El día del baile llega.
Entro al salón con ese sentimiento de estar interpretando una versión de mí que ya decidió que no le importa. Funciona, más o menos, hasta que la profesora habla.
—Hoy trabajarán con la misma pareja del proyecto de biología.
Genial.
Simplemente genial.
Ni siquiera tengo que mirar la lista o preguntar, porque ya lo sé. Nico. Y como si eso no fuera suficiente, al otro lado del salón, Rami con Marcello.
De verdad, universo, qué buen sentido del humor.
—Tenemos que responder la guía —dice Nico cuando se sienta a mi lado.
Asiento. —Sí.
Trabajamos así, con respuestas cortas, sin mirarnos más de lo necesario.
Pero es imposible no notar cómo él escribe más fuerte de lo normal. Cómo suspira apenas cuando algo no le sale. Cómo evita completamente cualquier cosa que no sea estrictamente necesaria.
Miro a otro lado y ahí están Rami y Marcello.
Rami está inclinada hacia él, señalando algo en la hoja mientras habla, relajada y Marcello está sonriendo, pero no es su sonrisa típica, es algo más suave, como si realmente le importara lo que ella está diciendo.
Se ven… Bien.
Desvío la mirada de inmediato, regresando al cuaderno como si me hubiera quemado.
—La tres —dice Nico, empujando ligeramente la hoja hacia mí.
—Ya la vi —respondo, quizá un poco más cortante de lo necesario.
Otro silencio.
Y así sigue hasta que la clase termina, cada minuto sintiéndose más lento que el anterior, hasta que finalmente la profesora anuncia el final y el sonido de las sillas moviéndose llena el salón.
Recojo mis cosas rápido y estoy a punto de levantarme cuando Nico habla: —Espero que te diviertas en el baile.
Me detengo.
Giro la cabeza hacia él, sintiendo esa chispa inmediata de enojo. —No te preocupes —respondo—. Voy a ir a un museo.
Nico suelta una pequeña risa sarcástica.
—Es un museo de luces —añado, no sé porque lo hago—. Y va a ser mejor que estar en ese estúpido baile al que ni siquiera quería ir en primer lugar.
Él levanta una ceja. —Claro —dice, con ese tono que claramente no cree nada—. Que te diviertas.
Aprieto la mandíbula. —Eso haré.
Tomo mi mochila y me levanto, pasando de largo sin decir nada más.
Y aunque camino con la cabeza en alto por dentro, todo sigue siendo un desastre perfectamente disimulado.
Salgo del salón más rápido de lo necesario y cruzo la puerta.
—Oye —escucho a Rami detrás de mí, alcanzándome en el pasillo—. ¿Todo bien?
Suelto una pequeña risa sin humor, sin detenerme. —Sí, perfecto. Increíble. Me encanta mi vida.
—Ajá —responde, caminando a mi lado—. Tienes una cara muy feliz hoy.
Eso me hace frenar en seco.
La miro. — ¿Te estabas divirtiendo?
Rami parpadea, confundida por el cambio brusco. — ¿Qué?
—Con Marcello —aclaro, cruzándome de brazos—. Te veías bastante… feliz.
Su expresión cambia, como si estuviera intentando entender de dónde viene esto.
—Estábamos haciendo el trabajo, Rosie.
—Sí, claro —respondo rápido—. Riéndose, hablando como si nada hubiera pasado, súper normal todo.
—Porque yo no hice nada —dice, su tono bajando un poco—. Solo estaba siendo amable.
Eso me hace apretar más los brazos contra mí. — ¿Amable? —repito—. ¿Con él?
—Sí, con él —responde, frunciendo el ceño—. ¿Cuál es el problema?
La miro, sintiendo cómo algo dentro de mí se enciende más de lo que debería. —El problema es que todo esto fue tu idea, Rami —digo—. Lo de invitarlos, lo de mezclar todo, el plan… ¿te acuerdas?
Su postura cambia. —Sí, me acuerdo.
—Entonces no actúes como si no pasara nada —continúo—. Porque claramente pasó.
Rami suelta una pequeña risa, pero no es divertida. — ¿Y qué quieres que haga? ¿Que lo odie porque a ti te salió mal?
—No me salió mal —respondo rápido, aunque ni yo misma sueno convencida.
—Ah, no —dice, alzando una ceja—. Entonces todo esto es… ¿qué? ¿Parte del plan?
Aprieto la mandíbula. —Sabes a lo que me refiero.
—No, Rosie, la verdad no —responde ahora más firme—. Porque parece que estás enojada conmigo por algo que no hice.
—Sí hiciste —digo—. Me metiste en esto.
—No te obligué —replica de inmediato—. Tú aceptaste.
—Igual fue tu idea —insisto, más bajo pero más tenso—. Y ahora estás ahí, como si nada, con él, riéndote…
—Porque no todo gira alrededor de esto —dice, interrumpiéndome—. O de Nico. O de Marcello. O de tu drama.
Eso hace que algo dentro de mí se quiebre. —No es “mi drama” —respondo, sintiendo la voz más cargada—. Tú estabas ahí desde el inicio.
Rami me mira un segundo más, y ahora sí está molesta.
De verdad.
—Sí —dice—. Y también estoy aquí ahora, intentando no hacer todo peor.
Niego con la cabeza. —Pues no lo parece.
—Porque tú no quieres que mejore —responde, más cortante—. Quieres que todos estén igual de infelices que tú.
Eso me deja en silencio.
— ¿Sabes qué? —Dice Rami al final, soltando aire—. Si te molesta que hable con él, es tu problema, no el mío.
La miro, sintiendo esa mezcla rara entre enojo y culpa. —Solo digo que es raro.
—No —corrige—. Es un problema. Para ti.
—Olvídalo —murmuro al final, pasando una mano por mi cabello—. No importa.
—Claro —dice Rami, pero su tono ya no es el mismo—. Nada importa, ¿no?
Y antes de que pueda decir algo más, ella da un paso atrás.
—Nos vemos en la noche —añade, más fría—. O no. Como quieras.
Y se va.
Ahora no solo todo está mal con ellos, también con ella.