Los Chicos Que Odio

22

Más tarde abro la conversación, respiro y escribo.

“No dejo de pensar en ti”

Me quedo mirando el mensaje, dudando, sintiendo que esto es una pésima idea, que debería borrarlo antes de que haga algo de lo que me arrepienta.

Pero no lo borro, en cambio, escribo otro.

Me distraes tu también más de lo que debería.

Mi dedo se queda suspendido sobre la pantalla un segundo más y luego presiono enviar antes de poder arrepentirme, dejando el celular a un lado como si quemara.

No reviso si responde.

Pero cuando llego al entrenamiento, el ambiente es el mismo de siempre, el ruido, las voces, los balones golpeando el piso, todo en su lugar… excepto yo.

Porque ahora estoy demasiado consciente de ellos, de cada movimiento y de cada mirada.

Marcello está ahí como siempre hablando con uno de los chicos, riéndose de algo que no alcanzo a escuchar, completamente normal, completamente ajeno a todo lo que pasa en mi cabeza.

Mi mirada se queda en él un segundo más de lo necesario, buscando algo, cualquier señal, pero no hay nada solo lo de siempre y eso me molesta.

Entonces giro un poco la cabeza y veo a Nico.

Está al otro lado distraído en teoría hablando con alguien más. Trago saliva, recordando el plan. Antes de poder pensarlo demasiado, antes de que me dé tiempo de echarme atrás, cuando su mirada pasa por donde estoy, sonrío.

No exagerado, solo… lo suficiente.

Esa sonrisa. La que Rami dijo y por un segundo, todo parece detenerse. Porque Nico sí la ve y no reacciona como esperaba porque parece sorprendido y luego sonríe pero desvía rápido la mirada.

Pero lo que no veo, lo que no alcanzo a notar en ese momento es que al otro lado, Marcello también ha levantado la vista en algún punto, siguiendo la misma línea invisible que conecta miradas y gestos y su expresión no es de alguien que entiende lo que está pasando.

Es de alguien completamente perdido.

Como si hubiera llegado tarde a una conversación en la que todos menos él saben de qué se está hablando y en medio de todo eso, sin que ninguno de los tres lo diga en voz alta, algo cambia.

Porque ahora ya no es solo una confusión silenciosa, ahora es un juego y nadie está jugando con las mismas reglas.

~

El descanso llega como un pequeño respiro, los chicos se dispersan, algunos se sientan en el suelo, otros se acercan a las bancas y yo aprovecho ese momento para tomar agua, intentando parecer normal cuando por dentro sigo demasiado consciente de todo, de las miradas, de lo que hice, de lo que estoy haciendo.

Levanto la vista casi por reflejo y ahí está Rami.

Al otro lado, observándome como si esto fuera un espectáculo en vivo. Cuando nota que la estoy mirando no pierde tiempo, levanta ligeramente las cejas y hace una seña rápida con la cabeza, como empujándome a actuar.

Frunzo el ceño, negando con la cabeza.

Rami hace otra seña, más clara esta vez, más insistente.

Haz algo.

Suelto el aire por la nariz, girando un poco la botella entre mis manos mientras mi mente corre más rápido de lo que debería, buscando opciones, excusas, cualquier cosa que no implique lanzarme a lo que claramente ella quiere.

La idea llega sola y antes de poder detenerme, antes de pensar demasiado en lo que implica, dejo la botella a un lado y camino hacia Nico, sintiendo esa mezcla extraña de nervios y determinación que últimamente parece seguirme a todos lados.

—Nico —digo cuando estoy lo suficientemente cerca como para que me escuche sin llamar demasiado la atención.

Él levanta la vista, sorprendido, como si no esperara que me acercara. — ¿Sí? —responde.

Dudo medio segundo, lo justo para que esto no parezca ensayado. —Yo… —empiezo, bajando un poco la voz—. Quería disculparme por lo de ayer.

Hay un pequeño cambio en su postura. —No tienes que… —empieza, pero niego suavemente.

—Sí tengo —lo interrumpo—. Fue… incómodo y no quería ser grosera.

Mientras hablo, doy un pequeño paso más cerca, lo suficiente para que la distancia entre nosotros se reduzca y sin pensarlo demasiado como si fuera parte natural de la disculpa, levanto la mano y le toco el brazo.

Un gesto ligero, pero intencional. El contacto dura solo un segundo pero es suficiente porque Nico se queda completamente quieto. No se aparta y no responde de inmediato y cuando finalmente lo hace, su voz sale un poco más baja de lo normal.

—Está bien —dice—. Ya pasó.

Asiento, manteniendo la mirada un segundo más de lo necesario.

Y entonces… —Vaya.

La voz llega desde un lado, arrastrando una nota de burla que es imposible ignorar. Marcello.

—Qué rápido hacemos las paces —sonríe de lado, mientras se acerca—. Ayer estaban a punto de matarse y hoy… esto.

Siento cómo algo se tensa dentro de mí, pero no de la forma que él esperaría porque ahora, con lo de la llamada, con los mensajes, con todo dando vueltas en mi cabeza, no lo escucho igual.

No lo veo igual.

Lo que antes era solo sarcasmo ahora parece que todo es parte de un juego como si supiera exactamente lo que está haciendo para ver hasta dónde llega.

Aprieto un poco los labios, girando hacia él, manteniendo la calma que no sé de dónde saco. — ¿Te molesta? —pregunto.

Marcello alza las cejas, claramente entretenido. — ¿A mí? —repite—. Para nada, me encanta el desarrollo de personaje.

Ruedo los ojos ligeramente, pero no me alejo, al contrario, sin mirar directamente a Nico dejo que mi mano vuelva a rozar su brazo de forma casual, casi distraída, como si no fuera nada importante.

Pero lo es y lo sé porque esta vez Nico sí reacciona.

No se mueve bruscamente, no dice nada, pero su mandíbula se tensa y hay algo en la forma en que evita mirar directamente hacia Marcello que delata más de lo que debería.

—Interesante —murmura Marcello, cruzándose de brazos, observándonos como si esto fuera algún tipo de experimento social.




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