Los entrenamientos y prácticas terminan por hoy.
Rami se acerca hacia mí sin pensarlo y me lleva hacia otro lado, para alejarnos mientras le cuento todo.
Asumí que ya hice suficiente y finalmente puedo seguir mi vida sin pensar en eso de nuevo pero Rami no me da esa opción.
—No, no, no —dice apenas nos alejamos lo suficiente—. Esto no se enfría aquí.
La miro de reojo. —Rami…
—Es el momento perfecto —insiste—. Está confundido, lo viste, ahora hay que seguir.
Suelto una risa corta, más por nervios que por otra cosa. —Siento que estamos haciendo algo ilegal.
—Solo emocionalmente —responde, sin inmutarse—. Ahora, dame.
Extiende la mano. — ¿Qué?
—Tu teléfono.
La miro un segundo, dudando pero término cediendo y ella lo desbloquea como si ya supiera exactamente qué hacer, abriendo la conversación.
—Bien —murmura, leyendo rápido—. Aquí hay potencial.
—Rami, no escribas algo horrible —le advierto, cruzándome de brazos, aunque en el fondo sé que es demasiado tarde para eso.
—Relájate —dice—. Vamos a divertirnos.
Empieza a escribir.
Sus dedos se mueven rápido, segura y cuando termina el primero, me gira el celular apenas para que lo vea.
“Me gusto verte hoy”
Siento un calor subir por el cuello. —Rami…
—Shh —dice, enviándolo antes de que pueda detenerla—. Confía en el proceso.
—Voy a arrepentirme de esto.
—Probablemente —admite—. Pero valdrá la pena.
No hay respuesta inmediata de “Alec” quien ahora sabemos, es el mentiroso y fastidioso de Marcello, pero eso no detiene a Rami.
—Bien, siguiente —dice, ya escribiendo otra vez—. Tenemos que hacerlo más personal.
— ¿Más? —repito, incrédula.
No me responde, solo escribe.
“Y no sé si me gustas… o si me estás empezando a gustar demasiado”
Mi estómago hace algo raro.
—Eso es demasiado —digo.
—Perfecto entonces —responde, enviándolo.
Me dejo caer un poco contra la pared detrás de mí, cubriéndome la cara un segundo con la mano. —Estoy participando en mi propia humillación.
—Estás creando tensión —corrige ella—. Es diferente.
Suelto una pequeña risa, negando con la cabeza, pero cuando bajo la mano, ya no intento detenerla.
Porque una parte de mí… quiere ver qué pasa.
—Tu turno —dice de repente, devolviéndome el celular.
La miro. — ¿Qué?
—Escribe tú algo —insiste—. No todo puede ser mío.
Dudo.
Mucho más de lo que dudé antes.
Pero al final, bajo la mirada a la pantalla, leo los mensajes enviados y respiro hondo, luego escribo:
“Perdón si soy muy honesta, solo me gusta la honestidad y me gusta ser directa. Odio los juegos”
Me quedo mirando el mensaje unos segundos y lo envío.
Rami sonríe a mi lado, claramente satisfecha. —Eso —dice—. Eso le va a pegar en su ego o conciencia.
—Espero que sí —murmuro, aunque no sé exactamente qué espero.
Nos quedamos ahí unos segundos más, como si ambas estuviéramos esperando que el celular vibre, que algo confirme que esto está funcionando, que hay una reacción al otro lado.
Y cuando finalmente pasa, cuando la pantalla se ilumina, mi corazón se acelera sin permiso.
Rami se acerca más. —Ábrelo.
Trago saliva y lo hago.
El mensaje aparece: “No deberías decirme esas cosa”.
Parpadeo. No es lo que esperaba. No es directo, no es claro, pero tampoco es indiferente y eso, de alguna forma, lo hace peor.
—Bien —murmura Rami a mi lado—. Eso no es rechazo.
Sigo leyendo porque hay otro más: “¿Sabes lo difícil que es concentrarme en la cancha cuando estoy pensando en ti?
A ver, yo sé que todo esto es un juego y puedo apostar mi brazo derecho a que yo no le gusto realmente a Marcello, de verdad, pero ese mensaje… duele.
Duele porque me hubiera gustado que la persona en el otro teléfono fuese Alec o cualquier otro chico que me tome enserio, alguien que sienta esas palabras enviadas y no esté mintiendo solo para reírse de mí.
Rami iba a decir algo cuando llega otro mensaje: “Y hoy fue más difícil, eres más peligrosa de lo que crees”
Mi corazón late más rápido sin razón lógica, como si esto importara más de lo que debería importar.
— ¿Perdón? —susurra Rami, tan confundida como yo.
—No entiendo —digo lentamente.
Rami sacude la cabeza. —Creo que… a ver, hoy coqueteaste con Nico frente a Marcello, creo que podría ser que… está celoso.
Suelto una carcajada. —Marcello no está celoso de mí, me odia y por eso se está burlando con estos estúpidos mensajes. Cree que voy a caer. Además, se supone que estoy hablando con Alec, él sigue fingiendo.
Rami se encoje de hombros.
Mis dedos se mueven antes de que pueda detenerlos, abriendo el chat completo otra vez, releyendo cada palabra como si fuera a encontrar una pista nueva entre líneas, algo que confirme lo que creo.
Algo que me dé control.
Pero no hay nada.
Solo eso.
—Respóndele —dice Rami de repente, empujándome ligeramente con el hombro—. No te quedes ahí.
La miro. — ¿Qué le digo?
Rami sonríe. —Algo peor, domina este juego, Rosie.
Bajo la mirada al celular, por un segundo dudo porque esto ya no se siente como solo seguir el plan. Se siente como cruzar una línea y aun así mis dedos empiezan a moverse.
“Tu también”