Los Chicos Que Odio

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No consigo dormir.

No he borrado el contacto.

Ni siquiera le cambio el nombre. Sigue apareciendo como "Alec", aunque ahora sé perfectamente quién está del otro lado de la pantalla.

Aprieto los labios, molesta conmigo misma y alargo la mano para desbloquear el teléfono una vez más. Encuentro exactamente lo mismo de hace unos minutos: mi último mensaje, ninguna respuesta y ninguna notificación nueva.

Dejo escapar el aire, apoyo el celular boca abajo sobre el colchón y cierro los ojos, intentando convencerme de que ya hice lo que tenía que hacer.

Solo necesito dejar de pensar pero no funciona.

En cuanto cierro los ojos, todo vuelve. El beso. Alejandra. Los mensajes. La expresión de Nico cuando me dijo que borrara su número como si aquello no hubiera significado nada.

—Idiota... —murmuro.

No estoy segura de si hablo de él o de mí.

Me incorporo hasta quedar apoyada contra la pared y vuelvo a tomar el celular.

Sé que no ha pasado suficiente tiempo para que aparezca una respuesta, pero igual reviso el chat.

Nada. Ni siquiera un "visto".

Resoplo con frustración y miro otra vez el contacto. Mi dedo permanece unos segundos sobre el nombre. Cambiarlo parece una tontería, pero también significa aceptar algo que llevo evitando desde esta tarde.

Que todo lo que había entre él y yo (o lo poco) se ha terminado para siempre.

No debería dolerme realmente porque él y yo no fuimos algo, ni siquiera tuvimos una cita, solo un beso impulsivo pero sí que estoy sintiendo en mi pecho la ausencia de lo que sea que había cuando él me enviaba mensajes.

Creo que es, la esperanza.

Sí, eso es. El anhelo de finamente haber encontrado lo que he visto en películas y a mí alrededor. La respuesta a todas las personas. La esperanza de encontrar algo nuevo, algo que me hiciera desear que todo saliera bien.

Entro al contacto, borro "Alec" y escribo "Nico".

Lo observo un instante antes de bloquear el teléfono otra vez. Se siente raro, pero no vuelvo atrás.

Intento acomodarme de nuevo cuando el celular vibra sobre la cama. Mi corazón se acelera antes incluso de mirar la pantalla.

Es un mensaje de él.

Trago saliva y no lo abro de inmediato, dudo si esto es verdad. Tal vez envié algo por equivocación o quizás… quizás solo debería leerlo y terminar con esta humillación.

NICO: “No fue por buscar suerte”

Parpadeo varias veces, releyendo las palabras.

El beso vuelve de inmediato a mi cabeza. Si no fue por suerte, entonces eso significa que hubo una razón, una que yo desconozco.

— ¿Entonces qué fue? —susurro, viendo el mensaje de nuevo.

Abro el teclado y escribo: “¿Entonces por qué lo hiciste?”

Lo miro unos segundos y termino borrándolo. Demasiado directo. Pruebo con otra cosa.

“¿Qué quieres decir con eso?”

También lo elimino.

—Vas increíble, Rosie.

Apoyo la cabeza contra la pared mientras intento ordenar mis ideas. Ninguna respuesta me convence, así que dejo de darle tantas vueltas y escribo simplemente:

“Entonces ayúdame a entender”

Lo envío antes de arrepentirme.

Casi enseguida aparece “escribiendo” Mi respiración se queda suspendida unos segundos hasta que desaparece. Vuelve otra vez y esta vez, sí llega un mensaje.

NICO: “Porque quería besarte. No fue por otra razón. Yo quería besarte”

Me quedo inmóvil mirando la pantalla. Es una respuesta tan simple que resulta imposible buscarle otro significado. No intenta justificarse ni suavizar nada. Solo dice la verdad.

Vuelvo a leerla y noto que ya no puedo esconderme detrás de la idea de que todo fue un impulso sin importancia. Si él escribe eso, entonces el beso sí significó algo.

Respiro hondo y escribo de nuevo:

“¿Y por qué querías hacerlo?”

La respuesta llega casi de inmediato.

NICO: “¿Me vas a hacer explicarlo todo? Bien…”

NICO: “Quería besarte porque me desesperaba como me hablabas en mensajes y luego eras distante, pero otros días no. Yo quería besarte porque si te soy honesto, no puedo sacarte de mi cabeza”

NICO: “Lamento no ser Alec. Perdón porque lo creíste pero yo si fui honesto y ese beso fue porque moría por sentir como seria besarte”

Mi corazón se acelera mientras leo todo lo que está escribiendo.

Los tres puntos vuelven a aparecer y espero sin apartar la vista de la pantalla.

NICO: “Y el beso no fue un error. Tampoco hablar contigo”

Cierro los ojos un instante antes de volver a leerlo.

Ya no hay espacio para interpretar otra cosa. Nico acaba de admitir que me besó porque quiso hacerlo, porque al parecer, está enamorado de mí.

Nico… enamorado de mí.

Paso una mano por mi cara mientras intento procesarlo.

Durante horas me repetí que aquello no había significado nada, que seguramente yo estaba exagerando y ahora él acaba de destruir esa idea con un par de mensajes.

Miro otra vez el chat. El nombre de Nico sigue sintiéndose extraño en la parte superior de la pantalla.

Escribo: “Entonces, ¿por qué me dijiste que borrara tu número?”

Esta vez no borro el mensaje. Lo envío y dejo el celular entre mis manos mientras espero la respuesta. No sé qué va a decir ni si realmente quiero escucharla, pero ya crucé ese punto donde fingir que nada pasó deja de ser una opción.

NICO: “¿Por qué no mejor me dices si te gustó el beso o no? No recuerdo que me empujaras”

Suspiro y no le respondo.

Yo me hago esa misma pregunta y creo que la respuesta es bastante obvia porque subo los dedos a mi labio inferior y mi corazón pega un salto.




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