Los Chicos Que Odio

31

El entrenamiento de las porristas termina con el típico estallido de energía que contrasta demasiado con el nudo que llevo en el pecho.

Me quedo esperando a Rami cerca de las gradas, intentando no mirar hacia la cancha otra vez aunque sé que Nico y Marcello siguen ahí, que todo lo que acaba de pasar todavía está flotando en el ambiente.

Rami llega a mi lado y apenas me dedica una mirada cuando una tercera voz se cuela en el espacio entre nosotras. No necesito voltear a confirmar para saber de quién viene.

— ¿Qué rayos fue eso?

Alejandra.

Levanto la mirada y ahí está, con los brazos cruzados. — ¿Perdón? —responde Rami antes de que yo diga algo, dando medio paso al frente, colocándose sutilmente entre nosotras.

Alejandra suelta una pequeña risa, ladeando la cabeza mientras nos observa. —Lo de ellos —aclara, haciendo un gesto vago hacia la cancha—. ¿Desde cuándo se pelean por la fea?

La palabra cae como un golpe seco, uno que no esperaba pero que tampoco me sorprende del todo viniendo de ella.

Por un segundo me quedo quieta, Rami no tarda en reaccionar. — ¿Qué te pasa? —dice—. ¿Por qué eres así con ella?

Alejandra se encoge de hombros, como si la pregunta le pareciera irrelevante. —No sé —responde, con una media sonrisa—. Siempre me ha fastidiado.

Siento cómo algo se mueve dentro de mi pecho, pero antes de que pueda decir algo, ella continúa.

—Pero tranquila —añade, mirando directamente hacia mí ahora—. No te emociones.

Frunzo el ceño, sintiendo cómo mi paciencia se vuelve más delgada con cada segundo. — ¿De qué hablas?

Alejandra rueda los ojos, como si fuera obvio. —De ellos —dice, señalando otra vez hacia la cancha—. Nico y Marcello suelen hacer apuestas entre ellos para ver qué pueden sacar de las chicas… y luego las dejan.

—Eso no es… —empiezo, pero no termino la frase porque ni siquiera estoy segura de qué iba a decir.

Alejandra sonríe apenas, como si mi reacción confirmara algo para ella. —Solo digo que no te hagas ilusiones.

Y eso es lo que rompe algo.

No es una sola cosa, es todo junto.

Lo de anoche, lo de la cancha, lo que dijo antes, lo que ahora está insinuando y antes de darme cuenta, me levanto de donde estaba, demasiado rápido con la intención de irme.

Pero en el movimiento, mi pie pisa el suyo.

Es un roce torpe nada más, un accidente tan pequeño que en otra situación ni siquiera lo notaría pero Alejandra reacciona como si hubiera sido otra cosa completamente distinta soltando un quejido exagerado mientras se lleva la mano al pie.

— ¡Oye! —exclama, dando un pequeño salto hacia atrás—. ¿Qué te pasa?

Parpadeo, confundida por la reacción. —Fue sin querer —digo de inmediato, alzando las manos un poco—. No…

— ¿Sin querer? —Interrumpe ella, su tono subiendo lo suficiente como para atraer atención—. Claro, ahora resulta que me lastimas mi pie teniendo tanto espacio.

—No te tocó a propósito —añade Rami, más cortante ahora.

Pero ya es tarde.

La entrenadora que estaba recogiendo algunas cosas no muy lejos, se acerca con el ceño fruncido, evaluando la escena. — ¿Qué está pasando aquí?

Abro la boca para explicar, sintiendo cómo la frustración se acumula en mi pecho. —Fue un accidente, yo solo…

—Me empujó —dice Alejandra por encima de mí, su voz perfectamente modulada para sonar convincente, casi ofendida—. Y luego me pisó.

Me quedo helada un segundo mirándola sin poder creer lo fácil que le sale mentir, lo natural que parece.

Eso es como la gota que derrama el vaso, ese último detonante que necesitaba para explotar y perder el control.

—Eso no es cierto —digo, mi voz temblando, más de enojo que de nervios—. Yo no hice eso.

Pero la entrenadora ya está mirando entre ambas y puedo ver en su expresión que no le interesa demasiado la versión completa, que esto ya se convirtió en un problema que quiere cortar rápido.

Y entonces, simplemente me canso.

Me canso de intentar explicar, de intentar que las cosas tengan sentido cuando claramente no lo tienen, de quedarme callada mientras otros dicen lo que quieren y antes de pensarlo demasiado, las palabras salen.

—Estás loca, Alejandra —digo, mi voz más alta de lo que esperaba—. No sé por qué molestas, pero me tienes cansada de todas tus tonterías sin sentido, jamás te he hecho algo y si sigue resentida por esa vez de un trabajo que no me ayudaste a hacer, estás loca.

Sin darme tiempo a arrepentirme, levanto la mano y le muestro el dedo de en medio, un gesto impulsivo que se siente tan real como todo lo demás que llevo acumulado.

La expresión de la entrenadora cambia de inmediato. —Rosie —dice, su tono enojado—. Detención. Ahora.

Por un segundo me quedo ahí, respirando más rápido de lo normal, sintiendo todas las miradas sobre mí pero sin poder decir que no me lo esperaba porque en el fondo, después de todo esto… casi se siente inevitable.

Camino hacia detención y mientras avanzo por el pasillo casi vacío, repaso el momento una y otra vez.

La cara de Alejandra, la forma en que mintió sin titubear, mi propia voz elevándose más de lo que suelo permitir, el gesto final que todavía siento en la mano.

Empujo la puerta sin muchas ganas y entro, esperando silencio, aburrimiento, cualquier cosa menos… esto.

La profesora encargada ya está ahí sentada al frente con una carpeta entre las manos, levantando la vista cuando cruzo la puerta, pero no es ella lo que me detiene a medio paso, es lo que hay más adentro.

Nico.

Y Marcello.

Por supuesto que están aquí, su entrenador los envió a detención luego del entrenamiento. Genial.

El salón es pequeño, con solo tres filas de tres escritorios cada una y ellos están en extremos opuestos, como si incluso sin hablar hubieran decidido mantenerse lo más lejos posible el uno del otro.

Nico en una esquina inclinado sobre el escritorio, con los brazos cruzados y la mirada baja que levanta al escuchar la puerta. Marcello en la otra, recostado hacia atrás en la silla con esa postura suya que intenta parecer relajada incluso cuando claramente no lo está del todo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.