En algún punto, me levanto con la excusa de ir por agua y camino hacia la cocina sin mirar atrás, pero sé que Rami viene conmigo.
En cuanto cruzamos la puerta y el ruido de la casa vuelve a envolvernos, siento cómo puedo respirar un poco mejor.
Me apoyo contra la encimera mientras tomo un vaso, llenándolo más por inercia que por verdadera sed y Rami se queda frente a mí. —Okay —empieza, bajando un poco la voz aunque no haya nadie lo suficientemente cerca como para escucharnos—. Tengo una idea.
Alzo la mirada hacia ella mientras doy un pequeño sorbo al agua, sintiendo cómo mi cuerpo se mantiene en alerta, como si ya supiera que lo que va a decir no va a ser precisamente fácil.
—Me preocupa cuando dices eso —murmuro, dejando el vaso sobre la encimera.
Rami sonríe, esa sonrisa ladeada que siempre viene con problemas incluidos. —Invita a Nico al baile.
Parpadeo, procesando y por un segundo estoy segura de que escuché mal, pero su expresión no cambia, sigue ahí como si fuera lo más lógico del mundo.
— ¿Qué? —pregunto, frunciendo el ceño mientras la miro.
—Escúchame —continúa ella, acercándose un poco más—. Ya invitaste a Marcello, ¿no? Perfecto. Ahora invitas a Nico también.
Siento cómo algo en mi estómago se contrae ante la idea.
No tanto por lo que implica sino por el simple hecho de tener que acercarme a él con esa intención cuando apenas puedo sostener una conversación normal ahora mismo. — ¿Y luego qué? —pregunto, aunque una parte de mí ya empieza a intuir por dónde va.
Rami inclina ligeramente la cabeza, sus ojos brillando. —Luego… no apareces.
Solo puedo parpadear, procesando sus palabras.
—Los dejas plantados a los dos —añade Rami, más despacio esta vez—. Juntos. Sin entender nada.
Exhalo lentamente, apoyándome un poco más en la encimera mientras miro hacia la nada, imaginando la escena sin querer. El momento en que ambos se den cuenta, la confusión, el golpe al ego que Rami mencionaba antes y aunque sé que es impulsivo, que es un poco cruel incluso, también sé que hay una parte de mí que lo necesita.
—Es… fuerte —murmuro, más para mí que para ella.
—Ellos empezaron —responde Rami sin dudar, encogiéndose de hombros—. Tú solo estás cerrando el círculo.
La miro de nuevo buscando alguna duda en su expresión, algo que me haga frenar, pero no hay nada de eso solo seguridad.
Por un momento pienso en todo, en Nico en la sala actuando como si nada, en el beso que todavía no logro comprender, en los mensajes, en la confusión, en Marcello y su confesión sobre nosotros.
Aprieto los labios y finalmente asiento. —Está bien —digo al final—. Lo haré.
Rami sonríe de inmediato, satisfecha, como si hubiera estado esperando exactamente eso. —Sabía que dirías eso.
Suelto una pequeña risa, negando con la cabeza mientras tomo de nuevo el vaso. Ahora hay algo distinto en mi interior, como si al menos una parte de este caos ya tuviera dirección.
Mientras volvemos hacia la sala, sé que lo difícil no va a ser el plan en sí, sino el momento en que tenga que mirarlo a los ojos y decirle que vaya fingiendo que no pasa nada.
En cuanto cruzo la puerta, noto cómo Nico levanta la mirada casi de inmediato. Camino hasta la mesa sin detenerme, sintiendo a Rami a mi lado y no me doy tiempo para pensarlo demasiado porque sé que si lo hago, voy a empezar a dudar.
Así que simplemente lo miro directo, sosteniendo su mirada. —Oye —empiezo—. ¿Quieres ir conmigo al baile?
Por un segundo Nico solo me mira, como si no estuviera seguro de haber escuchado bien. — ¿Al baile? —repite, frunciendo ligeramente el ceño.
Asiento una vez, sin añadir nada más.
Él se queda en silencio un segundo más, y hay algo en su expresión que cambia. —Sí… —dice finalmente, todavía un poco dudoso, pero asintiendo—. Sí, está bien.
Siento un leve movimiento a mi lado, como si Rami también registrara la respuesta y antes de que Nico pueda añadir algo más, doy el siguiente paso.
—Pero no pases por mí —añado, manteniendo el mismo tono neutral—. Nos vemos allá, en la escuela.
Nico parpadea una vez, claramente sorprendido por ese detalle. —Ah… está bien —responde al final, asintiendo otra vez—. Está bien.
—Y otra cosa —interviene Rami entonces, dando un pequeño paso al frente—. No le digas nada a Marcello.
Nico gira la cabeza hacia ella, sorprendido por la intervención y frunce el ceño ligeramente. — ¿Por qué tú me pides eso?
Rami se encoge de hombros. —Porque yo soy su mejor amiga y ya sabes cómo es —dice—. Solo se va a burlar y honestamente, no necesitamos eso con Rosie.
Asiente, lento. —Sí… está bien —responde—. No le diré nada.
~
Pasó una hora para que Nico y yo termináramos el trabajo, luego se despidió y se fue, no sin antes verme como si quisiera decir algo más.
De manera automática, toco mis labios sintiendo por un segundo los suyos como la noche anterior pero rápido recuerdo que para él solo fui un amuleto.
Suspiro y Rami se deja caer a mi lado. —Bueno, eso fue interesante pero al menos ya tenemos el plan en marcha.
La veo y solo pienso en que, no sé como pero quiero que ellos aprendan una lección de una vez por todas.