Estoy acostada boca arriba con el teléfono sobre el pecho mirando al techo como si en algún punto fuera a encontrar ahí una respuesta que no encontré ni en la cancha ni en el pasillo.
Cierro los ojos un momento pero no ayuda, porque vuelvo a ver la escena completa, a escuchar la voz de Nico diciendo eso en voz alta, a sentir todas esas miradas cayendo sobre mí,
Luego Alec, tan tranquilo, tan… ajeno
Como si yo hubiera imaginado todo y justo cuando estoy empezando a convencerme de que sí, que probablemente exageré, que nada de esto significa lo que pensé que significaba, el teléfono vibra suavemente contra mí.
Abro los ojos.
Miro la pantalla.
Es él.
“Alec”.
Tengo que pensar mil veces antes de finalmente abrir el mensaje porque aparentemente no tengo amor propio y yo misma estoy participando en este ridículo juego.
Alec: “Me distraes mucho”
Mi corazón pega un salto y me quedo quieta.
¿Por qué hace esto? ¿Por qué me dice esto?
Ya establecimos y dejamos claro que él en la escuela no tiene ningún interés en acercarse, es humillante la manera en que espero que él haga algo pero nunca sucede y luego regresa a mí a través de una pantalla.
¿Por qué?
Suelto una risa incrédula dejando caer el teléfono a un lado sin responder, porque no sé qué se supone que haga con eso, no sé cómo se responde a alguien que en persona actúa como si no hubiera nada y por mensaje dice cosas que suenan… así, como si de verdad significaran algo.
Aprieto los labios girándome de lado en la cama, dándole la espalda al teléfono como si eso fuera suficiente para ignorarlo pero no lo es porque las palabras siguen ahí, repitiéndose en mi cabeza.
Respiro profundo y veo al techo, recordando la primera vez que me habló, esa interacción en la cancha y la manera en que me miró, ¿Y si todo esto está en mi cabeza? ¿Y si no significa nada para él?
Me siento tan ridícula cuando puedo sentir las lágrimas acumulándose en mis ojos. ¿Por qué quiero llorar? No puedo llorar por alguien que no es nada mío, ¿Verdad?
No puedo sentir que lo estoy perdiendo porque nunca fue nada mío.
Vuelvo a respirar y niego, mientras mi corazón está presionándome para que continúe con la conversación y que le responda ese mensaje. Porque en mi cabeza existe la estúpida ilusión que quizás algo vaya a cambiar.
Pero, ¿Para qué? ¿Cuánto más va a seguir este juego? Me habla en mensajes y me ignora en persona.
¿Cómo sé que no está hablando con otras chicas? ¿Cómo sé yo que no les está enviando los mismos mensajes?
El teléfono vibra otra vez.
Y otra.
Y aunque intento aguantar un poco más, termino estirando la mano casi por inercia porque ya sé que voy a caer de nuevo en esto aunque me diga lo contrario.
Alec: “¿Estabas en la cancha hoy?”
Frunzo el ceño. Claro que estaba, él también estaba. Si me miró y me ignoró.
Mis dedos se quedan suspendidos sobre la pantalla, dudando entre escribir algo seco, algo que marque distancia o simplemente no responder, desaparecer como él lo hizo antes, devolverle un poco de esa sensación que me dejó, pero antes de decidir otro mensaje aparece.
Alec: “¿No notaste como te estaba viendo?”
Mi estúpido corazón late de esa forma cuando está feliz, muy estúpido.
Muerdo mis labios y quiero lanzar el teléfono por la ventana pero también necesito que ya empiece a hablarme claro, estoy cansándome de esto.
Trago saliva mirando la pantalla esperando que en cualquier momento fuera a revelar algo más, algo que explique todo esto pero en lugar de eso llega otro mensaje.
Alec: “¿Por qué me estás ignorando?”
Alec: “¿Por qué actúas rara conmigo?”
Alec: “Rosie, quiero entenderte”
Exhalo lento, dejando el teléfono sobre la cama otra vez. La pregunta se siente injusta, casi absurda y al mismo tiempo logra colarse justo donde más me duele porque no estoy ignorándolo sin razón, no es un juego, no es un capricho, es… esto, todo esto que no entiendo.
Si de verdad lo distraigo tanto, si de verdad me vio, si de verdad le importa que no le conteste…
Entonces, ¿por qué en persona se siente como si no existiera?
Por primera vez en lugar de querer responderle de inmediato, de seguir esa conversación que antes me hacía sonreír sin pensar demasiado, me quedo quieta.
Sin escribir nada.
Sin abrir el chat otra vez.
Solo con ese sentimiento de estar en medio de algo que no entiendo, de una historia que parece avanzar en dos direcciones distintas al mismo tiempo y con la certeza cada vez más difícil de ignorar, que en algún punto algo no está siendo lo que parece.
Aunque me repito que no tengo que responder, que no le debo nada, que si en persona no puede crear una conversación entonces yo tampoco tengo por qué hacerlo aquí.
Pero hay algo que no me deja en paz, algo que se quedó abierto como una puerta mal cerrada que no deja de moverse con el viento.
Me distraes mucho.
No abro el chat.
No escribo.
Solo presiono el nombre y busco la opción de “llamar”
El tono empieza a sonar en mi oído y en ese momento me doy cuenta de lo que acabo de hacer.
Esto ya no es lo mismo que responder un mensaje, que aquí no hay tiempo para pensar demasiado lo que voy a decir, que no hay forma de esconderme detrás de una pantalla y por un segundo casi cuelgo, casi me arrepiento, casi…
— ¿Hola?
Frunzo el ceño.
No es que no suene como él o al menos no tengo una razón real para pensar que no lo sea, pero suena lejana como si no tuviera el teléfono del todo cerca.
Un murmullo constante de fondo que no termino de entender, parece viento o gente hablando a lo lejos y tengo que ajustar el teléfono contra mi oído.
— ¿Rosie? —añade, un poco entrecortado.
No puedo creer que lo llamé.