero, con la puerta abierta y el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante mientras busca algo entre sus cosas.
—Ahí está —murmura Rami, girando la cabeza hacia mí con una media sonrisa—. Vamos.
No me muevo.
Mis pies se quedan clavados al suelo mientras algo en mi pecho se mueve sin aviso, porque de pronto la idea de acercarme, de hablarle como si nada, de comprobar si todo lo de anoche significa algo o absolutamente nada, se siente demasiado.
—No —digo en voz baja, deteniéndola con una mano en el brazo—. Ve tú primero.
Rami me mira como si fuera a discutir, pero algo en mi expresión debe hacerla cambiar de idea, porque al final solo suspira y se encoge de hombros.
—Cobarde —susurra aunque no suena realmente molesta.
La veo alejarse hacia él mientras yo me quedo unos pasos atrás, fingiendo revisar mi celular aunque en realidad no dejo de observarlos de reojo.
— ¡Alec! —lo llama Rami con naturalidad, apoyándose ligeramente contra los casilleros cercanos.
Él levanta la vista casi de inmediato, cerrando la puerta del casillero antes de girarse completamente hacia ella.
—Rami —responde, con una pequeña sonrisa—. ¿Qué pasa?
Espero a que mire en mi dirección, a que note que estoy ahí, a que haga algún gesto, cualquier cosa que conecte lo de anoche con esto.
Pero no pasa.
Toda su atención está puesta en Rami, en lo que sea que le esté diciendo, respondiendo con naturalidad, incluso soltando una risa baja en algún momento luciendo relajado y sobretodo, desinteresado en mí.
Y eso es lo que lo hace raro.
Porque anoche no se sentía así.
Anoche cada palabra parecía intencional como si hubiera algo detrás, algo que no estaba diciendo directamente y ahora, viéndolo ahí, hablando como si nada, como si yo no existiera a unos pasos de distancia, es difícil hacer que ambas versiones encajen.
Bajo la mirada hacia mi celular otra vez, apretándolo un poco entre mis manos sin darme cuenta.
Sigo con la mirada fija en la pantalla de mi celular aunque no estoy leyendo nada realmente, más bien usando eso como una excusa para no tener que enfrentar la sensación que está creciendo en el pecho mientras los veo hablar.
Hay algo en la forma en que Alec sonríe, en cómo responde sin esfuerzo, que no coincide con el chico de anoche, el que parecía pensar cada palabra antes de escribirla.
Y es justo en ese momento, cuando estoy demasiado metida en mi propia cabeza, que siento una presencia detrás de mí, lo suficientemente cercana como para hacerme tensar apenas los hombros antes de escuchar su voz.
—Mira nada más, la chica del novio misterioso —dice Marcello con ese tono burlón que ya me resulta insoportablemente familiar, inclinándose lo suficiente como para invadir mi espacio personal sin ningún tipo de vergüenza—. ¿Esperando que te escriba o qué?
Cierro los ojos un segundo, inhalando despacio antes de girarme hacia él. — ¿No tienes algo mejor que hacer? —respondo, alzando una ceja mientras lo miro—. Como no sé, ¿molestar a otra persona?
Marcello sonríe de lado, como si mi reacción fuera exactamente lo que esperaba y apoya una mano contra el casillero a mi lado, encerrándome un poco más en ese espacio que claramente no pedí.
—Pero si eres mi favorita —dice.
Antes de que pueda responder, noto movimiento frente a nosotros, y casi sin querer, mi atención se desvía. Alec. Ha dejado de hablar con Rami y ahora está mirando en nuestra dirección.