Cuando llego a la cancha Rami ya está ahí y cuando me ve, levanta la mano y me lanza una mirada rápida que dice luego hablamos, como si esto fuera parte de un plan más grande que nunca se detiene.
Me acomodo en las gradas, buscando un lugar desde donde pueda ver bien y al hacerlo los veo.
Alec y Alejandra.
Están juntos, hablando cerca de la línea lateral, demasiado cerca.
Hace unos días eso me habría golpeado directo, me habría hecho sentir ese nudo en el estómago que no sabes cómo deshacer pero ahora… no siento nada.
O al menos, no lo mismo.
Los observo un segundo más, intentando encontrar algo, cualquier rastro de lo que sentía antes, pero no está y eso en lugar de tranquilizarme me deja con una sensación rara, como si hubiera perdido algo sin darme cuenta de cuándo pasó.
Como si lo hubiera reemplazado con otra cosa.
El partido empieza y el ruido sube, los gritos, los aplausos, el sonido del balón contra el césped, y trato de concentrarme en eso pero mi atención se mueve sola.
Hacia Nico.
Está en la cancha, moviéndose con seguridad, completamente metido en el juego y mientras lo observo recuerdo lo raro que ha sido todo últimamente.
Me pregunto si cuando Marcello enviaba esos mensajes, Nico estaba ahí y se reían de mí. Si tal vez, esto fue un plan de ambos y están disfrutando jugar conmigo.
Solo el tiempo lo dirá, espero.
El partido termina entre gritos y aplausos, el equipo celebra, algunos chocan manos, otros se dejan caer en el césped, agotados, y la energía cambia a algo más relajado.
No presté mucha atención pues no es algo que me interese y de todas formas, solo estoy aquí para ser a porrista de mi porrista favorita.
No tardo en ver a Rami acercarse. —Ganaron —dice, innecesario, pero claramente emocionada.
—Lo vi —respondo, con una pequeña sonrisa.
Ella asiente, pero no está realmente interesada en eso. Lo noto enseguida. —Hay fiesta —añade, bajando la voz, como si fuera información exclusiva—. Hoy.
Parpadeo. — ¿Hoy?
—Sí —dice—. Para celebrar el primer juego.
Miro hacia la cancha otra vez, donde los chicos siguen hablando entre ellos. —No sé si tengo ganas —murmuro.
Rami me observa un segundo. —Vas a ir.
No es una pregunta.
Suelto el aire por la nariz. —Probablemente.
Ella sonríe, satisfecha. —Perfecto —Hay un pequeño silencio, uno que ya reconozco, uno que significa que viene algo más.
Y no me equivoco.
—Ahí lo invitas —dice.
Cierro los ojos un segundo. —Rami…
—Es el momento ideal —continúa, como si no me hubiera escuchado—. Ambiente relajado, todos están de buen humor, nadie sospecha nada.
La miro. —Sigues con eso.
—Obvio —responde—. No hemos terminado.
Aprieto los labios, mirando otra vez hacia la cancha, donde Marcello ahora está hablando con un grupo, riéndose de algo.
Y otra vez, esa duda.
Esa pequeña, incómoda duda.
— ¿Y si no es él? —pregunto, casi sin darme cuenta.
Rami no responde de inmediato. —Entonces mejor —dice al final—. Porque alguien más sí es.
Suspiro, no sé qué pensar.
—Hazlo —insiste Rami, más suave esta vez—. Invítalo. Y mira qué pasa.
Lo pienso por un minuto. Si esta noche hay fiesta… entonces tal vez también haya respuestas.
Aunque no esté segura de querer escucharlas.
~
La fiesta ya está en ese punto en el que todo se siente un poco más ruidoso.
Las luces no son lo suficientemente fuertes como para ver cada expresión con claridad pero sí lo bastante para notar quién está con quién y yo estoy ahí con un vaso en la mano que no he tomado realmente, observando sin decidir si quiero estar aquí o no.
Rami, claramente, sí quiere.
—Es ahora —dice, inclinándose hacia mí—. Están allá.
Sigo su mirada.
El grupo de siempre. Nico, Marcello, algunos otros chicos del equipo, todavía con la adrenalina del partido.
—Rami… —empiezo, pero ella ya está caminando.
Suelto el aire y la sigo, porque en este punto resistirme es perder tiempo y cuando nos acercamos, Marcello es el primero en notarlo.
Su sonrisa aparece rápido, casi automática, como si siempre estuviera listo para hacer un comentario. —Miren quién decidió aparecer —dice, apoyándose ligeramente hacia atrás, cruzándose de brazos—. Pensé que estabas ocupada con tu… —hace una pausa, fingiendo pensar— ¿novio imaginario?
Ruedo los ojos, pero no me voy. —Qué gracioso —respondo, con un tono plano.
Marcello sonríe más. —Oye, yo solo pregunto —continúa—. Dices que tienes novio, actúas raro, luego apareces en una fiesta como si nada aunque no te hayan invitado.
—Rami me invitó y ella es parte del equipo de animadoras —digo, encogiéndome de hombros.
Marcello alza las cejas. — ¿Y dónde está tu novio? No lo hemos conocido todavía.
—No tengo novio ahora —respondo—. Solo olvida el tema.
Rami hace un pequeño sonido a mi lado, como conteniendo una risa.
Marcello me observa un segundo más, evaluando, como si estuviera decidiendo si creerme o no y por un momento parece que va a decir algo más pero en lugar de eso alguien lo llama.
Un chico al otro lado levanta la mano, diciéndole algo que no alcanzo a escuchar y Marcello desvía la atención con facilidad. —Luego seguimos con esto —dice, señalándome antes de girarse—. No te me desaparezcas otra vez, Rosie, muero por saber sobre tu vida amorosa.
Eso sonó a sarcasmo y yo ruedo los ojos.
—Rami —la voz de Alejandra llega desde un poco más atrás.
Giramos.
Ella está ahí, haciéndole una seña. —Ven un segundo.
Rami me mira como si estuviera pidiéndome permiso pero al final, ellas son compañeras del equipo y no puedo prohibirle que le hable.
Asiento y ella sonríe. —Ya vengo —dice—. No te muevas.
—Claro, solo… —empiezo, pero ya se está yendo.
Perfecto.
La sigo con la mirada un segundo, viendo cómo se acerca a Alejandra, cómo ambas empiezan a hablar como si fueran amigas de toda la vida, y cuando vuelvo la vista me doy cuenta.