Quizás fue por la forma en que Alec solo me ignoró en la escuela que he decidido dejarlo en “visto” desde hace siete días.
La última vez que me escribió fue la noche de ese día donde me saludó mientras estaba en los entrenamientos (si es que a eso se le puede llamar saludo) y solo fue un “hola”
Rami piensa que quizás es tímido pero me hizo sentir como si estuviera jugando conmigo. No lo entiendo, de verdad, ¿Por qué me habla tanto por mensajes y luego me ignora?
Pero ya no puedo seguir huyendo, Rami me ha pedido que la acompañe otra vez y aunque dejó que la semana pasada no lo hiciera, hoy ya no quiere que me quede sola sentada en algún pasillo mientras la espero.
No hace mucha diferencia que me vaya a sentar sola a las gradas de la cancha de futbol.
Así que lo hago, camino al lado de mi mejor amiga con la mirada hacia abajo y mi corazón sintiendo una extraña mezcla entre emoción y dolor. Pero lo hago, la acompaño y afronto esto porque es mi culpa.
Yo me ilusioné.
Como siempre, voy a sentarme a una de las gradas y rápido, tomo mi teléfono para evitar buscar a Alec con la mirada. No me importa si me está viendo o si está ocupado con otra chica.
Pero, sin poder evitarlo, busco sus mensajes y los releo. Quizás son mensajes ordinarios y para nada significativos pero yo juro que algo era real en esto. No sé cómo explicarlo pero fue la manera en que Alec me miró esa vez…
Pensé que algo estaba por comenzar.
Por suerte, lo consigo sin problema. Me concentro en el video que mostraba mi pantalla sobre algo que no me interesaba mucho pero sirvió para distraerme y en ningún momento, subí la mirada.
~
Salimos de la cancha cuando el ruido empieza a apagarse poco a poco detrás de nosotras.
Asiento apenas a lo que dice Rami, aunque en realidad no estoy escuchando del todo porque sigo atrapada en esa sensación que me dejó Alec, como si hubiera intentado tocar algo que simplemente no estaba ahí.
Camino a su lado por el pasillo con la mirada fija al frente, repitiéndome que ya está, que no importa, que claramente todo fue más grande en mi cabeza de lo que alguna vez fue en realidad.
Hasta que los veo.
Nico y Marcello vienen en dirección contraria, riéndose de algo, ocupando el espacio como si todo les perteneciera y no sé qué es exactamente lo que se enciende dentro de mí en ese momento.
Me detengo.
Rami también lo hace a mi lado, un poco más atrás, como si supiera que esto no es algo en lo que deba meterse y antes de que pueda pensarlo demasiado, ya estoy hablando.
— ¿Qué fue eso que dijiste en la cancha? —Pregunto, sin rodeos—. ¿Por qué dijiste eso?
Marcello deja escapar una risa baja, como si esto fuera entretenido, como si yo fuera parte de algún chiste que no termino de entender, pero Nico no se ríe, solo me mira.
— ¿Qué cosa? —Responde, encogiéndose ligeramente de hombros, pero no aparta la mirada—. Digo muchas cosas.
Aprieto los labios, sintiendo cómo la molestia sube un poco más.
—No te hagas —insisto, dando un paso hacia él sin darme cuenta—. Sabes perfectamente de qué hablo, eso que pasó la semana pasada cuando Alec y Marcello estaban en la cancha, tu dijiste algo.
He pensado en ello por mucho tiempo.
Por un segundo parece que va a seguir jugando a lo mismo pero algo cambia algo en la forma en que inclina apenas la cabeza, sus ojos bajan un segundo y luego vuelven a mí, decidiendo.
—Ah —dice finalmente, con un tono bajo—. Eso.
Marcello chasquea la lengua a su lado, aburrido de la escena. —Te dejo este drama, hermano —murmura, dándole una palmada en el hombro a Nico antes de seguir de largo llevándose consigo esa energía burlona que siempre trae.
Nico da un pequeño paso hacia adelante, lo suficiente como para acortar la distancia entre nosotros y no sé por qué eso hace que me quede más quieta en lugar de retroceder.
— ¿Te molestó? Fue hace una semana, Rosie —pregunta.
Suelto una risa corta, sin humor. —Claro que me molestó —respondo, mirándolo directo—. Me dejaste como una idiota enfrente de todos.
—No exageres —dice pero no suena realmente convencido.
—No estoy exagerando —replico, sintiendo cómo la frustración encuentra por fin salida—. No tenías por qué decir que Alec estaba distraído por mí, ni siquiera sabes…
Me detengo antes de terminar la frase, porque en realidad no sé cómo acabarla sin decir más de lo que quiero, sin exponer algo que ni siquiera sé cómo explicar y él lo nota, claro que lo nota, porque sus ojos se afilan, intentando leer lo que no digo.
— ¿No sé qué? —pregunta, dando otro paso, lo suficiente como para que ahora tenga que alzar un poco más la mirada para sostener la suya.
Hay un segundo en el que el ruido del pasillo parece bajar, en el que todo lo demás se vuelve menos importante y me odio un poco por ser tan consciente de él, de la cercanía, de la forma en que me está mirando como si esto fuera más que una simple discusión.
—Nada —murmuro al final, rompiendo el contacto visual primero—. Solo… no vuelvas a hacer eso.
Nico suelta una especie de exhalación. — ¿Hacer qué? —dice—. ¿Decir lo obvio?
Frunzo el ceño, volviendo a mirarlo. —No hay nada obvio —respondo de inmediato—. Estás inventando cosas, él no estaba distraído conmigo.
Lo que menos quiero es hacer las cosas incomodas para Alec, quizás por eso él dejó de intentar escribirme. Quizás a él no le gusta esa atención, no quería que Nico dijera algo así en frente de todos.
Tal vez todo esto es culpa de Nico.
— ¿Ah, sí? —contesta, inclinándose hacia mí y esta vez su voz baja lo suficiente como para que solo yo la escuche—. Entonces explícame por qué estaba distraído, porque vi cuando te saludó.
El pulso se me acelera sin permiso. —No lo sé —digo al final—. Tal vez estaba haciendo algo y no entiendo, ¿Por qué esto importa?
Frunce el ceño. — ¿Por qué importa? Tú me reclamaste primero.