Isla de Galatea. Mundo mágico, 1989.
La vida de Effy Strode no siempre fue tan mala. A pesar que vivían en el peor lugar del mundo mágico, la Isla de Galatea, lugar de donde salían todos los asesinos y criminales más temidos, no todo era tan terrible como todos creían. A veces dudaba si la maldición era real. Hubo un tiempo en el que estaban bien, su familia era feliz. Pero todo cambió hace cinco años atrás, cuando su padre se fue de repente con una chica de dieciséis años que trabajaba en la tienda de magia de su abuelo. Se fue con alguien que no solo era mucho más joven que él, sino que también tenía sólo un año más que su hermana mayor.
La última semana que su padre estuvo con ellas, se comportaba de manera extraña, distante y peleaba mucho con su mamá. Recuerda la noche en la que se fue. La despertó los gritos y los sollozos de su mamá. Miró la espalda de su padre atravesar la puerta para nunca volver. Phoebe, su hermana menor, siempre había sido la más cercana a él, lo adoraba. Desesperada, salió corriendo detrás de él. Era casi medianoche y sabía lo peligroso que era la isla de noche. Morgan, su hermana mayor, le dijo que ella iba a buscar a Phoebe y que ella debía quedarse con su mamá, que estaba pasando por una crisis. Dos horas después, Phoebe regresó sin Morgan. La ausencia de su hermana la preocupó bastante. Aunque las tres eran brujas, su magia no era tan fuerte, debido a que su mamá era una humana. Quiso buscar a su hermana, pero no podía dejar sola a Phoebe ni a su mamá, que ya se había tranquilizado y dormía tranquilamente. Así que decidió esperar, con la esperanza que Morgan regresara pronto. En la madrugada, Morgan finalmente regresó y se sintió aliviada, pero su alivio se convirtió en preocupación al notar que regresó toda sucia con moretones en sus brazos. Al preguntarle qué había sucedido, Morgan respondió que se había caído y golpeado la cabeza con una roca, por eso tardó tanto en regresar. Las explicaciones de su hermana no convencieron a Effy, sentía que había más en la historia de lo que Morgan contó, pero su hermana se veía tan cansada que no quería abrumarla con tantas preguntas.
Después de esa noche, todo cambió para lo que quedaba de su familia. Su mamá comenzó a beber cada vez más. Morgan se volvió fría y distante. El carisma de Phoebe se desvaneció, convirtiéndose en sarcasmo que solo parecía alejarla de los demás. Comenzó a tener problemas con los demás niños de su escuela.
No volvieron a mencionar a su padre. Es como si nunca hubiera existido. Effy, sinceramente cree que está muerto. Cuando Morgan fue a buscar a Phoebe. Después de unos minutos, sintió una presencia fría y aterradora que la hizo erizar su piel. Se asomó por la ventana y por un breve instante, creyó ver a su padre, pero cuando volvió a mirar hacia la ventana, ya no estaba. Ella sabía que los niños tienen la capacidad de ver fantasmas, aunque con el paso del tiempo pierden esa habilidad, pero con ella no pasó. Desde ese momento puede ver, hablar, y escuchar a las almas de las personas que han muerto. Esa fue la última vez que vio a su padre. Trató de contactarlo por medio de una ouija, pero no vio ni escuchó nada. Solo un tranquilo silencio. Lo que la hizo pensar que ya no se encontraba en este plano, sino que había cruzado al Más allá.
No habló de su don con nadie de su familia. Solo con su abuelo Frank. Su mamá es huérfana y el abuelo Frank la adoptó. Él había perdido a su esposa, Rory, poco después de haberse casado. Pasaron años en los que estaba en una profunda tristeza y al conocer a mi mamá pudo seguir adelante con su vida. Él no habla mucho acerca de Rory, pero cuando la menciona, lo hace con un cariño y ternura que refleja el profundo amor que aún siente por ella.
Como Rory también poseía la capacidad de hablar con los muertos, el abuelo Frank le ayuda a entender mejor su don, pero aun le faltan cosas por comprender.
Pasa su tiempo ayudando a su abuelo en su tienda de magia, Sombras y conjuros, donde vende todo tipo de hierbas, artefactos y conjuros mágicos. Al igual que su hermana Phoebe, que siempre intenta ser amable con los clientes. Morgan, siempre está fuera por trabajo, a veces no la ven en semanas y hay ciertos rumores malintencionados sobre ella, pero intenta ignorarlos, es su hermana y desde que papá se fue, Morgan ha asumido la responsabilidad de cuidar a su familia. Mientras tanto, su madre rara vez sale de casa y siempre tiene una copa de vino en la mano.
—Phoebe ya tardó demasiado en ir por las hierbas. —dice el abuelo Frank.
Effy le había pedido a Phoebe que fuera al Bosque de los susurros a recolectar hierbas medicinales, ya que se habían agotado en la tienda. Phoebe accedió a regañadientes, ya había pasado mucho tiempo y aún no regresaba.
—Es cierto, ya es tarde. Espero que no esté metida en problemas. —dijo Effy, mirando preocupada por la ventana hacia el bosque. —Aunque hay que reconocer que Phoebe tiene una habilidad especial para buscar problemas o que los problemas la encuentren a ella.
—Deberíamos ir a buscarla. — se notaba la preocupación en su rostro y su voz.
—No, quédate a cuidar la tienda, abuelo. Yo iré a buscar a Phoebe, no tardaré.
Effy tomó varias pociones que potenciaban su magia. Aunque ella y sus hermanas eran brujas por parte de su padre, su linaje mortal por parte de su mamá hacía que su magia no fuera tan fuerte como la de otros. Desde que su padre se fue, Phoebe había dejado de utilizar la magia, pero eso no significaba que no se supiera defender, el abuelo les había enseñado combate físico, asegurándose de que nunca estuvieran desprotegidas. Sin más, salió de la tienda de magia y se dirigió al Bosque de los susurros.
El Bosque de los susurros fue apodado así porque el bosque nunca guarda silencio. Incluso cuando es de día, aparenta ser menos peligroso. Aun así, al entrar sientes la presencia de alguien observándote. Cada rama que se mueve, dice algo, pero no a todos, solo algunos pueden escucharlo. De noche, se oyen susurros, algunos afirman que pueden escuchar sus nombres. Y si te pierdes… no hay garantía de que vuelvas a salir. Es como si el bosque decidiera a quién dejar salir y a quién no.
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Editado: 13.07.2026