Los Chicos Que Odio

42

No sé cuánto tiempo pasa antes de que vuelva a ser consciente del ruido alrededor.

Y justo en ese momento: —Bueno, bueno…

La voz de Rami aparece antes que ella y cuando volteo, está caminando hacia nosotros con una sonrisa que ya conozco demasiado bien, seguida por Marcello que viene más relajado.

Instintivamente intento soltar la mano de Nico, pero él no lo hace de inmediato y ese pequeño detalle solo hace que mi cara se caliente otra vez, así que término apartándome un poco más rápido de lo que quería como si eso fuera a disimular algo.

No lo hace.

— ¿Interrumpimos algo importante? —pregunta Rami, cruzándose de brazos, claramente divertida.

—No —respondo demasiado rápido, lo cual solo empeora todo.

Marcello suelta una risa baja. —Claro que no.

Miro a Nico de reojo, esperando que diga algo, cualquier cosa que ayude a bajar la tensión pero en lugar de eso, él se ve como si no le molestara en lo más mínimo que nos hayan encontrado así.

—Solo estábamos hablando —dice finalmente.

—Ajá —responde Rami, alargando la palabra—, se nota.

Ruedo los ojos, pero no puedo evitar que una pequeña sonrisa se me escape, porque aunque me moleste, también sé que esto era inevitable. — ¿Van a quedarse ahí juzgando o vamos a hacer algo? —pregunto, cruzándome de brazos.

Marcello asiente. —Esa es la actitud.

Y de alguna forma, el ambiente cambia.

Terminamos moviéndonos entre las máquinas, jugando cosas al azar, compitiendo sin reglas claras, riéndonos más de lo que esperaba y por momentos incluso olvido lo incómodo que era todo hace unas horas porque Rami no deja de hablar, Marcello responde con comentarios que no deberían ser tan graciosos pero lo son y Nico… Nico se mantiene cerca.

En algún punto, Rami insiste en que hagamos equipos y obviamente decide todo sin preguntar. —Yo con Marcello —dice, tomándolo del brazo antes de que alguien pueda opinar—, ustedes dos juntos.

—Qué sorpresa —murmuro.

Nico suelta una pequeña risa a mi lado. —No lo vi venir.

Jugamos así un rato y aunque intento concentrarme en ganar, termino distraída más de lo que debería, consciente de cada vez que Nico se inclina un poco para decir algo.

De cada roce accidental que ya no se siente tan accidental.

De la forma en que todo es más fácil cuando dejo de sobre pensarlo.

Pero pierdo varias veces. —Eres terrible —dice Nico en uno de los juegos.

—Cállate, tú eres demasiado intenso —respondo, empujándolo ligeramente.

—Eso no es un defecto.

—Depende.

Él sonríe, y por un segundo todo se siente bien. O al menos lo suficientemente simple como para disfrutarlo.

Después de un rato, terminamos sentándonos en una de las mesas, cansados pero de buen humor, con vasos medio vacíos y esa sensación que el tiempo pasó más rápido de lo que debería.

Rami apoya los codos sobre la mesa, mirándonos a todos. —Okey, oficialmente esto fue un éxito.

—No cantes victoria tan rápido —digo.

—No, en serio —insiste—, nadie se mató, nadie lloró, y hasta hubo… avances.

—Rami —la interrumpo, entrecerrando los ojos.

— ¿Qué? —Responde, inocente—, estoy siendo objetiva.

Marcello niega con una pequeña sonrisa. —Déjala, tiene razón.

—No la tiene.

—Sí la tiene —añade Nico, sin esfuerzo.

Lo miro. —No te metas.

—Ya estoy metido.

Resoplo, pero no puedo evitar sonreír un poco, porque la dinámica ya no se siente tensa.

Marcello se inclina ligeramente hacia adelante, apoyando los brazos sobre la mesa. —Bueno —dice—, ya que sobrevivimos a esto, creo que es momento de cerrar bien la noche.

— ¿Cerrar cómo? —pregunta Rami.

Él se encoge de hombros. —Yo puedo dejarte en tu casa.

Rami sonríe de inmediato. —Qué caballero.

—Siempre. —Luego, casi como si fuera lo más obvio del mundo, Marcello mira a Nico—. Y tú puedes dejar a Rosie.

Miro a Nico de reojo, él no parece sorprendido. —Sí —dice simplemente.

Eso no ayuda a que mi pulso se mantenga normal. Rami se levanta casi de inmediato. —Perfecto, entonces vámonos.

—Eres demasiado rápida —murmuro.

—Optimizo el tiempo.

Marcello suelta una risa, poniéndose de pie también.

Pagamos, salimos del lugar y el aire de afuera se siente más fresco. Rami se despide de mí con una mirada que dice demasiado sin necesidad de palabras y antes de que pueda advertirle algo, ya está caminando con Marcello hacia otro lado, dejándonos atrás sin ninguna sutileza.

Y otra vez…

Solo nosotros.

Miro a Nico por un segundo, sin saber exactamente qué decir ahora que todo está más claro y al mismo tiempo no lo está del todo. —Bueno… —murmuro.

Él ladea ligeramente la cabeza. —Bueno.

Y aunque no tengo un plan claro de cómo sigue esto, por primera vez, no me molesta no tenerlo.

El camino se siente más tranquilo que todo lo demás, como si la noche hubiera decidido bajar el volumen después de tanto ruido.

Miro de reojo a Nico un par de veces, notando detalles que antes ignoraba o simplemente no me permitía ver con tanta calma, como la forma en la que su cabello ahora es más oscuro y más corto, diferente a como lo recordaba antes, y sin pensarlo demasiado termino hablando.

—Oye —digo, rompiendo el silencio—, ¿por qué te teñiste el cabello?

Nico voltea ligeramente, como si no esperara la pregunta. — ¿Mi cabello?

Asiento, señalándolo con un pequeño gesto. —Antes lo tenías más largo… y rubio —frunzo un poco el ceño—, bastante rubio, en realidad.

Él suelta una pequeña risa por la nariz, pasando una mano por su cabello casi por reflejo. —Sí… supongo que sí.

—Me gustaba —añado, antes de pensarlo demasiado—, aunque esto tampoco está mal.

Nico me mira un segundo más de lo normal y luego desvía la mirada al frente. —Lo cambié en vacaciones —dice—, no fue tan planeado.

Espero a que continúe, pero se toma su tiempo, como si estuviera decidiendo cuánto decir.




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