Camino unos pasos más adelante sin mirar atrás.
Rami no tarda en alcanzarme. —Bien —dice, bajando un poco la voz pero sin ocultar la emoción—, no voy a decir nada… todavía.
La miro de reojo. —Más te vale.
Marcello viene detrás, junto a Nico. —Deberíamos salir —dice Marcello de repente, rompiendo la tensión—, los cuatro.
Rami gira hacia él casi de inmediato. —Sí —responde, demasiado rápido—, sí, eso suena bien.
Frunzo el ceño, deteniéndome un segundo. — ¿Salir?
—Sí —continúa él, encogiéndose de hombros como si no fuera gran cosa—, hay un lugar con juegos viejos, tipo árcade, está bastante decente.
—Y tiene comida —añade Rami, como si eso fuera el factor decisivo.
Miro entre ambos, sintiendo que esto huele a trampa desde lejos. —No sé…
—Vamos, Rosie —insiste Rami—, será divertido.
Desvío la mirada un segundo, encontrándome sin querer con Nico, que está más callado de lo normal, pero cuando nuestros ojos se cruzan no aparta la mirada esta vez.
—Como quieras —dice él.
Exhalo lentamente. —Está bien —cedo al final, más por cansancio que por convicción—, pero si esto sale mal, los culpo a ustedes dos.
Rami sonríe como si acabara de ganar algo importante. —No va a salir mal.
Marcello suelta una risa baja. —Eso esperamos.
~
El lugar está más lleno de lo que esperaba, luces de colores parpadeando por todos lados, sonidos de máquinas mezclándose entre sí y ese ambiente extraño entre nostalgia y caos que hace que todo se sienta un poco irreal, como si fuera fácil perderse ahí y olvidar lo demás, lo cual sería perfecto si mi cabeza cooperara un poco.
Entramos los cuatro, pero apenas cruzamos la puerta, algo cambia. Rami suelta mi brazo y Marcello se mueve a su lado. Sin que nadie lo diga en voz alta, ellos dos simplemente se van.
Como si esto hubiera estado planeado desde el principio.
Me detengo un segundo, girando ligeramente la cabeza mientras los veo avanzar hacia otra dirección, riéndose por algo que Marcello acaba de decir.
— ¿En serio? —murmuro, más para mí que para alguien más.
—Sí —responde Nico detrás de mí y cuando volteo, está lo suficientemente cerca como para que mi estómago haga algo raro.
—Qué considerados —añado, cruzándome de brazos.
Nico sigue la dirección en la que se fueron. —Nos dejaron solos.
Miro alrededor, buscando cualquier distracción, cualquier cosa que no sea él, pero el ruido, las luces, la gente, todo se siente lejano comparado con la simple realidad de que estamos aquí.
Juntos.
Otra vez.
—Entonces… —empiezo, sin saber muy bien cómo continuar—, ¿te gustan estos lugares?
Nico ladea ligeramente la cabeza, observando una de las máquinas cercanas. —Son ruidosos.
—Eso no responde mi pregunta.
—No me molestan —corrige, encogiéndose de hombros.
Asiento, sintiendo cómo esto se parece demasiado a nosotros antes de todo, a esa forma medio torpe de interactuar.
—Bueno —digo, dando un pequeño paso hacia una de las máquinas—, supongo que podríamos… hacer algo.
Nico se acerca también. —Supongo.
Aunque suena simple, aunque parece una conversación cualquiera, hay algo debajo, algo que sigue ahí desde el almacén, desde ese beso que ninguno ha mencionado, pero que claramente no desapareció.
Mientras tomo los controles de un juego cualquiera, sin prestar demasiada atención a cuál es, no puedo evitar preguntarme si esto de “amigos” realmente tiene alguna posibilidad…
O si solo estamos fingiendo hasta que algo vuelva a ocurrir.
La pantalla frente a mí se enciende con colores brillantes y música repetitiva, pero honestamente no tengo idea de qué estoy haciendo, solo presiono botones al azar mientras intento concentrarme en algo que no sea la persona que está a mi lado, lo cual es bastante inútil porque siento su presencia incluso sin mirarlo, como si el espacio se hubiera reducido sin permiso.
—Estás jugando mal —dice Nico después de unos segundos, con ese tono ligeramente burlón que, en otro momento me habría hecho rodar los ojos sin pensarlo.
—No todos nacimos expertos en juegos viejas —respondo, sin apartar la vista de la pantalla aunque claramente ya perdí hace rato.
Él se inclina un poco, lo suficiente como para quedar más cerca y sin pedir permiso toma el control un momento, moviendo los botones con seguridad. —Se hace así —añade.
Lo miro de reojo, notando la facilidad con la que lo hace y suelto un pequeño bufido. —Bien, genio.
—De nada.
Se separa y cuando vuelve a dejar el control en su lugar, nuestras manos se rozan por accidente, lo cual debería ser algo mínimo, insignificante, pero no lo es porque inmediatamente todo mi cuerpo reacciona como si fuera algo importante.
Retiro la mano un poco más rápido de lo necesario. —Perdón —murmuro.
—No pasa nada —responde él, pero su voz suena más baja que antes.
El juego termina y la pantalla anuncia algo que no leo, porque mi atención ya no está ahí.
Por un momento ninguno de los dos dice nada, como si estuviéramos esperando que el otro haga el siguiente movimiento, pero nadie parece tener un plan claro.
Miro alrededor otra vez, buscando a Rami y a Marcello, pero no los veo por ningún lado, lo cual confirma lo obvio.
Nos dejaron.
—Seguro están riéndose de nosotros en algún lado —digo, cruzándome de brazos.
Nico suelta una pequeña risa. —Probablemente.
—Los voy a matar.
—Después yo —añade—.
— ¿Quieres intentar otra? —pregunto, señalando un juego de carreras.
Nico observa la pantalla. —Te voy a ganar.
—Eso ya lo veremos.
Tomo uno de los controles y me acomodo, sintiendo cómo la pequeña competencia ayuda a aliviar un poco la tensión, al menos lo suficiente como para respirar sin pensar demasiado.
El juego empieza y esta vez sí intento concentrarme, moviendo el volante con más cuidado, esquivando obstáculos, avanzando poco a poco y por un momento todo se reduce a eso, a ganar o perder, a algo simple.