Luis y Elena se han instalado en una caravana junto a la obra. La rehabilitación ha comenzado, pero los problemas no tardan en surgir. No son problemas arquitectónicos, sino administrativos y extraños.
—Luis, han vuelto a cortar las vallas de seguridad —dice Elena, entrando en la caravana con el rostro pálido—. Y no ha sido un animal. Han dejado esto en el manantial.
Elena pone sobre la mesa una pequeña talla de madera: un puente roto.
Esa misma tarde, un coche negro de alta gama se detiene en el camino de tierra. De él baja un hombre que Luis reconoce de sus peores días en Madrid: Julián Varga, el tiburón inmobiliario que intentó hundir su carrera antes de que Luis lo dejara todo.
—Vaya, Luis —dice Varga con una sonrisa gélida—. Así que este es el famoso "refugio". Es una lástima que hayas elegido precisamente este suelo. ¿Sabes lo que hay debajo de esta piedra?