Los Círculos de la Vida y de la Muerte

SONIA

Sonia atravesó el portal y llegó a una de las múltiples bibliotecas de Alcorcón. Estaba encerrada. Concretamente, en uno de sus baños en la planta baja. Ella escuchaba a un par de chicas hablando sobre sexo cuando de pronto, abrió la puerta para salir junto con su can.

Las chicas, que vieron a Sonia salir de baño junto a su perro, se dieron la vuelta. Una de ellas, le comentó que no se podían tener perros dentro de las instalaciones. El can, que entendía las palabras, mucha de lo que se podían imaginar ellas, mostró los dientes. Pero Sonia le hizo calmar al decirle que no pasaba nada. Acto seguido, se dirigió a la chica que le habló. Le dijo que se metería en sus asuntos si no quería tener problemas con ella. A lo que la chica respondió que no es que quisiera tener problemas con ella, es que había que respetar las normas. Sonia entendió las palabras y le agradeció que fuera tan cívica. Es por eso que la recomendó a ella y a su amiga, que salieran lo antes posible de la biblioteca, pues habría peligro.

—¿Qué clase de peligro? —Preguntó otra chica—.

—Mortal —contestó Sonia.

Y se marchó para salir de los baños acompañada de su can Leo.

Fuera del baño, había un agradable silencio, como el que se comparte con los amigos tras haber estado charlando largo y tendido, para algunos. No había personas. Y sin ninguna duda dedujo que se encontrarían repartidas por las instalaciones, mayoritariamente en la zona de estudio, zona que no sabía dónde se encontraba y que tendría que buscar. Es por eso que decidió acercarse a recepción.

¿Y si me preguntan por Leo?, se dijo. ¿Qué debo decir? ¿Colará si digo que es de una amiga que vino a estudiar? Es muy probable. Voy a preguntar, pensó. Y se acercó a recepción. Pero luego se dijo que eso era una tontería, que lo mejor era subir las escaleras. No tenía pérdida. Ella se dirigió a las escaleras, las cuales eran un placer ver con todos esos colores por cada escalón. Entonces, la recepcionista, dijo.

—Disculpe, no se puede entrar con perros.¿O es que acaso lo necesita?

Leo, que tenía su larga lengua fuera, miró a Sonia desde su posición con ojos que demandanban una respuesta por parte de ella. Sonia bajó la mirada. Vio a su can, y dijo que era de una amiga antes de causar el caos.

—¿Y por qué no ha subido con él? —preguntó la señora incordiando la siguiente acción de Sonia.

Pero esa pregunta le había dado una pista de donde se encontraba la zona de estudio.

—La seré franca. No sé por qué mi hermana no ha subido con él. Vengo a buscarla. ¿Podemos subir?

—¡Claro, adelante!

—Gracias.

Y subieron las escaleras.

Ya en la primera planta, las personas se quedaron mirando a Leo. Algunas se acercaron para acariciarla. Pero Sonia no sé detenía, y Leo tampoco. Quiso preguntar a las personas que acariciaban a su perro que en dónde se encontraba la sala de estudios. Pero siguió explorando por ella misma.

Pasó al lado de las escaleras nuevamente, de aquellas que conducían a la planta de arriba y en una de sus paredes leyó: Paraíso. Siguió caminando con la esperanza de dar cuanto antes con la sala de estuios. Entonces, vio a un joven salir de una de las puertas cuya forma era similar a una de las de emergencia. Ella se acercó para explorar. La abrió, y ahí encontró la biblioteca en sí misma.

A si izquierda, se encontraba la recepcionista de aquella sala, y le preguntó qué hacía con el perro dentro de las instalaciones. Además de eso, le comentó a baja voz que no estaban permitidos los perros a no ser que fueran necesarios para ella. Y cuestionó si era así. Ella contestó que no era de ella, sino de su hermana pequeña. La recepcionista, extrañada, contestó interrogando:

—¿Para tu hermana pequeña?

—Sí, para mí hermana pequeña. La traje antes.

—No me suena que hubiera entrado una chica así.

—Ya veo... —dijo Sonia mientras miraba al lado contrario—. ¿Me dejaría pasar? Solo quiero recoger a mi hermana. No tardaré mucho.

—Bueno, vale. Está bien. Pero no tarde.

—No, gracias.

Y pasó a la sala de estudio, la cuál se encontraba pasando delante de recepción.

Muchos de los estudiantes se preguntaron que estaba pasando como para que hubiera un perro en la biblioteca. Otros, se preguntaron si era ciega. Y otros, simplemente, se preguntaron si los perro estaban permitidos.

Ella se detuvo en lugar y exploró. Y cuando encontró su objetivo sentado en una mesa ocupada por dos personas más, maldijo la situación. Pero no la importó. De hecho, les pediría que se fueran para ñoder hablar con su padre, si era posible. Ella se acercó a la mesa. Y antes de llegar, cambió de opinión. Se dijo, que lo mejor que podía hacer era pedirles una hoja de papel para poder comunicarse tranquilamente. No obstante, antes de llegar, ocurrió algo. Su padre, levantó la mirada. Y al verla, se quedó sorprendido, petrificado y dubitativo, pues no esperaba ver a su hija en ese lugar. Ni ahí ni en otro. Sin embargo, bajó la cabeza y continuó con lo que estuviera haciendo.

Me mira y sigue a lo suyo...Me ignora. ¡Menudo cerdo! Bueno, no importa. Total, no creo que sobreviva, pensó.



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En el texto hay: poder, aventura epica, amor

Editado: 20.02.2026

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