Los Colores del Girasol

Capítulo 5: Un salto al Vacio

​El resto de la tarde en la oficina fue un torbellino de lógica y estrategia. Camila pasó el resto del día de reunión en reunión, liderando las mesas de trabajo. La junta directiva de la empresa quería simplificar varios de los procesos operativos más complejos, y ella, junto con su equipo de confianza, estaba buscando la forma técnica de automatizarlos y blindarlos, minimizando cualquier margen de error. Cuando Camila se sumergía en las líneas de código y la arquitectura de sistemas, el mundo exterior desaparecía. La tarde se pasó volando; una consecuencia normal de cuando el cerebro está al cien por ciento de su capacidad y las horas se diluyen sin que nadie se dé cuenta.

​Durante esas horas, el teléfono sobre su escritorio vibró y sonó en varias ocasiones. Camila de reojo vio el nombre de Oliver destellando en la pantalla una y otra vez. Él insistía, buscaba una rendija por dónde entrar, pero ella, con una mezcla de fastidio y firmeza, prefirió desviar las llamadas. Estaba demasiado ocupada para atender dramas a medias, y lo que menos quería en ese momento de su vida era conversar con él y revolver el fango de una amistad que ya se sentía rota. Decidió ignorar el ruido externo y seguir sumergida en sus múltiples ocupaciones.

​Fue solo cuando levantó la vista del monitor y miró su reloj que se dio cuenta de lo tarde que se había hecho. El edificio comenzaba a quedarse a oscuras. Con calma, organizó los documentos sobre su escritorio, guardó su computadora, tomó su cartera y salió de la oficina rumbo a la calidez de la casa de la abuela Mildred.

​Al incorporarse a la avenida principal, se topó con un muro de luces rojas. El tráfico de la hora pico estaba bastante complicado y avanzar sería una tarea de paciencia. Sin embargo, en vez de estresarse o preocuparse por la cola, Camila vio la oportunidad perfecta. Conectó el manos libres del Toyota y marcó el número que la había tenido inquieta desde el mediodía.

​Apenas al segundo repique, la voz de su hermano inundó la cabina del carro.

​—¿Enano, cómo estás? —preguntó Camila, acomodándose en el asiento.

​—Vaya, vaya... La lagartija entaconada finalmente se decidió a llamar —respondió Luciano al otro lado de la línea, con un tono que intentaba ser burlón pero que delataba un trasfondo de pura tensión—. Encima de que invitaste a todo el mundo a nuestro almuerzo y me dejaste con la palabra en la boca, me tienes aquí, esperando por tu bendita llamada.

​Camila no pudo evitar soltar una carcajada limpia, relajándose un poco el cuello de la blusa verde oliva.

​—¡Jajajajaja! No exageres, Luciano. Solo aproveché el momento para tener un almuerzo familiar y complacer a mamá —dijo, sin poder aguantar las ganas de reír por el dramatismo de su hermano. Luego, su tono se volvió más suave, más maduro—. A ver, enano... habla. ¿Qué era eso tan importante que me querías decir en el restaurante?

​En su propio departamento, a kilómetros de allí, Luciano sintió que una ola de ansiedad tremenda le oprimía el pecho. El estómago se le revolvió. Adoraba a Camila, y la idea de decepcionarla o de iniciar una guerra fría con ella lo aterraba, porque no sabía cómo tomaría su hermana lo que estaba a punto de confesarle. Sin embargo, apretó los puños, se armó de un valor casi desesperado y respondió con una voz que intentó sonar inquebrantable:

​—Mira, Cami... No sé cómo lo vas a tomar. Y de una vez te aclaro que, aunque eres mi hermana y tu opinión es lo más importante para mí en este mundo, ya tomé una decisión. No hay vuelta atrás.

​El tráfico avanzó apenas unos metros. Dentro del Toyota, el corazón de Camila dio un vuelco. La firmeza defensiva de Luciano era la confirmación de que sus peores sospechas se quedaban cortas. Amalia estaba detrás de esto, oliéndose el peligro desde lejos. Aunque la sorpresa y un presentimiento amargo le recorrieron la espina dorsal, Camila se limitó a aferrar el volante con una mano, entornó sus ojos almendrados y dijo con una voz gélida y directa:

​—Sueltalo ya, Luciano. Habla.

El silencio que se formó dentro del Toyota fue tan denso que Camila pudo escuchar el zumbido del motor en mínimo. Al otro lado de la línea, la respiración de Luciano se escuchaba agitada, pesada, como la de alguien que acaba de saltar al vacío sin paracaídas.

—Decidí... decidí casarme con Amalia, Cami —soltó finalmente, titubeando, perdiendo por completo la falsa seguridad de hace unos segundos. Hubo una pausa dramática donde Luciano tragó grueso antes de dejar caer el segundo impacto—: Y... bueno, dentro de cinco meses vas a ser tía.

Camila clavó los frenos del carro de golpe en medio del tráfico, haciendo que los neumáticos chillaran levemente. La luz roja del semáforo al frente parecía titilar al ritmo de sus propios latidos, que se habían disparado en un segundo. Se quedó estupefacta, mirando fijamente el tablero digital del manos libres.

—¿Qué has dicho, Luciano? —preguntó, con la voz un hilo más aguda de lo normal, llena de una sorpresa que le desencajó el rostro.

En ese instante, una tormenta de sentimientos encontrados la atropelló sin piedad. Por un lado, una chispa de ternura y asombro le encendió el pecho: su hermanito, el enano de metro ochenta, el chico con el que había crecido compartiendo secretos, iba a ser papá. Un pedacito de su sangre venía en camino y, en el fondo de su corazón, Camila ya sentía el instinto protector de una tía.

Pero, por el otro lado, el balde de agua fría de la realidad la hizo aterrizar con dolor. Se iba a casar. Se iba a amarrar legal y emocionalmente a Amalia, la mujer cizañera que lo había arrastrado a la depresión hacía un año, la que le tenía una envidia injustificada a ella y a quien, particularmente, Camila no quería ver ni en pintura.

La mente analítica de la ingeniera empezó a sacar cuentas a la velocidad de la luz: si nacía en cinco meses, Amalia ya tenía casi cuatro meses de embarazo. Habían ocultado la noticia durante todo el primer trimestre. ¿Por qué decírselo apenas ahora? ¿Había sido el embarazo la verdadera razón para que Luciano considerara el matrimonio como la "única salida" a sus dudas?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.