Los Círculos de la Vida y de la Muerte

DEOGRACIAS Y ANGUE JULIA

DEOGRACIAS Y ANGUE JULIA

Deogracias y Angue Julia, se encontraban en los aposentos de la Matriarca junto con sus dos hermanos; Ashon, hijo de Angue Julia, y un perro, el cual era de Sonia. También había alguien muy especial entre ellos. Paula, quién era la pareja de Gregory.

—Recordar: encontrar a vuestros padres y matarlos —dijo la Matriarca a sus cuatro hijos.

—Sí —dijeron los cuatro hijos.

—Bien. Ahora abriré los portales —dijo la Matriarca, que con tres gestos de mano, abrió tres portales ovalados y oscilantes que conducían a tres lugares distintos—. Espero que podáis con ellos.

—Sí podremos. Somos más jóvenes —dijo Gregory.

—Suerte. Sobre todo vosotros dos, Angue y Deo —habló la Matriarca.

—Vamonos, Leo —dijo Sonia atravesando el portal con su mastín acompañante.

—Ashon, hazme un favor. Mata al chaval ese que te dije si lo encuentras.

—Haré lo que pueda, tío. Adiós a todos —dijo Ashon, quién se dirigió a la puerta para salir.

Pero entonces, su abuela abrió otro portal.

—¡Oh! Gracias. ¿Adónde lleva?

—A Madrid. ¿Llevas los demonios contigo? —Preguntó la Matriarca.

—Sí —dijo su nieto.

Y Ashon cruzó el portal.

—Suerte, hermanos —dijo Gregory—. Vámonos, Paula —ordenó Gregory.

Y ambos cruzaron su portal.

Cosa que no sucedió con Deogracias y Angue Julia.

—¿Por qué nos has deseado más suerte que a ellos dos, madre? —Preguntó Deogracias.

—Porque vuestro padre es imparable, por lo menos para mí. Y tal vez vosotros, hijos suyos, podáis con él. No es ancestro mío. Y no puedo pararlo…Tal vez, vosotros sí.

—¿Y por qué dices qué es imparable y que tú no puedes? —Cuestionó Angue Julia.

—Porque no puedo, hija. Algo falla. Sin embargo, vosotros tenéis una ventaja y es que podéis verlo. Sin embargo, algo fallará. Yo fallé. Fallé porque perdió su cuerpo y ahora vaga como fantasma. Cuando la muerte se hizo con su vitalidad se me escapó la oportunidad de matarlo. Todo sucedió ante mis ojos...Casi pierdo... Pero mi hermana estaba para proteger mi mente.

—No te fallaremos, madre. Tú me quieres a diferencia de él. Y no hay duda en mi corazón. Le pienso hacer pedazos.

La Matriarca no dijo nada.

—Adiós, mamá —dijo Angue Julia tras cruzar el portal que le llevó al pasillo entre vagones.

—Una cosa. No os preocupéis por la muerte porque volveréis a verme.

Deogracias lo cruzó también. Y el portal se cerró.

Angue Julia le vio cruzar con el tren en movimiento. Y estaba maravillada, pues hasta dónde ella imaginaba un portal no podía moverse.

—¿Te fías de nuestra madre? —Preguntó Angue.

Deogracias resopló.

—Sí, creo en ella. Quiero creer en ella. Nos ha enseñado algo que padre nos vetó: la magia. ¿Qué hay de ti? ¿Crees en ella?

—inteterrogó Deo.

—Yo no creo. Pero quiero ver hasta dónde es capaz de llegar. La siento como una mujer extraordinaria. Y eso me gusta porque por una parte me siento como una extensión de ella.

—Quieres ver el futuro —añadió Deo.

—Sí.¿Entramos? El tren llegará en cualquier momento a su destino.

—Sí, entremos.

Deogracias abrió la puerta. Y Angue Julia pasó.

Ella tuvo la intención de sentarse. Pero su hermano, que había trabajado durante mucho tiempo como vigilante de seguridad, le dijo que no lo hiciera que llegarían pronto.

Angue Julia contestó: vale. Y se quedó mirando más allá de la ventana. Entonces, atendió que la próxima parada era Fuenlabrada Central. Y tras unos segundos avanzando el tren, este se detuvo. Su hermano caminó hasta la puerta y la abrió. Angue caminó hasta la puerta y salió.

Ya fuera del tren, se dirigieron a la salida de la estación. Y mientras lo hacían, Deogracias, le preguntó qué tal por Londres.

—Bien. Con proyectos —dijo cruzando a la otra acera— Buscando la riqueza como todo el mundo. ¿Y tú? ¿Qué tal por España? Hacía años que no nos veíamos.

—Bien —respondió Deogracias ya fuera de la estación—. Pero podría estar mejor. Tengo dos hijos.

—¿Tienes dos hijos?

—Así es.

—¡Ah, por cierto! Debíamos ir a casa, ¿no?

—Sí. Mamá dice que ahí se oculta padre.

—¿Y si no le encontramos?

—Daremos con él. Le percibo.

—¿Qué quieres decir? ¿No me digas que aquello que viste de pequeño era real?

Su hermano mayor la miró fugazmente y dijo.

—Sí.

—Vaya —dijo Angue mirando al suelo—. Debió ser horrible tú experiencia. Sí. Según tengo entendido era madre tratando de comunicarse con nosotros.



#1344 en Fantasía
#502 en Joven Adulto

En el texto hay: poder, aventura epica, amor

Editado: 10.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.